lunes, febrero 16

Batir las palmas con una mano - Cosmogénesis

Batir las palmas con una mano

Las Construcciones Mentales ¿Cómo te afectan?

Este viejo koan zen, como otros similares, nos invita a romper nuestros esquemas mentales. ¿Cómo pueden sonar las palmas si falta una de las manos?

Toda nuestra construcción mental se apoya en estructuras fundamentales como el tiempo y el espacio. Pero ¿qué ocurre si esas estructuras no están presentes en nuestra mente? En un experimento realizado con algunos animales, se les privó desde el nacimiento, mediante artificios, de una parte de la visión tridimensional del mundo. Es decir, se les permitía ver únicamente líneas verticales y ninguna horizontal, o solo horizontales y ninguna vertical. Los desafortunados sujetos del experimento (alguien debería rendir cuentas por ello) no podían moverse correctamente: caían y eran incapaces de adoptar una postura estable. En los primeros momentos de la vida necesitamos “estructurar” el mundo que nos rodea; si no lo hacemos, es como despertar en un universo paralelo donde las dimensiones no existen tal como las conocemos.

Existen, por tanto, estructuras mentales que adquirimos poco después de nacer, a través de nuestras primeras experiencias. Un recién nacido no “conoce” a nadie; después reconoce a la madre. Primero está la madre y “lo otro”, el universo indiferenciado. Luego aparece otra figura, aquello que llamamos “el padre”, y progresivamente se despierta el reconocimiento del mundo externo, aunque con frecuencia morimos sin llegar a comprenderlo del todo.

Según la tradición —por ejemplo, la platónica—, más que aprender a reconocer el mundo, vamos perdiendo la conciencia de lo infinito y de lo múltiple, de donde procedemos, y la reducimos al pequeño cajón del mundo material. A lo largo de nuestra maduración lo limitamos aún más: hombre o mujer, niño o anciano, pensionista, trabajador por cuenta ajena, cristiano, musulmán, pecador, asceta, místico… y quién sabe cuántas etiquetas más. Nuestro cajón mental no se amplía; simplemente añadimos subcajones, clasificaciones y nuevas limitaciones.

Cuando alguien nos habla de cuestiones místico-filosóficas que quedan fuera de esos cajones, tendemos a rechazarlas e incluso a enfadarnos. “¿De qué me hablas? No te entiendo. Demasiado complejo. ¡Qué rollo!”

En Aquel Entonces Nada Existía

Pues bien, hoy vamos a dedicarnos precisamente a eso: a romper los cajones. Continuamos con nuestra querida Doctrina Secreta, en su parte más difícil: la Cosmogénesis, es decir, cómo comenzó todo. Las primeras estrofas o slokas intentan explicarnos algo que no cabe en nuestros esquemas. Veamos lo que dice la Sloka 4:

«Los siete caminos hacia la dicha no existían. Las grandes causas de la miseria no existían, pues no había nadie que las produjera ni que quedara atrapado en ellas».

En este mundo todos buscamos, de una u otra manera, la felicidad. Para muchos, consiste en satisfacer necesidades físicas —incluido el dinero—: hambre, sed, sueño, descanso. Pero el texto habla de una dicha distinta, más duradera y más verdadera.

Esa dicha es la cesación del dolor que nos acosa a diario. No en un sentido dramático. Para estos filósofos, el dolor no es el pinchazo de una aguja ni un golpe físico, sino una insatisfacción constante, una inquietud que no cesa, un desasosiego permanente: lo opuesto a la serenidad. Es esa fuerza que nos impulsa desde que nos levantamos a hacer algo: tomar café, ducharnos, anticipar problemas, recordar discusiones, activar nuestras manías… y tantas otras “amenidades” cotidianas que no nos dejan en paz y nos arrastran de un lado a otro durante toda la vida.

La dicha final —el no va más— sería la serenidad absoluta, la quietud, la paz: Nirvana, Moksha.

El texto se refiere a un estado previo a la existencia del mundo, antes incluso de que el tiempo hiciera “tic-tac”: silencio, oscuridad, descanso universal (pralaya). Afirma que no existían los siete caminos que conducen al Nirvana o a la Gran Serenidad.

Surgen entonces dos preguntas:

A) ¿Qué caminos son esos? ¿Dónde puedo encontrarlos? Me interesan.
B) Si no existían, ¿tampoco existía la necesidad?

«Las grandes causas de la miseria no existían, pues no había nadie que las produjera ni que quedara atrapado en ellas.»


El Misterio de las 7 Sendas de la Felicidad

En una reunión privada de H.P. B. con sus discípulos para comentar La Doctrina Secreta, se le preguntó qué eran esos siete caminos hacia la dicha o el Nirvana. Su respuesta fue enigmática:

«Son ciertas facultades de las cuales el estudiante sabrá más cuando profundice en el sentido oculto.»
(Transacciones de la Logia Blavatsky, p. 25)

Más adelante aclaró que se trataba de facultades prácticas que debían desarrollarse.

Algunos estudiosos —como David Reigle, sanscritista y especialista en textos tibetanos— concluyen que no puede saberse con certeza a qué se refiere, aunque sospechan que se relaciona con las siete jerarquías tradicionales vinculadas a la constitución septenaria del ser humano.

Para quienes no están familiarizados con estos temas, la idea es más simple de lo que parece, aunque compleja en la práctica. Según esta tradición, el ser humano posee siete aspectos o principios: cuatro “materiales” (cuerpo físico, cuerpo energético o vital, cuerpo emocional y cuerpo mental) y tres “espirituales” (mente superior o manas, cuerpo intuicional o sabiduría, y la chispa última que nos conecta con la divinidad: Atma, o Voluntad Pura).

Esta división en siete aspectos se replica en cada uno de ellos, y nuevamente en un tercer nivel: 7 × 7 × 7, es decir, los famosos 343 “fuegos” de la tradición mística hindú.

Dicho de forma sencilla: somos un conglomerado que se repite en distintos niveles de complejidad.

Y aquí viene lo interesante: el perfeccionamiento humano no consiste en una “iluminación” al estilo Hollywood, ni en una conversión dramática con caída de rodillas ante un ángel. No. Se trata, según la tradición, de un trabajo constante y gradual sobre cada una de las expresiones de nuestro septenario humano.

Si, por ejemplo, si quiero desarrollar la Sabiduría en un plano elevado, debo implementarla en primer lugar en el plano físico, mental y emocional. Si quiero despertar Atma o la Voluntad Pura, esta debe encarnarse también en cada uno de esos mismos niveles.

La Sloka 4 de la sección de Cosmogénesis de la Doctrina Secreta afirma que esas sendas no existían. Entonces surge la pregunta: si no existían los caminos de perfeccionamiento, ¿significa que en ese plano tampoco existía el karma? ¿No había posibilidad de acción, ni positiva ni negativa?

La respuesta es No. El Dharma o Ley Última, coexistente con lo Absoluto, no estaba manifestado porque el mundo aún no existía. Nadie podía romper la Ley ni seguirla; y sin acción, no hay karma. Se trata de un período previo a la existencia del mundo: antes del tiempo y del espacio concretos que conocemos, aunque sí existían la Duración Infinita y el Espacio Abstracto.

¿Cuáles son las «grandes causas de la miseria»? 

El texto se refiere a las conocidas «Nidanas»: Las 12 nidanas son las doce causaciones o “ataduras”. Constituyen la cadena de causas y efectos que conducen de una forma de existencia a otra. Se representan en la rueda del Samsara, la eterna rueda de la existencia, resultado de fuerzas ciegas impulsadas por nuestra acción errónea. Es el gran engranaje del que todos formamos parte, al que alude este texto budista:

“Inconcebible es el comienzo de este Samsara; nunca ha sido descubierto su primer origen, donde los seres, obstruidos por la ignorancia y atrapados por el anhelo, se precipitan a través de esta ronda de renacimientos.”

Estas doce causas que dan lugar al Samsara pueden resumirse en tres grandes bloques:

  • Avidya: La ignorancia como causa esencial. Con ella comenzamos, concluimos y emprendemos el ciclo de una nueva vida.

  • Phassa: El contacto o experiencia sensorial. A partir de la información recibida —filtrada por nuestros prejuicios mentales— generamos cascadas de pensamientos e imágenes asociadas que nos atrapan en circuitos mentales repetitivos.

  • Upadana: El apego, el aferramiento a deseos y sensaciones placenteras, que nos conduce al renacimiento y que completa la cadena del Samsara.

Estamos tratando de comprender un estado previo a la manifestación, cuando no existían los caminos de acceso al Nirvana ni la posibilidad del error, de la ignorancia y de sus consecuencias kármicas. Todos los seres estaban sumergidos en el Gran Mar de la Serenidad, que no es la felicidad de quien posee o tiene todo a su alcance, sino la de quien nada necesita.

El universo entero se hallaba en un estado de suspensión, donde las reglas de la existencia no eran aplicables: una condición en la que la dicha consistía en la ausencia de necesidad y de dolor, en la integración total, sin que nada faltase ni sobrara, en la inmersión absoluta en lo Absoluto.

************
Descargas:
************




  


viernes, febrero 6

ANUBIS, EL HORUS SIN OJOS, EL TERCER OJO Y LA PUERTA LUMINOSA

ANUBIS, EL HORUS SIN OJOS, EL TERCER OJO Y LA PUERTA LUMINOSA 

Anubis y el Horus sin Ojos

Existe una relación profunda y misteriosa entre Anubis y Horus Khenty-n-irty, el "Horus sin ojos". En el Museo de El Cairo, encontramos la célebre efigie de Anubis perteneciente al ajuar de Tutankhamón; si observamos con detenimiento el interior de sus orejas, percibiremos que estas no son meramente anatómicas, sino que representan alas. De ahí emana su singular morfología.

Ambas divinidades compartían un centro de culto en la ciudad de Letópolis (Sekhem), en el Delta. Cabe preguntarse: ¿qué vínculo teológico justifica tal asociación iconográfica?

Para la egiptología académica, Anubis es esencialmente la deidad funeraria que preside el embalsamamiento y custodia las necrópolis. Sin embargo, desde una perspectiva esotérica, posee una vinculación íntima con el Solsticio de Invierno, momento en que la oscuridad alcanza su apogeo.

Su misión trasciende lo ritual: es el artífice de la resurrección espiritual del iniciado. Los procesos de la "alquimia espiritual" se gestan en el silencio y la oscuridad de la cámara iniciática. Sus orejas "aladas", ornamentadas con estriaciones similares a las plumas de Maat, aluden a la naturaleza aérea y espiritual de su percepción. Estas sugieren que Anubis no solo percibe los sonidos del mundo fenoménico, sino que posee un "oído espiritual" capaz de captar las vibraciones de los planos invisibles o "la voz del silencio" en la tiniebla.

Por otro lado, Horus Khenty-n-irty (en su aspecto de Mekhenty-en-irty, "El que no tiene ojos") personifica el estado del alma que aún no ha reconquistado su visión interna. Ambos operan en la profundidad del Duat. No obstante, esta divinidad posee una polaridad complementaria: es, de hecho, el poder que restituye la vista al difunto o al candidato a la iniciación.

Desde mi perspectiva, el "Horus sin Ojos" no es un Horus ciego, como a menudo se interpreta de forma simplista, sino el Horus que no requiere de la visión orgánica porque posee la facultad de ver en la oscuridad; es decir, la clarividencia espiritual.

Ambas divinidades son restauradoras de los sentidos y desempeñan un papel protagonista durante la ceremonia de la Apertura de la Boca. A través de su mediación, se le otorga al candidato la facultad de hablar con los dioses, la capacidad de la audición trascendental y una visión profunda y espiritual. En definitiva, las tres características de la epopteia, o la capacidad de comunicarse y ver los dioses, de las que nos habla Platón.

Por tanto, la síntesis de ambas potencias en la entrada de la tumba de Tutankhamón, protegiendo el tránsito del faraón, representa la restauración integral de las facultades del alma: el entendimiento y la palabra sagrada. En una época de oscuridad como la actual, esta asociación se convierte en un símbolo poderoso que nos recuerda el papel fundamental de ayudar a despertar los sentidos internos frente a la ceguera del mundo material.

 

ANUBIS Y EL TERCER OJO

La relación entre Anubis y el Tercer Ojo es una de las interpretaciones «veladas» más intrigantes en el enfoque simbolista del Papiro de Ani. Mientras que la egiptología académica ve a Anubis primordialmente como el protector de las tumbas y los embalsamamientos, la perspectiva iniciática se centra en su papel como el «El que Abre los Caminos» de la Conciencia Espiritual.

A continuación se presenta el desglose de esa conexión simbólica tal como se menciona en el texto:

La Geometría de la Balanza

En el Capítulo 17 del Libro de los Muertos, hay una recitación específica que identifica las partes de los dioses con diferentes conceptos metafísicos. El texto afirma que las cejas de Anubis son los dos brazos de la balanza utilizada en la Psicostasia (el Pesaje del Corazón).

  • El Símbolo: Si se visualiza la balanza, el travesaño horizontal (las «cejas») es lo que permite que los dos platillos encuentren el equilibrio.

  • El Significado: Para el iniciado, la «balanza» es el estado de perfecta estabilidad mental y emocional, además del equilibrio de la conciencia con respecto a la Justicia Universal. Al hacer que las cejas de Anubis sean equivalentes a la balanza, el texto sugiere que solo cuando la mente está perfectamente «nivelada» (equilibrada) puede ocurrir la «visión».

La «Apertura del Ojo»

En la tradición esotérica, el espacio entre las cejas —la glabela— corresponde a lo que los hindúes llaman el Ajna Chakra o el Tercer Ojo, para los budistas es el Ojo de Dagma.

Cuando el texto habla de Anubis «abriendo las cejas», es un código metafórico para la activación de la visión espiritual, pero esta activación no es el resultado de una ceremonia, o una magia, o algún “truco” espiritual, sino la lógica consecuencia de la evolución consciente del espíritu humano hasta ponerse en contacto con lo puramente espiritual. Anubis, como guía del alma, es el poder que ayuda al iniciado a ver a través de la oscuridad de la Duat (el inframundo donde vivimos). Sin esta «apertura», el candidato permanece ciego a las realidades espirituales y se pierde en las sombras psicológicas del bosque de la vida.

El Equilibrio de las Polaridades

El texto menciona las dos serpientes Uraeus (análogas a los hindúes Ida y Pingala) que se encuentran en la frente. Anubis actúa como el «juez» o el «estabilizador» de estas dos fuerzas opuestas (lunar y solar, impulso y restricción).

El Tercer Ojo solo se «abre» cuando estas dos serpientes están en perfecta armonía. Por lo tanto, Anubis no solo está vigilando una balanza física; está supervisando el equilibrio energético y moral y espiritual dentro de la propia psicología y plano mental del iniciado que permite la percepción superior.

Continuidad de la Conciencia

Para el místico, el Tercer Ojo representa la Conciencia Continua: la capacidad de permanecer «despierto» incluso durante el proceso de la muerte o en la meditación profunda.

Anubis, representa la transición de la oscuridad de la noche (la inconsciencia de eta vida) a la primera luz del amanecer (el despertar espiritual). Al «abrir sus cejas», otorga al iniciado la capacidad de percibir la Luz de Ra que está oculta dentro de la materia.

Elemento

Correspondencia Anatómica/Física

Significado Esotérico/Iniciático

El Travesaño de la Balanza

Las Cejas de Anubis

El estado de equilibrio mental y neutralidad.

El Fulcro

El puente entre las cejas

El asiento del Tercer Ojo, Ojo de Dagma (Ajna Chakra).

La Apertura

Activación de la Pineal/Pituitaria, que es un proceso fundamentalmente espiritual, no es ritual ni físico, sino la consecuencia.

El cambio de la percepción materialista a la «visión» espiritual.

 


ANUBIS COMO GUARDIÁN DE LA PUERTA LUMINOSA

En la tradición del Libro de los Muertos, específicamente en relación con el Capítulo 125, la Puerta Luminosa (o «Puerta que Emana Luz») representa el umbral hacia lo celeste y la matriz sutil en la que puede renacer. Anubis desempeña un papel fundamental en este paso como Vigilante de la Puerta de Luz.

Las relaciones clave entre Anubis y este umbral simbólico son las siguientes:

  • El Guardián y el Interrogatorio: Anubis, acompañado de su séquito, es quien custodia el acceso. El candidato que desea cruzar esta puerta debe cumplir con una serie de requisitos éticos y espirituales, y tiene la obligación de responder correctamente a las preguntas planteadas por el dios.

  • El Reconocimiento del Alma: Al presentarse ante el umbral, Anubis evalúa la naturaleza del difunto. En textos como el Papiro de Ani, se describe que el dios percibe un «aroma familiar» en el alma que llega, reconociéndola como alguien que conoce los caminos y las moradas divinas, lo que facilita su aceptación. 

Dice Anubis:

La voz de un hombre ha llegado desde la Tierra Amada, de uno que conoce nuestros caminos y nuestras moradas, y yo estoy satisfecho con él, porque percibo un aroma familiar como el de uno perteneciente a nosotros.

  • La Condición de la Pureza: El paso por la Puerta Luminosa está vinculado a una transformación profunda. Para poder entrar en este «reino de los cielos» o plano superior, el iniciado debe manifestarse como un ser renovado, lo que simbólicamente se describe como el acto de «volverse un niño», tras haber purificado su alma y superado las pruebas de los tribunales secretos. Dice el candidato, Ani:

...El Señor de Mendes (Osiris) me ha concedido que pueda venir como un Ave Bennu (Fénix), para que pueda hablar. He surgido de las aguas del río, y tras hacer una ofrenda de incienso, he seguido mi camino por las acacias del Nilo para volverme un niño1

  • Tránsito hacia la Inmortalidad: Cruzar esta puerta bajo la guía de Anubis permite al alma manifestarse como el Ave Fénix (Bennu), el símbolo del alma inmortal que surge de las aguas del mundo para alcanzar la luz de los grandes dioses.

Anubis actúa así no sólo como un protector de tumbas, sino como el estabilizador y juez que asegura que solo aquellos que han alcanzado el equilibrio mental y espiritual y la rectitud en la palabra y juicio puedan atravesar la Puerta Luminosa.

Conclusión

Anubis es una divinidad poderosa, oscura, cruce entre en lado exotérico y el esotérico, hijo de Osiris y de Nephtys, es decir situado en el medio de todas las transiciones. Visto desde nuestra perspectiva es fundamentalmente un Maestro y un Guía, en estos tiempos oscuros, y en la oscuridad de la muerte.

-

Nota 1: En el Libro de los Muertos Egipcio, se equipara viajar siguiendo las aguas del Nilo, hacia la desembocadura en el mar al norte; es el viaje post mortem del alma, hacia el océano de la vida. Mientras que viajar hacia el Sur, hacia los lugares sagrados, como Abydos, se equipara a viajar como un Ave Fénix, es decir, como alma consciente que supera la muerte. Tiene relación así mismo con la imagen del río Nilo como espejo de la Vía Láctea. 

Descargar artículo como PDF

ANUBIS, EL HORUS SIN OJOS, EL TERCER OJO Y LA PUERTA LUMINOSA (video)