¿Cómo era la Tierra hace 300 millones de años?
En aquella época, el planeta era muy diferente del que conocemos actualmente.
Gráficamente, la anterior imagen resumen básicamente el escenario:
Hace unos 300 millones de años:
el supercontinente Pangea estaba prácticamente formado;
existían enormes bosques pantanosos;
crecían gigantescos licopodios, equisetos y helechos arborescentes;
gran parte de estos antiguos bosques dio origen, con el paso del tiempo, a importantes depósitos de carbón;
los reptiles primitivos comenzaban a diversificarse;
grandes anfibios ocupaban muchos ecosistemas terrestres;
mientras el hemisferio sur experimentaba importantes glaciaciones, las regiones ecuatoriales estaban cubiertas por extensos bosques tropicales.
La imagen de aquella época sería, por tanto, la de un planeta en el que abundaban las zonas pantanosas, los bosques exuberantes y una vegetación gigantesca.
En muchas regiones podían existir gases procedentes de la actividad volcánica y de los grandes pantanos, mientras enormes helechos y otras plantas primitivas dominaban el paisaje.
Esta descripción presenta una interesante relación con la imagen transmitida por los comentarios del profesor J. A. Livraga.
Una Aparente Contradicción
Sin embargo, aquí encontramos un problema que, a primera vista, parece difícil de resolver.
A) Por una parte, los textos describen un escenario de vegetación exuberante, grandes bosques y condiciones que parecen corresponder a una región tropical o subtropical.
B) Por otra parte, La Doctrina Secreta afirma que «la estrella polar tiene su ojo vigilante sobre ella», una expresión que parece situar la Tierra Sagrada en una región septentrional, cercana al Polo Norte.La respuesta podría encontrarse, al menos en parte, en el enorme período de tiempo transcurrido y en el movimiento de los continentes.
¿Cómo puede conciliarse una cosa con la otra?
La Deriva Continental demuestra que las masas terrestres no han permanecido siempre en el mismo lugar.
Una región que hace cientos de millones de años se encontraba en una zona tropical o subtropical pudo desplazarse lentamente y ocupar, millones de años después, una posición mucho más septentrional.
Esto permite comprender cómo una misma estructura continental pudo estar relacionada, en diferentes épocas, tanto con un ambiente tropical como con una localización boreal.
La pregunta que debemos plantearnos entonces es la siguiente:
¿Qué antiguo núcleo continental podría corresponder mejor a esta descripción?
El Escudo Báltico como posible candidato
Si intentamos establecer una comparación entre las descripciones de los textos y las reconstrucciones de la geología antigua de la Tierra, uno de los posibles candidatos es el antiguo Escudo Báltico.
Desde el punto de vista geológico, esta región forma parte de un antiguo cratón.
Un cratón es una porción muy antigua y estable de la corteza continental que ha alcanzado un estado de rigidez tal que no ha sufrido fragmentaciones ni deformaciones tectónicas significativas durante miles de millones de años, generalmente desde el Precámbrico. Se caracteriza por ser el núcleo estable de los continentes, compuesto principalmente por rocas ígneas y metamórficas arcaicas con baja actividad sísmica y volcánica. Enlace en Wikipedia:
En resumen, un cratón es una región extremadamente antigua y estable de la corteza continental.
Podemos imaginarlo como el «núcleo» de un continente.
Estas estructuras están formadas principalmente por rocas muy antiguas y han permanecido relativamente estables durante enormes períodos de tiempo, a diferencia de otras regiones que han sufrido intensas deformaciones, fragmentaciones o actividad tectónica.
Los cratones constituyen, por tanto, algunas de las partes más antiguas que todavía se conservan de los primeros continentes.
El Escudo Báltico es buen candidato para nuestro cratón continental. Comprende actualmente regiones que corresponden a la península de Kola y Karelia en Rusia, así como gran parte de Finlandia y Suecia.
No incluye, sin embargo, Noruega ni Dinamarca. E nla siguiente imagen corresponde a las zonas de color blanco-gris:
| Obsérvese que las áreas en gris (Archean) y Blanco (Proterozoico) son extremadamente antiguas |
En los próximos apartados será necesario examinar con mayor detalle la antigüedad de este antiguo núcleo continental, su posición geográfica en diferentes épocas y su posible relación con las descripciones contenidas en las tradiciones esotéricas.
El Escudo Báltico o Fenoscandia
El Escudo Báltico, también conocido como Fenoscandia, posee varias características que lo convierten en un candidato especialmente interesante para esta investigación.
Es uno de los cratones más antiguos de la Tierra. Algunas de sus rocas tienen más de 3.000 millones de años, y en determinadas regiones de Karelia y de la península de Kola alcanzan incluso los 3.500 millones de años.
Constituyó el núcleo estable del antiguo continente de Báltica que sobrevivió a numerosos cambios geológicos, incluyendo la formación y fragmentación de diferentes supercontinentes.
Durante buena parte de su historia geológica ocupó latitudes mucho más meridionales que las actuales. En distintos momentos pasó por regiones tropicales o subtropicales, donde existieron importantes cuencas sedimentarias y una vegetación abundante.
Con el paso de cientos de millones de años, fue desplazándose progresivamente hacia el norte, hasta alcanzar su posición actual. Algunas de sus regiones se encuentran hoy dentro o cerca del círculo polar ártico.
Esta extraordinaria antigüedad y estabilidad parecen corresponder, al menos en sentido geológico, con la idea expresada por H. P. Blavatsky de una Tierra Imperecedera: una tierra presente desde tiempos muy remotos, que ha sobrevivido a los grandes cambios sufridos por otros continentes y que, según la tradición esotérica, continuará existiendo hasta el final del ciclo actual.
De los Trópicos al Norte
Uno de los aspectos más interesantes de esta hipótesis aparece cuando observamos la posición que ocupaba el Escudo Báltico hace aproximadamente 300 millones de años.
Durante el Carbonífero, este antiguo núcleo continental se encontraba en latitudes mucho más meridionales que las actuales, compatibles con ambientes tropicales o subtropicales.
Estas condiciones podrían relacionarse con la descripción de un paisaje caracterizado por volcanismo, zonas pantanosas y una exuberante vegetación de grandes helechos, escenario que, según determinadas interpretaciones de los textos esotéricos, habría acompañado la aparición de los primeros Chhayas.
Mucho más tarde, después de centenares de millones de años de desplazamiento continental, ese mismo núcleo geológico alcanzó las altas latitudes del Norte.
Esta larga migración permite comprender una posible relación entre dos descripciones que, a primera vista, parecen contradictorias.
Por una parte, encontramos la imagen de una tierra tropical o subtropical, cubierta por una vegetación exuberante.
Por otra, aparece la imagen de una tierra situada bajo la vigilancia de la Estrella Polar, relacionada con las regiones boreales.
Desde esta perspectiva, ambas tradiciones no tendrían por qué referirse a lugares diferentes. Podrían describir dos momentos muy distintos de la historia de una misma región continental.
En las siguientes imágenes he tomado como puntos de referencia las ciudades actuales de Helsinki y Estocolmo, así como la península de Kola.
| Pangea hace aproximadamente 300 millones de años: situación del Cratón Báltico. |
Esto permite seguir aproximadamente la evolución de la posición del antiguo Cratón Báltico desde la época de Pangea hasta nuestros días.
Obsérvese la posición de los polos y compárese con un mapa actual. Hace unos 300 millones de años, el territorio correspondiente al actual Escudo Báltico ocupaba una posición mucho más meridional que la actual.
Su latitud era comparable, aproximadamente, a la que hoy ocupan algunas regiones subtropicales, como el norte de África, Florida, el sur de España o el sur de China. En determinados momentos de su historia pudo encontrarse incluso en latitudes más próximas a las actuales regiones tropicales, como Brasil, África central o la India.
Esta situación geográfica parece corresponder mejor con la descripción de un mundo de vegetación exuberante que aparece en los comentarios del Profesor J.A.Livraga.
| Pangea hace aproximadamente 200 millones de años. |
| Posición de las masas continentales hace aproximadamente 20 millones de años. |
Esta serie de mapas permite observar de manera sencilla un hecho fundamental: los continentes no han ocupado siempre las mismas posiciones.
A lo largo de millones de años, las placas tectónicas se han desplazado lentamente por la superficie terrestre. Lo que hoy se encuentra cerca del Ártico pudo haber estado, en épocas remotas, mucho más cerca del ecuador.
La serie de imágenes procede de un mapa interactivo que permite reconstruir la posición de diferentes lugares de la Tierra a lo largo de millones de años.
La Estrella Polar y la tierra donde el Sol no se pone
Desde esta perspectiva, la referencia de La Doctrina Secreta a una tierra sobre la que «la Estrella Polar tiene su ojo vigilante» podría interpretarse como la descripción de una región que, con el paso del tiempo, terminó ocupando una posición claramente boreal.
Existe además otro elemento tradicional que resulta especialmente sugestivo: la idea de una «tierra donde el Sol nunca se pone».
Esta expresión recuerda inmediatamente el fenómeno conocido como Sol de medianoche, característico de las regiones situadas dentro del círculo polar.
Durante el verano, en estas latitudes, el Sol puede permanecer visible durante las veinticuatro horas del día.
Encontramos una asociación semejante en las antiguas tradiciones relacionadas con los hiperbóreos, habitantes míticos de esas tierras polares.
Para autores clásicos como Píndaro, Heródoto y Diodoro, la Hiperbórea era una tierra situada «más allá del viento del Norte». Era presentada como una región privilegiada y estrechamente relacionada con el culto de Apolo.
Algunos relatos antiguos hacen referencia también a períodos extraordinariamente largos de luz, aunque sus autores, naturalmente, no conocían el fenómeno astronómico del sol de medianoche en los términos científicos actuales.
Sin embargo, es importante señalar que el continente Hiperbóreo, según la interpretación que estamos examinando, pertenecería a una etapa posterior y estaría relacionado con otro escenario geográfico.
Por ello, será necesario estudiar esta cuestión separadamente en próximas entregas.
Conclusión
Esta serie de monografías tiene un propósito muy concreto.
La Verdad, en su sentido más amplio, es difícil de abarcar completamente desde una única perspectiva. Podríamos compararla con un diamante de muchas facetas: ningún observador puede contemplar todos sus lados al mismo tiempo.
El ser humano se aproxima a la realidad desde diferentes caminos.
Existe una perspectiva religiosa, otra esotérica, otra moral y otra científica. Cada una de ellas puede aportar una forma particular de comprensión, pero ninguna parece capaz, por sí sola, de agotar toda la realidad.
Por esta razón, considero importante buscar los posibles puntos de contacto entre estos diferentes modos de conocimiento.
Es, además, un ejercicio saludable para nuestra mente.
Ningún retrato puede expresar completamente a una persona. Una imagen puede mostrar su aspecto exterior, pero no puede contener por sí sola su mundo interior, sus aspiraciones, sus contradicciones, sus experiencias o su psicología.
De manera semejante, ninguna tradición, ningún sistema filosófico y ninguna disciplina puede pretender abarcar por completo la totalidad de lo real.
Una verdad científica no puede simplemente apropiarse de una verdad espiritual, del mismo modo que una afirmación espiritual no puede sustituir automáticamente al conocimiento científico.
Ambos campos tienen sus propios métodos, sus propios lenguajes y sus propios límites.
Sin embargo, el esfuerzo por buscar puntos de contacto puede ayudarnos a vivir de una manera más integrada.
De lo contrario, podemos caer en una extraña división interior: por una parte, aceptamos la existencia de dimensiones invisibles, símbolos, tradiciones y enseñanzas espirituales; pero, por otra, vivimos en la sociedad moderna como si solo pudiera considerarse real aquello que puede ser pesado, medido o calculado.
No es necesario aceptar esa división como inevitable.
Podemos intentar ser, al mismo tiempo, seres racionales y seres espirituales, sin renunciar al pensamiento crítico ni a nuestra capacidad de contemplar aquello que trasciende lo puramente material.
El propósito de estas páginas no es forzar equivalencias imposibles entre la ciencia y la tradición esotérica.
Su objetivo es más sencillo y, quizá, más importante: descubrir aquellos lugares donde ciencia y tradición pueden dialogar, compararse y enriquecernos en nuestra búsqueda de comprensión, sin que ninguna de ellas tenga que renunciar a su propia naturaleza.


