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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

viernes, octubre 30

El Tarot Egipcio: la Entrada al Circulo Zodiacal-Iniciático

 


El Tarot Egipcio: la Entrada al Circulo Zodiacal-Iniciático

¿Y si los arcanos del Tarot egipcio ocultaran un itinerario iniciático relacionado con el antiguo zodiaco? Al estudiar sus símbolos, descubrimos dos caminos posibles, dos entradas y una elección fundamental: seguir el curso de la vida ordinaria o atravesar el umbral de los misterios. La Luna, los dos Anubis, las pirámides, la Cruz de la Vida y las aguas de Acuario nos ofrecen las primeras claves para comprender este recorrido.

En el artículo anterior relacionamos los arcanos del Tarot con las letras hebreas y observamos que, al recorrerlos en orden inverso, encontramos una correspondencia con la secuencia que proponemos identificar en las capillas osirianas del templo de Denderah, vinculadas a los misterios iniciáticos y al zodiaco egipcio.

Si prestamos atención ahora a los signos zodiacales que aparecen en las cartas, generalmente en la parte superior de cada ilustración, veremos que siguen ese mismo orden, aunque con una excepción muy importante: el signo de Escorpio, que comentaremos en otro artículo.



En su conjunto, los cuatro primeros arcanos tienen una función preparatoria. Simbólicamente, preparan al caminante o candidato antes de su entrada en los doce signos del camino iniciático.

Del mismo modo, al final del circuito astrológico, después del último signo, Aries, aparecen otros cuatro arcanos que completan la secuencia.

Comencemos por estudiar los cuatro primeros arcanos.

Los dos caminos

El circuito astrológico puede recorrerse en dos direcciones diferentes. La primera es la habitual, relacionada con el curso de la vida manifiesta y con el ciclo solar de los días y las noches. Es también la que solemos asociar al signo zodiacal personal, determinado por la fecha de nacimiento.

Este recorrido corresponde al zodiaco que todos conocemos: comienza con Aries, continúa con Tauro, Géminis, Cáncer, Leo y los demás signos, hasta terminar en Piscis, para volver a comenzar.

Sin embargo, como ya señalamos en el artículo anterior, podemos considerar también un orden inverso: un recorrido que comienza con el bautismo simbólico, con el paso por las aguas de Piscis, continúa por Acuario, Capricornio, Sagitario y los demás signos, y culmina finalmente en Aries.

El primer arcano plantea precisamente esta disyuntiva. En él encontramos una dualidad muy marcada que parece señalar la existencia de dos senderos.

Las dos entradas

La imagen (véase arriba) presenta dos pirámides: una negra, con un Anubis blanco, y otra negra, con un Anubis negro. Esta dualidad de los misterios nocturnos se manifiesta también en la parte superior, donde vemos la Luna parcialmente oculta por nubes oscuras.

En la parte inferior aparece un pequeño pozo o alberca con agua, en cuyo interior se distingue una figura que parece un escorpión. Sin embargo, se trataría de un cangrejo, animal que tradicionalmente ha sido asociado a Cancer (ver más abajo). En realidad ese pozo o alberca es un reflejo de la Luna arriba, también relacionada con Cancer, signo que se corresponde con el Solsticio de Verano.

La presencia de la Luna, del animal acuático y de los dos Anubis —uno blanco, Wepwawet, y otro negro, Anpu—, refuerza el carácter dual de la escena. Podemos interpretarla como la representación de dos posibles entradas: una hacia el mundo ordinario de los seres mortales y otra hacia el mundo iniciático, cada una asociada a una de estas figuras.


Anubis, según Plutarco (Sobre Isis y Osiris, §44) es el «círculo» que toca lo visible y lo invisible del mundo (representado por Isis y Neftis) y por eso mismo es la línea del horizonte que conecta esas dos esferas. Esa línea divide el mundo en dos, y asigna a Anubis a los dos mundos, al superior y al inferior.

Por esa razón en muchas ocasiones, y en las entradas a los templos egipcios, vemos representados un Anubis a un lado y otro Anubis la otro lado, es decir, el Solsticio de Invierno y el Solsticio de Verano, o la Puerta al Camino de los Dioses, y la Puerta al Camino de los Hombres.

El solsticio de invierno está en relación con el signo de Capricornio, mientras que el de verano corresponde a Cancer, conformando entre estos dos la línea horizontal de la que habla Plutarco:

La imagen plantea, por tanto, una disyuntiva fundamental: entrar en el camino de los misterios o seguir el curso de la vida común.

La entrada por las aguas primordiales

Este significado parece reforzarse mediante los símbolos que encontramos en la pirámide blanca, frente a la cual se encuentra el Anubis negro. Se trata, además, de la única de las dos pirámides que presenta una entrada.

Sobre ella aparecen el signo del Anj, la Cruz de la Vida, y el símbolo de Acuario, relacionado aquí con las aguas. Ambos signos nos permiten interpretar esta pirámide como una puerta de acceso al recorrido iniciático.


La entrada se situaría así en el sector acuático del zodiaco, representado en nuestra lectura por Piscis, Acuario y Capricornio. Estas tres figuras se relacionan simbólicamente con las aguas primordiales y con el cielo del Norte, junto al Anubis septentrional. Capricornio, que es representado tradicionalmente como una criatura híbrida, mitad cabra y mitad pez, y en la India por Makara, un monstruo acuático, refuerza esta conexión entre el mundo celeste y el acuático.

Las aguas no representan aquí únicamente un elemento natural. En el lenguaje simbólico que estamos desarrollando, constituyen el umbral de una transformación: el paso previo a la entrada en el ámbito sagrado y al comienzo de una nueva etapa de la existencia.

Este es el primer planteamiento del recorrido. En los siguientes artículos estudiaremos cada uno de los signos zodiacales y sus arcanos correspondientes, tratando de desentrañar las relaciones simbólicas que, desde nuestra perspectiva, los vinculan con el camino iniciático egipcio.

Continuará.


viernes, octubre 23

El Orden de los Símbolos Astrológicos del Tarot Egipcio

 


El Orden de los Símbolos Astrológicos del Tarot Egipcio

¿Y si el orden de los símbolos astrológicos del Tarot Egipcio ocultara un recorrido iniciático diferente del zodiaco tradicional? En este artículo exploramos su posible conexión con los misterios de Osiris, los ritos de purificación del antiguo Egipto y el simbolismo del agua, siguiendo un camino que comienza en Piscis y culmina en el Centro sagrado, representado por la pirámide celeste y la figura de Anubis.


En esta segunda parte trataremos de determinar el orden en la secuencia de los tarots. Ciertas tradiciones, como la del tarot egipcio, contienen un orden completamente diferente al de la mayoría de los tarots existentes. Y este orden es importante, porque se refiere a una tradición que conecta el Tarot Egipcio con Egipto, posiblemente relacionado con la época ptolemáica, aunque readaptado en el los últimos siglos por grupos esoteristas ligados a los rosacruces y masones. Para ello debemos fijarnos en los signos astrológicos que aparecen en cada uno de las cartas del tarot.

El zodiaco sigue un orden bien conocido que comienza con Aries, continúa con Tauro, Géminis y los demás signos, y termina finalmente en el signo de Piscis. Este es el orden zodiacal habitual, asociado al ciclo anual del Sol. Así la Primavera, es decir, «prima-vera», marca el «verdadero comienzo» del ciclo anual, como ocurre en muchas tradiciones antiguas.

Sin embargo, en el marco de la interpretación simbólica que vamos a desarrollar, el recorrido en ciertas tradiciones se invierte.




El Camino Iniciático, al igual que sucede simbólicamente en los Doce trabajos de Hércules, representa un proceso de transformación interior que sigue un sentido distinto del habitual. Así, el primer símbolo de esta serie esotérica no sería Aries, sino Piscis, seguido de Acuario, Capricornio y los restantes signos, hasta culminar en Aries.

Esta inversión del recorrido no es un simple cambio de orden. En nuestra interpretación, expresa el tránsito del discípulo por las distintas etapas de su desarrollo interior. Para comprender por qué el camino comienza en Piscis, debemos detenernos en el simbolismo del agua y en su relación con los Ritos de Purificación.

En el antiguo Egipto, los sacerdotes realizaban abluciones rituales antes de acceder a determinados espacios sagrados. El agua desempeñaba así una función purificadora, comparable, en otro contexto religioso, a la que encontramos en el bautismo cristiano, y en las abluciones previas a la entrada a la mezquita en el Islam. El ingreso en el ámbito sagrado exigía una preparación previa: antes de penetrar en el templo, el oficiante debía purificarse.



En este contexto resulta significativo el término egipcio «uab», que designa al sacerdote puro o purificado, el primer paso en la escala sacerdotal. Su representación jeroglífica incluye signos relacionados con la purificación y el agua lustral. Esta asociación nos permite introducir una de las claves de nuestra lectura: el comienzo del camino iniciático comienza con la purificación, simbolizada por el paso por las aguas. ¿Y cuál es la razón para ello? En el simbolismo esotérico tradicional, el paso por las aguas significa volver al nacer, volver al seno materno, naciendo como un nuevo ser, el iniciado.

Desde esta perspectiva, podemos interpretar la entrada en el zodiaco esotérico a partir de Piscis, seguida de Acuario y Capricornio. Los tres signos se relacionan, de maneras diferentes, con el ámbito acuático en la lectura simbólica que proponemos. El paisaje de la bóveda celeste del norte contiene diversas constelaciones asociadas tradicionalmente con el agua: Cetus, el monstruo marino; Eridanus, el río; Piscis, los peces, y Piscis Austrinus, el pez austral. A ellas se suman las figuras zodiacales de Acuario y Capricornio, el monstruo que surge de las aguas o Makara en la India. Este sector zodiacal del norte participa de este conjunto de asociaciones acuáticas.

Ahora bien, esta lectura encuentra su paralelo simbólico en el llamado Zodiaco Circular de Denderah, conservado en el templo de Hathor. En las capillas situadas sobre la terraza del templo, dedicadas a los Misterios de Resurrección de Osiris —-con representaciones simbólicas iniciáticas— , es donde precisamente encontramos el famoso Zodiaco de Denderah, con una disposición espiral, al cual se le puede asignar otros significados, pero que evidentemente está íntimamente conectada, por su disposición oculta a los ojos profanos, a los misterios iniciáticos.

El Zodiaco ofrece una compleja representación del cielo en la que se combinan figuras zodiacales, constelaciones y divinidades egipcias. Su interpretación en relación con los Misterios de Osiris constituye uno de los puntos de partida de la lectura que vamos a exponer.


En esta representación podemos contemplar a Orión, identificado en nuestra interpretación con Osiris, como figura central de un recorrido iniciático. Lo acompaña el ave He-he, relacionada con la vida eterna. Emprende pues Osiris-Orión el itinerario sagrado en dirección hacia Piscis, continuando el recorrido a través de Acuario y Capricornio y prosigue siguiendo la disposición espiral de los signos. El recorrido culmina finalmente en el signo de Aries, situado cercano al centro simbólico del proceso.

De acuerdo con esta lectura, el orden del Tarot debe recorrerse en sentido inverso al orden zodiacal habitual: comenzando con la letra Z, correspondiente a Tzaddi, y terminando con la letra A, Aleph. La secuencia, por tanto, representa el tránsito desde la entrada y la purificación hasta la culminación del camino iniciático.

En el extremo final de este recorrido encontramos la figura de un chacal. Este se halla situado sobre un signo que identificamos con un arado o instrumento de labranza. ¿Cuál es el significado de este lugar tan importante o el Centro del Zodiaco de Denderah?



Como en toda la simbología egipcia, y como sucede también en muchos de los párrafos del Libro de los Muertos Egipcio, las palabras y los signos jeroglíficos usados poseen varios niveles de lectura, varios ángulos podríamos decir, todos ellos válidos y complementarios:

El jeroglífico del arado tenía el valor fonético de mer o mr, con la misma expresión fonética , se refería a tanto al arado, como al verbo amar, así como a la pirámide y su cúspide. La pirámide es la primera tierra seca o primer montículo que aparece sobre las aguas al comienzo de la creación.

En esta conexión es que podemos entender que una de las ceremonias del Antiguo Egipto más importantes, en relación con Osiris, fuese la de "abrir el surco con el arado", es decir abrir el paso a los misterios del ultramundo.

Así el chacal que está en el centro está así mismo en la cúspide de la pirámide iniciática, es decir, al final del camino iniciático. Este chacal es Anubis, o también Uapuaet, «el que abre los caminos» del más allá, siendo él mismo la Estrella Sirio, tan importante en la mitología egipcia, pues esta estrella era considerada el Sol Central de nuestro Sol, cuyo símbolo era precisamente el de un triángulo o pirámide junto a una estrella:

De este modo, este recorrido zodiacal adquiere un significado que trasciende la mera sucesión de los signos. El camino comienza con la purificación en "las aguas" y el ingreso en el ámbito sagrado, y avanza hacia su culminación simbólica en el Centro, en la Pirámide Celeste. Esta es la clave desde la que proponemos interpretar tanto el orden de los arcanos como las correspondencias astrológicas y egipcias que examinaremos a continuación.

Continuará


jueves, octubre 15

Simbolismo Astrológico del Tarot Egipcio

 


El Tarot Egipcio y su Simbolismo Astrológico

¿Y si el Tarot fuera algo más que un conjunto de cartas para adivinar el futuro? Tras sus imágenes podría esconderse un lenguaje simbólico relacionado con la astrología, los misterios del antiguo Egipto y el camino iniciático del ser humano. Exploraremos el Tarot egipcio de Falconnier y Wegener, sus correspondencias zodiacales y su posible relación con el zodiaco de Denderah, siguiendo una interpretación que nos invita a descubrir un orden oculto tras los arcanos.

El simbolismo astrológico constituye una de las claves tradicionales para interpretar numerosos elementos religiosos, textos herméticos, tratados de alquimia e incluso concepciones antiguas de la medicina. Vamos a explorar una de estas claves: el Tarot y, en particular, el llamado Tarot egipcio.

Al igual que la astrología, el Tarot se ha utilizado ampliamente con fines adivinatorios. Lo encontramos en ferias, gabinetes esotéricos y programas informáticos que prometen revelar el futuro. Internet está lleno de páginas dedicadas a echar las cartas. Este es, por desgracia, el destino que a veces sufren las tradiciones simbólicas: sus imágenes terminan convertidas en instrumentos de entretenimiento o en un negocio que poco tiene que ver con su posible profundidad original.

Sin embargo, que estos símbolos hayan sido utilizados de manera superficial o con fines dudosos no significa que debamos renunciar a explorar su contenido.

Según determinadas interpretaciones esotéricas, los arcanos o cartas del tarot forman una secuencia ordenada que puede leerse como un libro simbólico. Sus imágenes según algunas fuentes se relacionarían con la psicología humana, el desarrollo interior del discípulo y cierto simbolismo astrológico. Desde esta perspectiva, el Tarot no sería primordialmente un instrumento de adivinación, sino un sistema de imágenes destinado a transmitir enseñanzas sobre el ser humano y su evolución interior y obtenidas a través de una meditación personal profunda.

Antes de estudiar esta interpretación, conviene conocer brevemente la historia de las distintas variantes del tarot y distinguir entre los testimonios históricos y las hipótesis que han surgido en torno a su significado.

El llamado Tarot Egipcio ocupa un lugar particular en esta historia. Las versiones que conocemos son relativamente modernas y se desarrollaron en el contexto del interés ocultista por Egipto. Muchos estudiosos consideran que no existe evidencia histórica suficiente para atribuir el origen del tarot al antiguo Egipto. Sin embargo, su iconografía y las correspondencias que le atribuyeron diversos autores ofrecen un campo de estudio interesante para la historia del esoterismo.

Existe un variado número de versiones del tarot, entre las cuales se encuentra el llamado Tarot Egipcio. Entre los tarotistas profesionales en general, no se aprecia la importancia del Tarot Egipcio, al que consideran la mayoría de las veces como espurio, tardío, y desde luego como no egipcio.

La versión que analizaremos aquí es la de Robert Falconnier, ilustrada por Maurice Otto Wegener y publicada en 1896 bajo el título Les XXII lames hermétiques du tarot divinatoire. A partir de esta edición examinaremos las relaciones que el autor establece entre las cartas, los signos zodiacales y determinados símbolos egipcios.

Se considera pues, como señalamos anteriormente, un modelo de tarot tardío y derivado.

Sin embargo, para los historiadores los primeros tarots, los considerados por ellos como originales, son aquellos publicados en Italia durante el Renacimiento.

Pueden mencionarse algunas primeras series que contienen parte de los elementos simbólicos que más tarde encontraremos en todas las ediciones posteriores. Estos son los llamados Tarocchi, entre ellos el más conocido es el realizado por Andrea Mantegna, pintor y grabador. Otro ejemplo es el tarot Visconti-Sforza, creado entre 1442 a 1447 y pintado a mano.

Posteriormente, cuando aparece la imprenta, se popularizan y se utilizan como sistema de juego, un ejemplo es el llamado Tarot de los Marselleses.

Orígenes Modernos del Tarot Egipcio

Es Antoine Court de Gèbelin (1725-1784), autor de "Le Monde primitiv analysé et comparé avec le monde moderne" y miembro de la Francmasonería, quien primero interpreta el Tarot como un repositorio de la sabiduría arcana atemporal y esotérica y en relación con la tradición egipcia.



Señala Court de Gèbelin que la palabra tarot procede de la conjunción de dos palabras egipcias “ta”, camino, y “ro”o “ros”, real, o sea el camino real o del rey, y su inverso templario, quizás relacionado, “rota” o sea el giro, algo que como veremos puede tener que ver con el Camino Real que gira, o el Zodiaco de Denderah. Estas interpretaciones "egipcias" son muy dudosas y, como veremos, apuntan más a su propagación a partir de grupos masónicos, a los que el mismo Court de Gèbelin pertenecía.


Posteriormente Jean Baptiste Pitois (1811-1877), también conocido bajo el pseudónimo de Paul Christian es quien escribe "La Historia de la Magia, del mundo sobrenatural y de la fatalidad a través de los tiempos y los pueblos". Dicho libro contiene una peculiar aproximación a la astrología a la que también relaciona con el Tarot. En este trabajo describe los arcanos mayores relacionándolos con el simbolismo egipcio y con las constelaciones.

En ambas casos, Court de Gèbelin y Paul Christian, se limitan a descripciones, pero las imágenes no se publican.

Estos autores afirman que los arcanos egipcios del tarot son muy antiguos, forman un conjunto de símbolos y no meramente unas "cartas" de juego. A partir del Renacimiento, dado el retorno del hermetismo, es cuando este conocimiento parcialmente se "desliza" al exterior, o sea se “exoteriza” y es utilizado privadamente en dibujos hechos a mano por artistas para algunas familias nobles, como el Tarot de Mantegna.

Luego, con la aparición de la imprenta, se popularizan y se utilizan como sistemas de juego y adivinación.

A partir del siglo XVIII y XIX, algunos ocultistas en contacto con conocimientos derivados de algunos grupos masónicos y rosa-cruces, desvelan poco a poco, primero solo como descripciones y luego como conjunto de dibujos simbólicos (Wegener), el llamado Tarot Egipcio tal como lo conocemos hoy, que aun siendo más reciente en su aparición pública y gráfica sin embargo en su simbolismo es más cercano al original egipcio, aunque con figuras egipcias influenciadas por el espíritu decimonónico, presentando incluso algunas de ellas claros signos masónicos. (tarots 3,16,19,22)

Es importante subrayar que en las primeras descripciones del Tarot Egipcio se señala la existencia de una relación estrecha con la Astrología, como veremos más adelante, aunque los símbolos astrológicos utilizados solo en parte están en relación con los símbolos astrológicos utilizados en el Egipto antiguo (época ptolomaica), sin embargo la idea general, el sentido interno de su orden y disposición sí que tienen una relación directa.

Los tarots considerados hoy en día por los tarotistas como primitivos u originales (Mantegna, Visconti-Sforza, el de los Bohemios, el de los Marselleses, etc.), son posiblemente malas copias parciales del verdadero y además han perdido la conexión astrológica. Existe actualmente una gran profusión de diferentes tipos de tarots que ha incrementado aún más la confusión sobre su significado, hay tarots con tendencias psicoanalíticas, wiccan, eróticos, artísticos, etc., prácticamente cualquier modelo o forma que se considere negocio ha proliferado a través de Internet.

Pero antes de adentrarnos en su significado, debemos tener en cuenta que el Tarot sigue una secuencia determinada, que es muy importante conocer para poder entender su clave. Aquí es donde la mayoría de las interpretaciones de los tarots modernos e incluso del tatot egipcio cometen errores al determinar el orden correcto de la serie. Este orden viene determinado por las letras y los signos astrológicos que lo acompañan.

Las Letras "Hebreas" del Tarot

Las letras que aparecen en esta versión del Tarot no corresponden exactamente a las formas habituales del alfabeto hebreo, sino que más bien se trata de una variante gráfica difundida en la literatura mágica y ocultista europea. Uno de sus primeros testimonios impresos se encuentra en la obra de Teseo Ambrosio (1469-1540), Introductio in chaldaicam linguam (1539). Posteriormente, Claude Duret las incluyó en su Thresor de l'histoire des langues de cest univers (1613), donde aparecen asociadas a los caracteres mágicos del arcángel Rafael. También figuran en la obra Archidoxis magica, falsamente atribuida a Paracelso y, mucho más tarde, aparece también en la lámina XV de la edición de The Key of Solomon preparada por S. L. MacGregor Mathers en 1888-1889.

Este alfabeto, conocido modernamente como «Alfabeto de los Magos», fue utilizado en determinados círculos ocultistas post paracélsicos para inscribir talismanes y otros objetos a los que atribuían propiedades mágicas. Su presencia en esta tradición permite situar las letras del Tarot dentro de una corriente del simbolismo mágico occidental, aunque no demuestra por sí misma que procedan del antiguo Egipto ni que constituyan una clave original del Tarot.

La identificación de estas grafías resulta importante para el análisis que proponemos. En nuestra interpretación, las letras no son simples adornos, sino elementos que ayudan a establecer el orden de lectura de los arcanos y sus correspondencias simbólicas. Por ello, antes de examinar la secuencia de las cartas, conviene tener en cuenta el alfabeto hebreo convencional y las variantes mágicas que aparecen en las fuentes ocultistas.

La disposición de las letras y su relación con los signos astrológicos constituyen, por tanto, uno de los puntos de partida de nuestra lectura. A partir de ellas examinaremos si es posible establecer un orden diferente del que adoptan muchas de las interpretaciones modernas del Tarot. Estas letras hebreas corresponden a los Caracteres o Letras del Arcángel Rafael o al llamado Alfabeto de los Magos:



Ahora bien, una vez determinado el orden de los arcanos, utilizando como referencia las letras hebreas modificadas, la pregunta que surge es: ¿hay que empezar la serie por la la letra Z o por la letra A?

En el Tarot Egipcio, los dos arcanos que corresponden a esas letras, Z y A (Tzaddy y Aleph) son los siguientes:


Continuará



lunes, octubre 12

ISIS SIN VELO E ISIS VELADA

 

Isis sin Velo e Isis Velada

¿Qué misterio se esconde tras la enigmática sonrisa de la Mona Lisa? Quizá Leonardo da Vinci no pintó simplemente el retrato de una mujer, sino una representación simbólica de la Naturaleza, la eterna Isis Velada. A través de los elementos ocultos en el paisaje y de su posible simbolismo alquímico, exploraremos una interpretación fascinante: la de una Naturaleza que levanta lentamente su velo ante los ojos de quien ha dedicado toda su vida a descubrir sus secretos.

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Se ha especulado mucho sobre el significado de la Mona Lisa y de otros cuadros famosos de Leonardo da Vinci. Incluso se ha querido identificar su rostro con el del propio Leonardo. Claro que, si uno se empeña, hasta el rostro de Lenin, bigote incluido, puede parecérsele.

El misterio está en saber por qué Leonardo no quiso desprenderse de la Mona Lisa. Es razonable pensar que no se trataba simplemente de conservarla para venderla a mejor precio, sino de que aquella obra tenía para él un valor especial, quizá un significado que solo él comprendía. Para explorar esta posibilidad, debemos preguntarnos quién era Leonardo y qué impulsaba realmente su trabajo.

Leonardo era pintor, pero también ingeniero, anatomista, matemático, arquitecto, músico, estudioso de la botánica y dibujante, entre muchas otras cosas. ¿Qué había detrás de esa extraordinaria diversidad de intereses? ¿Qué impulso común lo llevaba a investigar campos tan diferentes?

Lo que unía todas aquellas actividades era su amor por la Naturaleza, por sus misterios y sus secretos. Cada una de ellas constituía una vía para explorar sus múltiples manifestaciones. Su pasión de toda la vida fue, por tanto, la búsqueda incansable de los secretos de la Naturaleza: la búsqueda de la Isis Velada. Y cabe imaginar que, como recompensa a su esfuerzo perseverante, la diosa fue levantando parcialmente su velo y revelando algunos de sus secretos ante los ojos de aquel enamorado investigador.

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El famoso cuadro, tal como ha llegado hasta nosotros, presenta unos elementos del paisaje que merecen nuestra atención. A ambos lados de la figura se distinguen unas formas que podrían interpretarse como restos de dos columnas laterales. En el paisaje del fondo, a la izquierda, un camino serpenteante parece evocar la llamada vía seca de los alquimistas; a la derecha, una cascada de agua podría relacionarse simbólicamente con la vía húmeda. La "vía seca" en la Alquimia se refería a una metodología alquímica más rápida que utilizaba el fuego a altas temperaturas, mientras que la la "vía húmeda" era la metodología más tradicional, utilizando agua y otros disolventes, camino que era más seguro aunque mucho más lento.

Las flechas señalan también las zonas en las que, según esta interpretación, quedarían vestigios de las columnas.

En las dos versiones que mostramos a continuación, esos elementos arquitectónicos parecen más visibles. La primera corresponde a una versión conservada en la Walters Art Gallery; la segunda, a otra versión atribuida a uno de los discípulos de Leonardo. La comparación entre estas imágenes permite apreciar mejor las diferencias y los detalles que sustentan esta lectura.

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Desde esta perspectiva simbólica, podemos contemplar a la dama de la Mona Lisa como la Isis Desvelada, la eterna compañera de Leonardo, la Naturaleza que, tras haber mantenido ocultos sus secretos, deja entrever algo de su misterio al investigador incansable. Su velo parece reposar suavemente sobre el hombro izquierdo, mientras su enigmático rostro se revela ante quien ha dedicado su vida a buscar la verdad que se esconde tras las apariencias.

Así, la Mona Lisa se convierte, para nosotros, en una imagen del encuentro entre el buscador y la Naturaleza: Isis, que vela sus secretos, pero que también permite descubrirlos a quien persevera en su búsqueda.


El Tarot Egipcio: la Entrada al Circulo Zodiacal-Iniciático

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