jueves, enero 29

Más allá del Vacío, Primera Estancia de la Doctrina Secreta

Serie La Doctrina Secreta

Más allá del Vacío del Espacio

La Primera Estancia de La Doctrina Secreta

La curiosidad humana, en su incesante peregrinaje por los confines del pensamiento, suele naufragar ante el enigma de la pre-génesis del universo. ¿Qué latía en el abismo antes de la eclosión del tiempo o de la expansión de la materia? No podemos concebir nada que no esté sujeto al espacio y al tiempo.

Para la mente racionalista, este vacío resulta paralizante: se halla desarmada ante la ausencia de datos y contrastes, pues necesita constantemente del yin y el yang, del arriba y el abajo, de la luz y la oscuridad, para sostener su carrera analítica, excluyente y dualista.

Sin embargo, lo que la Primera Estancia de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, nos presenta —aunque pueda parecer chocante— es un “mapa de lo inmanifestado”. Pero ¿es eso posible? El materialismo y su instrumento racionalista colocaron en el frontispicio del siglo XIX una advertencia tajante: Non Plus Ultra. No obstante, hacia finales de ese mismo siglo, como respuesta a las barreras impuestas por la ciencia y los dogmas de las iglesias, emergió un grito de rebeldía y, al mismo tiempo, de esperanza. Anunciaba la posibilidad de otra religión, de otra ciencia y de una comprensión distinta del universo —ese gran misterio— y también de ese otro misterio más cercano: el interior del ser humano.

Este mapa de lo inmanifestado comienza rompiendo las barreras del pensamiento. Está concebido para mentes hambrientas de profundidad, pero de una profundidad fértil, capaz de despertar y desafiar el letargo del materialismo.

¿Acaso la pre-génesis del mundo no es la misma que la pre-génesis de nosotros mismos? Cada ser humano, aún no manifestado, reposa en el interior de su madre, sumido en un sueño sin imágenes, en una oscuridad que, paradójicamente, es la luz que gesta al nuevo ser. “Como es arriba es abajo”, reza el antiguo axioma hermético; del mismo modo, en el silencio de lo que aún no era, residían las semillas de todo lo que habría de ser.

Esta obra nos invita a contemplar el reposo cósmico como una plenitud vibrante. A través de sus versos, descorremos el velo de una realidad que trasciende la percepción sensorial y nos sitúa en el umbral donde el No-Ser se revela como la raíz prístina de todo cuanto existe.

En ese silencio, previo a toda manifestación, la primera frase de la Estancia I dice:

«El Eterno Padre-Madre (el Espacio), envuelto en sus Siempre Invisibles vestiduras, había dormitado una vez más durante siete eternidades».

En el texto original en inglés, en lugar de “Padre-Madre” se utiliza la palabra Parent, de carácter neutro y sin indicación de género. Sin embargo, más adelante, en la misma frase, se afirma que “ella” (she) estaba envuelta en sus invisibles vestiduras.

La traducción más fiel sería, por tanto:

«La Eterna Madre (el Espacio), envuelta en sus Siempre Invisibles vestiduras, había dormitado una vez más durante siete eternidades».

Preguntada al respecto, Blavatsky explicó en sus clases privadas —en las que comentaba La Doctrina Secreta con un grupo avanzado de estudiantes— que lo “femenino” estaba implícito en el primer aspecto aprehensible de aquello que podemos concebir y que dio nacimiento al universo.

Dice el Catecismo Esotérico:

«¿Qué es lo que fue, es y será, ya haya Universo o no, ya existan dioses o no existan?» —pregunta el Catecismo esotérico Senzar—.
Y la respuesta es: «El ESPACIO».

El Espacio es aquello de lo que no podemos prescindir en ningún concepto y, al mismo tiempo, aquello que resulta inaprensible para nuestros sentidos y nuestra inteligencia. Podemos intentar visualizarlo mentalmente, y siempre imaginaremos algo más o menos extenso, pero nunca lograremos liberarnos del trasfondo, del background. Siempre será un concepto inalcanzable: solo lo podemos intuir, pues es impenetrable para la mente humana.

Más allá, en el “exterior” de sus “Siempre Invisibles vestiduras”, surge una primera manifestación, una raíz primigenia de conciencia. La Primera Estancia sugiere que el origen de la manifestación es una conciencia latente, una chispa de inteligencia que anima incluso a la unidad más infinitesimal del cosmos.

Pero, no nos adelantemos. 

Antes de que el Espacio se manifieste externamente en toda su potencialidad, el texto afirma que había dormitado “durante Siete Eternidades”. Retomemos el ejemplo del feto en el interior de su madre. ¿Existe el tiempo para ese ser? Sí, desde nuestro punto de vista; no desde el suyo —si es que puede hablarse de tal perspectiva—, pues el feto no es consciente del tiempo ni lo percibe. Vive en un estado de “eternidad”, es decir, de una duración indefinida, desde su propia vivencia.

Sin embargo, incluso en ese estado, sabemos que el feto atraviesa una serie de etapas en su desarrollo de las que no es consciente. Algo semejante ocurre en estos momentos pregenéticos del universo: la Eterna Madre, oculta en sus invisibles vestiduras, había dormitado durante Siete Eternidades, siete etapas que no son mensurables por nuestra conciencia porque se hallan fuera del Tiempo.

Dice la estrofa siguiente:

«El Tiempo no existía, pues yacía dormido en el Seno Infinito de la Duración».

El tiempo solo aparecerá cuando surja un universo manifiesto, regido por las leyes del tiempo y del espacio. Pero ya no se trata de aquel Espacio absoluto, sino del espacio fértil: el ámbito donde las cosas nacen, crecen, mueren y se suceden. No hay Tiempo manifiesto, sino su origen: la Duración.

Conclusión preliminar: El Silencio que interroga

Las revelaciones de la Primera Estrofa nos exigen un giro radical: dejar de buscar el origen exclusivamente en lo exterior y sumergirnos en la profundidad del ser interior. El universo manifestado no es sino el rastro de un sueño que la conciencia universal experimenta de manera periódica.

Si el cosmos entero es una cadena de conciencia inteligente que emerge de un reposo sagrado, nuestra existencia cotidiana no puede seguir siendo interpretada como un simple accidente biológico. Somos fragmentos de ese gran fuego que se apaga y se enciende en ciclos de eternidad.

Y si el universo entero es una cadena de conciencia inteligente en reposo, cabe preguntarse:
¿qué parte de ese silencio eterno estás ignorando hoy en tu propia vida?

No hay religión más elevada que la verdad.

Continuará

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Si deseas aprender más de este tema, sigue los enlaces más abajo:

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Este mismo artículo en PDF

Silencio, Origen y Duración (powerpoint explicativo)

Más allá del Vacío (podcast profundo sobre Cosmogénesis esotérica)



jueves, enero 22

El Código Estelar de Egipto

 

El Código Estelar de Egipto: 5 Revelaciones que Cambiarán Tu Forma de Ver las Pirámides

Cuando pensamos en el Antiguo Egipto, nuestra mente se llena de imágenes de faraones dorados, tesoros deslumbrantes y misterios ocultos en tumbas selladas. Pero esta visión, aunque fascinante, apenas roza la superficie de una civilización infinitamente más profunda. Los egipcios no solo observaban las estrellas; vivían dentro de un mapa estelar a escala terrestre. Su arquitectura, su geografía sagrada y su mitología no eran más que un reflejo directo del cosmos, una sinfonía donde el cielo y la tierra danzaban en perfecta armonía. Prepárate para descubrir un código estelar que, una vez descifrado, transformará para siempre tu percepción de las pirámides y sus constructores.

Revelación 1: Ra y Osiris no son Enemigos, sino las Dos Caras del Alma

Durante mucho tiempo, egiptólogos como Samuel A.B. Mercer postularon la existencia de dos sistemas teológicos opuestos: el de Ra, el dios solar, y el de Osiris, el señor del inframundo. Sin embargo, esta visión dualista ignora la profunda unidad simbólica que los conectaba. Para los egipcios, el Sol (Ra) era la esencia espiritual divina presente en el corazón de cada ser humano. El viaje nocturno del sol a través de la Duat, ese "inframundo" oscuro, era una metáfora del viaje del alma a través de las pruebas de la vida.

Ra surge de Osiris, a la izquierda, en el centro el pilar  Djed,
simbolo de Osiris, y a la derecha Osiris.

El objetivo del discípulo iniciado era "convertirse en un Osiris", un proceso de "osirificación" que consistía en extraer esa esencia solar interior para escapar de la ignorancia como el sol escapa de la noche. Eran las dos fases de un mismo proceso, como los gemelos de la mitología griega, Cástor y Pólux, uno mortal y el otro inmortal. Como afirman los textos sagrados:

Osiris y Ra son "las almas gemelas que habitan en los dos polluelos".

Osiris y Ra

Pero aquí reside una clave aún más profunda: convertirse en un Osiris, un dios solar, no era el objetivo final. Esto representaba una inmortalidad cíclica, condicionada por el día y la noche. La verdadera meta era ascender por el "Camino de las Estrellas" y transformarse en una "estrella imperecedera", una de las estrellas circumpolares que nunca se ocultan en el horizonte. Esa era la inmortalidad definitiva.

Revelación 2: Seth no es un Villano, sino el Guardián de los Misterios (y un Mapa Estelar)

La figura de Seth ha sido demonizada como el simple asesino de su hermano Osiris. Sin embargo, en la teología original, Seth era el "contrapunto necesario", la personificación de los obstáculos iniciáticos que forjan al aspirante. Su papel era tan fundamental que en el Libro de los Muertos se le hace equivalente a la "columna vertebral de Osiris", simbolizando que él es el eje de las pruebas que conducen a la sabiduría.

Esta demonización de un guardián de los misterios no es un fenómeno aislado en la historia de las religiones. Lo vemos en los llamados Asuras de la India, seres puros que con el tiempo fueron convertidos en demonios, o incluso en la misma figura de Lucifer, "el portador de la luz", que pasó de ser un símbolo de iluminación a la encarnación del mal en manos de los teólogos forjadores de una nueva religión, que no podría sobrevivir a menos de obliterarse la memoria del pasado.

El mayor secreto de Seth se oculta a plena vista: en su extraña forma animal. No es una criatura terrestre. Su perfil es una estilización de la Constelación del Dragón (Draco), y sus características "orejas cuadradas" son las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor. Este mapa estelar se repite en la azuela de hierro meteórico, la netdjerit, usada en la ceremonia de "Apertura de la Boca". La conexión es innegable, pues otro nombre para esta herramienta era meshtjw, el mismo nombre que se le daba a la constelación de la Osa Mayor, "El Muslo". El rito funerario era, en realidad, un acto de navegación estelar simbólica para orientar el alma hacia su destino inmortal, semejante a las estrellas del polo norte celeste, las Estrellas Imperecederas..

Revelación 3: La Geografía de Egipto es un Espejo del Cielo

Los egipcios practicaban una "Geografía Sagrada" donde el paisaje era un reflejo vivo del orden celestial. El río Nilo era la manifestación terrenal del gran "Nilo Celeste": la Vía Láctea. Esta correspondencia era asombrosamente precisa. El egiptólogo Georges Daressy cartografió la conexión entre los nomos (provincias) y las constelaciones. Por ejemplo, el nomo de Tentyris (Denderah) correspondía a Tauro y estaba bajo la influencia de Venus.

El origen mítico del río ancla esta idea en la tierra. Se creía que el Nilo nacía en una cueva en la isla de Bigeh, un lugar tan sagrado que fue llamado "Abaton" ("la inaccesible") y contenía 365 altares, uno para cada día del año. Este punto geográfico era considerado la imagen terrestre de la constelación de la Osa Mayor, conocida como "El Muslo". Esto revela una síntesis brillante: Osiris es conocido como el "dios monopodio" o de una sola pierna, precisamente porque su cuerpo momificado es un reflejo de esta constelación de el Muslo. El dios, el río y la tierra de Egipto "son uno", unificados en un gran mapa cósmico.

Revelación 4: La Gran Pirámide es una Máquina de Ascensión Estelar

Ya sea una tumba o un templo iniciático, el propósito de la Gran Pirámide es ser un lugar de PASO Y TRANSFORMACIÓN ceremonial. Su secreto mejor guardado reside en sus "conductos", que no eran de ventilación, sino punteros cósmicos.

  • Los conductos del Sur apuntaban a Orión (Osiris) y Sirio (Isis), el origen divino del alma.

  • Los conductos del Norte apuntaban a Thuban (Alpha-Draconis) y la Osa Menor, el destino final: las "estrellas imperecederas".


  • Para entender este mapa celeste, hay que fijarse en el Caminante que aparece en el Zodiaco de Denderah, comienza como Osiris (Orión) y termina al final de un circuito espiral en el Polo Norte, donde se sitúa la Osa Mayor y Menor y Thuban.

Pero la arquitectura misma encierra una revelación aún más asombrosa. Los dos conductos del sur, que parten hacia arriba, desde la Cámara del Rey y la Cámara de la Reina, forman un triángulo con la base en lo alto. Los dos conductos del norte, que parten desde las mismas cámaras, forman también un triángulo con la base en lo alto. Juntos, estos dos triángulos crean una estrella de seis puntas, un símbolo universal de la unión del cielo y la tierra. La pirámide es, geométricamente, una matriz cósmica, en cuyo interior se gesta el nuevo nacimiento del iniciado.

Este viaje se confirma en los rituales. La ofrenda del "muslo" que se hacía al muerto osirificado, como puede verse en diversas representaciones, no era un trozo de carne, sino el mismo símbolo de la constelación de la Osa Mayor. Las inscripciones lo dejan claro, asociando directamente la ofrenda con la frase: “aquí te traigo el Ojo de Ra”. Entregar "el muslo" era otorgar la visión espiritual para convertirse en un Osiris inmortal y unirse a las estrellas que nunca mueren.

Revelación 5: Nuestro Sol Podría Tener una Pareja de Baile: El Misterio de Sirio

La ciencia moderna explica la precesión de los equinoccios como un "bamboleo" del eje terrestre. Sin embargo, la "teoría binaria" propone algo mucho más asombroso. Para entenderla, imaginemos que estamos en una oficina y vemos moverse los edificios de enfrente. La teoría clásica diría que nos estamos inclinando en nuestra silla. La teoría binaria propone que no somos nosotros, sino todo el edificio —la oficina entera— la que se está moviendo.

Aplicado al cosmos, esto sugiere que no es la Tierra la que se bambolea sola, sino todo nuestro Sistema Solar el que se mueve en una vasta órbita, haciendo de centro de ese movimiento a una estrella muy importante en la mitología egipcia: Sirio. ¿Por qué? No solo tiene una masa total al menos tres veces superior a la de nuestro Sol, sino que, a diferencia de otros sistemas cercanos, está situada "'corriente arriba' en el mismo brazo espiral de la galaxia", permitiéndole ejercer una influencia directa sobre nosotros.

Esta hipótesis de vanguardia daría una base física a la inmensa importancia que los egipcios otorgaban a Sirio, a quien consideraban una especie de "Sol Central", tal como se la representa en el corazón del famoso Calendario de Denderah bajo la forma de un chacal sobre un arado, el primero símbolo de Sirio, y el arado equivale a la palabra cúspide, eje, o centro.. La sabiduría ancestral podría estar describiendo una realidad astronómica que apenas comenzamos a comprender.

El Universo en un Grano de Arena

Para los antiguos egipcios, no existía una barrera entre el cielo y la tierra, entre el mito y la geografía, o entre el alma y las estrellas. Todo formaba parte de un sistema integrado de correspondencias, un código cósmico grabado en la piedra, la tierra y el espíritu. Cada templo era un observatorio, cada ritual un acto de navegación estelar y cada ser humano un universo en miniatura con el potencial de brillar como una estrella inmortal.

Si los egipcios codificaron un conocimiento tan profundo en sus monumentos y su paisaje, ¿qué otros secretos sobre el cosmos y nuestra propia alma esperan ser redescubiertos bajo las arenas del tiempo?

Si quieres ahondar con más detalle en estas ideas, te presento los enlaces a los temas particulares de este tema:

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martes, enero 20

Verdades Incómodas sobre la Reencarnación que desafían tu ego

 

Verdades Incómodas sobre la Reencarnación que desafían tu ego

La sola mención de la reencarnación suele despertar una mezcla de fascinación y fantasía. Casi todos los que exploran sus vidas pasadas parecen haber sido grandes reyes, sacerdotisas egipcias o guerreros legendarios. Sin embargo, surge una pregunta estadística inevitable: ¿dónde están los millones de campesinos, porqueros y siervos que conformaron el grueso de la historia? La idea de la reencarnación, a menudo manipulada por la vanidad personal, se ha convertido en una "narcosis" —como diría Hermann Hesse—, un sedante para evadir la mediocridad del presente en lugar de ser un camino de comprensión profunda.

Para el buscador de la Sabiduría Perenne, la reencarnación no es un consuelo para el ego, sino un enigma metafísico que exige cuestionar quiénes somos realmente. Lo que llamamos "yo" es, con frecuencia, una sombra proyectada, un rayo de sol reflejado en un espejo que confundimos con la fuente de luz.

La trampa de la vanidad: El "like" espiritual

El concepto de reencarnación se utiliza hoy para alimentar el ego y justificar las insatisfacciones del presente. Buscamos en el pasado una importancia que sentimos que nos falta hoy, proyectándonos como figuras resplandecientes para compensar nuestra actual pequeñez. Esta "vanidad infinita" choca con la realidad histórica: simplemente no hubo tantas Cleopatras ni Napoleones para satisfacer la demanda de los millones de personas que hoy reclaman sus tronos.

Incluso la pregunta "¿cree usted en la reencarnación?" se ha convertido en un marcador de identidad social, un simple "like" o "dislike" para clasificarnos en grupos aceptables. Pero la verdad es más cruda: identificarse con personajes ilustres es una distracción del trabajo espiritual genuino. Como bien señala la reflexión crítica:

"Nadie recuerda ser la encarnación de un pobre mendigo, casi todos recuerdan haber sido grandes reyes, princesas, o sabios sacerdotes, lo cual suele ser más bien signo de vanidad infinita".

El "yo" es un cuadrado sin centro real (La ilusión del cuaternario)

Para la Sabiduría Inmemorial, la personalidad humana no es una entidad fija, sino un "cuaternario" compuesto por cuatro elementos interdependientes y transitorios:

  • Lo físico: El cuerpo denso y sus órganos.
  • Lo energético: Los sistemas sutiles que distribuyen la vitalidad.
  • Lo emocional: Los movimientos de atracción y repulsa (kama).
  • Lo mental: El entramado de ideas y pensamientos.

Este "yo" es dependiente: si sufres un accidente o una enfermedad, tu centro de gravedad se desplaza, tus emociones cambian y tu mente se adapta. Eres "otra persona". Esta personalidad es un teatro de marionetas de lleno de opiniones. Sin embargo, este cuadrado solo adquiere estabilidad si se convierte en la base de una pirámide anclada a algo superior: el Espíritu. Sin ese anclaje a lo que pertenece a un plano superior, el "yo" personal, es meramente una sombra que se disuelve al morir el cuerpo. Proyectar este "yo" condicionado hacia el futuro es una falsedad, pues el ser que seremos estará configurado por fuerzas que hoy ni siquiera sospechamos.

Los seis reinos: La reencarnación como estado psicológico

A menudo imaginamos los "reinos de renacimiento" budistas como lugares físicos, pero su interpretación esotérica es mucho más inquietante: son también los estados psicológicos en los que reencarnaremos según nuestros actos, así podemos nacer en el reino del:

  • Mundo Animal: Cuando vivimos guiados exclusivamente por el instinto y la búsqueda del placer sensual.
  • Mundo de los Seres Infernales: Cuando estamos atrapados en el sufrimiento de ideas fijas y recuerdos que nos torturan.
  • Mundo de los Fantasmas Hambrientos: El estado de deseo insaciable, carencia y frustración perpetua.
  • Mundo de los Semidioses: Los poderosos esclavos de su propia ambición y ego.
  • Mundo de los dioses: Aquellos que viven en la "narcosis" del descanso y la gloria, olvidando la urgencia de la liberación.
  • Mundo Humano: El único estado de equilibrio entre lágrimas y risas donde es posible alcanzar la verdadera libertad.

Y también, análogamente, cada día renacemos en cada uno de estos mundos cuando permitimos que una emoción o un deseo infernal nos domine, o por el contrario cuando aceptamos nuestra realidad humana, para desde ahí empezar a mejorar.

La distinción técnica: Encarnación, Reencarnación y Renacimiento

Para evitar el "papanatismo" o credulidad, debemos ser precisos con los términos. No todo lo que vuelve es lo mismo:

  • Encarnación: Es la manifestación de "algo" en un cuerpo humano.
  • Reencarnación: Cuando ese "algo" que entra procede específicamente de una vida anterior.
  • Renacimiento: Es la mutación de un ser en algo diferente, pero manteniendo una continuidad de conciencia, aunque no necesariamente con la misma estructura de identidad.

Para el Buddhismo (la religión formal), estas reencarnaciones corresponden a lo que se llama el Samsara o el "errar perpetuo", un ciclo de vejez y muerte que debe ser extinguido. Pero para el Budhism (con una sola 'd', la Doctrina Inmemorial de la Sabiduría o Bodhi), este peregrinar es el método por el cual la Vida Una destila experiencia a través de sus infinitas manifestaciones.

El secreto del Tíbet: Rantong frente a Shentong

Existe un conflicto filosófico que fue silenciado por siglos por razones políticas. El budismo predominante hoy (escuela Gelugpa) enseña el Rantong o sea el "Vacío del ser". Esta doctrina afirma que detrás de los fenómenos no hay nada; es, en esencia, un materialismo científico con túnica, que ve el Nirvana como una aniquilación total.

Frente a esto surge el Shentong (Otro Vacío), preservado por la escuela Jonang. Esta visión sostiene que, si bien el mundo de las apariencias es vacío, existe no obstante una Realidad Absoluta e inmutable: la Naturaleza del Buda, esta esencia está presente en todos los seres humanos, es una semilla del Buda, nuestra naturaleza eterna. Y este es el "escape" del mundo de lo creado. Como dicen los antiguos sutras:

"Hay un Nonato, Sin Origen, Increado e Informe. Si no hubiese este Nonato... escapar del mundo de lo nacido, de lo originado, de lo creado, de lo formado, hubiera sido imposible".

Esta es la "Joya en el Loto" (Om Mani Padme Hum): la semilla de inmortalidad que sobrevive al naufragio de la personalidad.

El motor interno: De maestros y espejismos

Una de las grandes trampas es el sometimiento ciego a "gurús" que prometen el Nirvana en cursos rápidos, como quien vende un método de "inglés en siete días". Este servilismo frena la evolución. El ser humano debe encontrar su Motor Interno, la capacidad de levantarse tras cada caída por esfuerzo propio.

El verdadero avance no se logra "mirando hacia arriba" para ganar méritos ante una cierta jerarquía, sino mirando "hacia abajo y hacia los lados", sirviendo a los hermanos más desfavorecidos. Lo de arriba se abre solo cuando nos ocupamos de lo de abajo. Lo que sobrevive no es el nombre ni el cargo, sino el destilado puro de la experiencia, un aroma indefinible que queda cuando el vacío material se lleva todo lo demás.

Conclusión: Del "Yo" al "Nosotros"

Nuestra personalidad actual es una representación teatral destinada a perecer. Yo, que tengo un nombre y unos títulos, dejaré de existir. Pero el misterio que me impulsa, lo que me levanta tras cada fracaso y me lleva a servir a los demás, es eterno.

Al final del acto, la pregunta no es si fuiste Cleopatra, sino si has logrado despertar a lo que Hermann Hesse llamaba "el gran secreto". La liberación no es una conquista para el "yo" (que es ilusorio), sino el reconocimiento de una realidad superior. En la cumbre de la montaña espiritual, descubrimos la verdad final que disuelve toda vanidad: No hay "yo"... hay "Nosotros". Solo aquello que hoy construyas para alumbrar a otro ser humano será lo que realmente valga la pena que regrese en el próximo acto de la vida.

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Presentación ampliada e ilustrativa, en PDF:

Reencarnación, Vacío y Servicio

Esquema infográfico de las principales ideas, en el gráfico a continuación:





domingo, enero 18

Tu existencia es una proeza estadística: La filosofía del éxito invisible

 


Tu existencia es una proeza estadística: La filosofía del éxito invisible

A menudo nos sentimos abrumados por el peso asfixiante de los problemas cotidianos. Vivimos inmersos en una red de preocupaciones que parecen insuperables, donde cada error se percibe como una mancha definitiva y cada duda como una barrera infranqueable. Esta sensación de estancamiento nace de una visión limitada, una perspectiva que nos encierra en el pequeño teatro de nuestras crisis actuales.

Frente a esta angustia, el Sutra del Loto no se presenta como un manual de reglas rígidas ni un dogma para memorizar. En cambio, actúa como un "hilo dorado" que invita a la imaginación a elevarse por encima de lo inmediato. Es una invitación poética a situarnos en una frecuencia superior, permitiéndonos observar nuestra existencia desde mundos que trascienden el agobio de nuestras fatigas presentes.

Reconocer el espejismo material

La primera gran lección de esta sabiduría es aprender a distanciarse de lo tangible. Sin embargo, esta partida no debe entenderse como una huida cobarde, sino como un ejercicio de profunda lucidez filosófica. Se trata de reconocer que mucho de lo que nos asfixia es, en esencia, un espejismo material. Al comprender que nuestras preocupaciones son a menudo irreales y que el deseo constante por esta existencia nos encadena al "sueño de muerte", empezamos a liberar nuestra carga.

"Uno debe partir de este mundo, no como una evasión, sino como un reconocimiento del espejismo material que nos rodea, de las preocupaciones irreales que nos acechan..."

El arte de los Medios Hábiles (Upaya)

El Sutra nos revela que quien habla no es simplemente el personaje histórico de Gautama Sakyamuni, sino la Sabiduría Eterna. Es la misma voz que ha resonado en la boca de inconmensurables sabios a lo largo de los siglos. Esta sabiduría utiliza lo que se denomina "Medios Hábiles" (Upaya): la capacidad de adaptar la verdad a la etapa específica de cada individuo. Como un guía que toma de la mano al caminante, la enseñanza se ajusta a cada "durmiente": niños, adultos, rebeldes o seguidores pacíficos.

Esta progresión se simboliza mediante la metáfora del Loto. Nuestra alma es como esta flor, que se abre gradualmente para permitir que la luz penetre en su interior sin obstáculos. En este largo viaje evolutivo, todos hemos desempeñado diversos roles: hemos sido musulmanes, cristianos, paganos, ritualistas, artistas o escépticos. Cada fase ha sido un pétalo necesario para que nuestra comprensión comience a expandirse ante la luz de la verdad.

La necesidad de los "lugares de descanso"

La "Gran Sabiduría" puede resultar intimidante, incluso aterradora, para quienes aún no están listos para su brillo total. Por ello, la Sabiduría Eterna ha dispuesto estaciones intermedias para aliviar nuestro cansancio. Estos objetivos no son el final del camino, sino "refrescos" necesarios para soltar la pesada carga de una conciencia que a veces se enreda en sus propios pies.

Según el texto, estos lugares de descanso existen porque los seres temen la inmensidad de la Verdad Absoluta, y se manifiestan como:

  • El Nirvana: Un estado de liberación y paz frente al dolor.
  • El Paraíso: Un objetivo inmediato que brinda consuelo y esperanza.
  • El Reposo: El alivio sencillo y vital tras un día agotador.

La matemática del éxito: Has vencido millones de veces

Es común que el pasado regrese para acusarnos por nuestros fallos. Sin embargo, la filosofía del Sutra del Loto desafía esta noción de fracaso mediante una lógica aplastante. Aunque hayamos caído cientos o miles de veces, existe una estadística mucho más poderosa: el hecho de estar aquí, respirando como seres humanos, es la prueba de miles de millones de victorias previas.

Un punto crucial para nuestra salud mental es comprender que la vida de un ser humano no se juzga por su último acto. Nadie puede ser condenado por un momento de desconfianza o un error puntual. Somos una vasta tapicería de experiencias; somos gladiadores incansables que han triunfado sobre la inexistencia y la debilidad para formar parte de la humanidad. Debemos aprender a borrar de la memoria aquello que ya no aporta nada y conservar solo la esencia del aprendizaje.

"Ciertamente has errado, pero millones de veces más has conquistado, pues si no fuera así, no formarías parte de esta gran fraternidad humana."

Una fraternidad sin etiquetas

Más allá de las divisiones que solemos crear —ya sean escuelas como el Mahayana o el Hinayana, o etiquetas como creyentes o no creyentes—, la realidad es mucho más simple. Solo existen Seres en el camino, trazado por los medios hábiles de una sabiduría que nos trasciende.

Al final, todos somos caminantes en una ruta de gloria que atraviesa el dolor y la muerte. Si hoy te sientes derrotado por las circunstancias, detente un momento y reflexiona: ¿Qué pesaría más en tu balanza personal si pudieras ver todas las victorias invisibles y los millones de éxitos que te han permitido llegar hasta aquí?

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Aquí abajo tienes un mapa de las principales ideas, pulsa para ampliar su contenido:






miércoles, enero 14

¿Qué tienen que ver el Big Bang, el Himno de la Creación Védico, y la Cosmogénesis de Blavatsky?

¿Qué tienen que ver el Big Bang, el Himno de la Creación Védico, y la Cosmogénesis de Blavatsky? 

Antes de Lanzarnos al Abismo Insondable de las Aguas…

Desde mi punto de vista, la enseñanza de La Doctrina Secreta necesita, ante todo, tranquilidad y sosiego: leer pequeños fragmentos significativos, comentarlos, expresar las propias dudas y encontrar intuitivamente las respuestas o las soluciones a los enigmas que plantea.

Porque no hay que olvidar que no es difícil el texto en sí; más bien sucede que nuestra mente es limitada, y necesita ejercitarse, crecer y expandirse. No se trata de acumular datos, sino de ampliar su capacidad para “ver”. Como decían los antiguos, el ser humano nace con ciertas limitaciones: físicas, sensoriales, mentales e intuitivas. Necesitamos tiempo, pero no en el sentido habitual de “asimilar”, es decir, de digerir más conocimientos o más datos, sino porque, a través de este ejercicio, lo importante es poner en marcha aspectos de nuestra mente y de nuestra intuición que permanecen dormidos.

Posiblemente, conocemos a alguien alrededor que aun poseyendo varios títulos universitarios es absolutamente ciego ante la realidad de la vida. Por el contrario, a veces encontramos personas que careciendo de cualquier estudio avanzado; sin embargo, poseen una cierta sabiduría y penetración. Esto es lo que los antiguos hindúes llamaban “Vidya”, que es la comprensión correcta del conocimiento. Su contraria era Avidya, que a veces se suele traducir por ignorancia, que es la ignorancia del que, aun teniendo el conocimiento al alcance de su mente, no puede verlo, no puede integrarlo. Emprender este estudio es practicar Vidya, es abrir el Ojo Interno a otras percepciones.

Pensad una sola cosa: el día que nos llegue la muerte, cuando volvamos al ciclo de la vida terrestre, lo habremos olvidado todo: los datos, el lenguaje que utilizamos, nuestros títulos, etc. Habremos olvidado también los libros sagrados, las grandes filosofías e incluso las religiones. Entonces, ¿qué queda de todos nuestros esfuerzos y aprendizajes? ¿Qué permanece más allá de la muerte?: Nuestra Esencia, nuestras capacidades —si es que las hemos desarrollado—, nuestra habilidad mental y, sobre todo, nuestra Intuición, que nos servirá para abrir puertas que están más allá de este mundo. Y esto es lo verdaderamente importante: no la acumulación de datos. Porque esta acumulación, estos razonamientos y este esfuerzo mental e intuitivo, cuando estudiamos los conceptos propuestos por la Doctrina Secreta, no tienen como objetivo acrecentar nuestra capacidad de “almacenamiento”, ni tampoco el adoptar una creencia, sino transmutar nuestra mente y dar nacimiento a nuestra intuición trascendental.

Así que, gimnasta del espíritu, trata de dedicar algo de tiempo a la salud de tu mente y de tu intuición, alimentándolas con contenidos elevados y sanos que, poco a poco, den como resultado el despertar de nuestro verdadero Espíritu, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.

Y ahora, sin más, empecemos por un texto muy antiguo, quizás el más antiguo en lengua indoeuropea, y que se conserva prácticamente inalterado, es un auténtico monumento vivo. Nos habla de un momento anterior a la creación, anterior al Big Bang, anterior a la existencia del mundo:

Himno de la Creación (Nasadiya Sukta)

No existía algo, ni la nada existía;
El resplandeciente cielo no existía;
Ni la inmensa bóveda celeste se extendía en lo alto.
¿Qué cubría todo? ¿Qué lo cobijaba? ¿Qué lo ocultaba?
¿Era el abismo insondable de las aguas?
No existía la muerte; pero nada había inmortal.
No existían límites entre el día y la noche
Solo el Uno respiraba inanimado y por Sí,
Pues ningún otro que Él jamás ha habido.
Reinaban las tinieblas, y todo el principio estaba velado
En obscuridad profunda; un océano sin luz;
El germen hasta entonces oculto en la envoltura
Hace brotar una naturaleza del férvido calor.
¿Quién conoce el secreto? ¿Quién lo ha revelado?
¿De dónde, de dónde ha surgido esta multiforme creación?
Los Dioses mismos vinieron más tarde a la existencia.
¿Quién sabe de dónde vino esta gran creación?
Aquello de donde toda esta creación inmensa ha procedido,
ya que su voluntad haya creado, o ya fuese muda,
El más Elevado Vidente, en los más altos cielos,
Lo conoce, o quizás tampoco, ni aun Él lo sepa.
Contemplando la eternidad …
(Rig Veda Libro 10, Himno 129)