lunes, marzo 2

Conócete a Ti Mismo V - "Sabiduría, Objeto de la Moral y Principio de la Ética"

Sabiduría, objeto de la moral y principio de la Ética


El ser humano se caracteriza por una insaciable curiosidad, por la necesidad constante de conocer. Nuestra moderna civilización ha hecho de ello un objetivo, pero lo ha confundido con la mera información, con la acumulación del dato, como si el ser humano se tratase de una especie de dispositivo electrónico capaz de acumular y acumular información. La información se ve como equivalente al conocimiento, y este se convierte en una pieza de intercambio, en un valor que se puede adquirir y vender como si de un bien material se tratase. Las Universidades, por ejemplo, se diferencian en poco de un gran almacén, allí se exponen las últimas modas del pensamiento, se regalan los conocimientos de saldo, y se pone un alto precio a las últimas tendencias, llámese masters o cursos post doctorado.

La Sabiduría, por el contrario, no puede ser objeto de venta, no puede transferirse de manera automática, a modo de inyección. La Sabiduría más bien se puede proponer, como estímulo y desafío, porque el que pretenda poseerla tiene que reflejarla, como si de un espejo se tratase, en su interior, y para ello tiene que buscar la rendija que permita el paso de la luz al interior, tiene que liberar de polvo la superficie oscura del espejo interno, y ello requiere un trabajo tan personal, que lo hace intransferible. Porque nadie puede transferir la sabiduría de "Juan", ni la de "Pepe", por otro lado algo totalmente inútil, en todo caso puede  estimular y señalar a la Sabiduría Universal, para que otros puedan así buscar y alcanzar su propia versión personal de la sabiduría.

La sabiduría aplicada es pues una práctica inspirada en un anhelo, en un deseo de completura.

Como Aristóteles apunta, todo ser vivo busca la felicidad. En el caso de los animales la felicidad es lo que satisface los instintos básicos, y estos a su vez lo que buscan es compensar las necesidades y las faltas biológicas: así el hambre, desencadenada por el instinto, busca el alimento que le falta, el sueño busca el descanso, y el exceso de holganza la acción.

Pero esa felicidad animal, es el resultado de compensar el conjunto cuaternario de los elementos básicos, lo físico, lo vital, lo emocional y lo mental (por rudimentario que este plano mental pueda ser en un animal, éste existe) aunque solo sea por unos instantes; sin embargo es incapaz de compensar las faltas y carencias del quinto elemento en el ser humano, que se siente incompleto y sediento. 

La felicidad del ser humano, es pues la felicidad de su alma. Y ésta no sólo consiste en el desarrollo y completura de su quinto elemento, sino también en el necesario equilibrio entre éste y los otros factores que componen el ser humano. O sea, que la Sabiduría es una cosa, y la Sabiduría en el hombre otra: una especie de acuerdo entre ese quinto elemento y los otros cuatros. 

¿Qué es pues la Ética y la Moral en un hombre poseedor de un quinto factor? Todo ser vivo tiene como primera meta seguir subsistiendo, en el plano que le corresponda, o sea ser uno mismo y continuar siendo. Ese principio fundamental de supervivencia, o el summun bonum, forma la base fundamental de los principios Éticos.

Se puede aducir en contra que, por ejemplo, los actos de heroísmo o el sentido del deber en general, pueden llevar a un hombre a su propia muerte. Pero hay en este caso que definir de qué hombre estamos hablando, porque el hombre que sigue la ética del hombre cuaternario solo busca garantizar,  dentro de las posibilidades a su alcance, su propia supervivencia cuaternaria, mientras que un hombre quinario obedece a su quintaesencia, pues este es el principio que sobrevive y que prima, aunque perezca en ello los otros cuatros factores constituyentes de su personalidad.

Una vida moral, corresponde a la plasmación práctica de esos principios éticos, que son los únicos que pueden garantizar la supervivencia de la quintaesencia. Una vida inmoral, llevaría al fracaso del hombre superior, y a la desaparición de cualquier oportunidad de supervivencia. Para poder llevar a cabo esos valores éticos, se necesita una moral fuerte, y esta es el resultado de los poderes manifiestos de ese quinto elemento, o sea los poderes del espíritu o virtudes.

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