domingo, marzo 19

LOS ELEMENTOS IV - EL TEMPLO DE KOM OMBO Y EL DRAG√ďN EGIPCIO

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EL TEMPLO DE KOM OMBO y EL DRAG√ďN EGIPCIO

Los “cultos” que el ser humano establece se refieren en principio a una relaci√≥n que sustenta un v√≠nculo. Etimol√≥gicamente tiene la misma ra√≠z que la palabra cultivar. Y el prop√≥sito de dicha relaci√≥n puede variar desde presentar el homenaje y reconocimiento a seres humanos extraordinarios (culto a los h√©roes) o a los dioses (cultos religiosos), e incluso apaciguar o controlar ciertas fuerzas naturales (cultos naturales, agr√≠colas, etc.)

Junto al río Nilo, en sus mismos márgenes, se estableció una relación divina y de poder, además del control de ciertas fuerzas naturales. Era una zona infestada de cocodrilos, y para la religión egipcia, que representaba a muchos de sus dioses bajo formas animales, éstos eran las expresiones terrenales de poderes invisibles que había que canalizar.

En la Antig√ľedad, tanto en China, como en Mesoam√©rica, se rindi√≥ homenaje a otros grandes saurios m√≠ticos: los dragones, que a√ļn hoy en d√≠a se utilizan en las representaciones de los festivales estacionales anuales.

El Drag√≥n chino se relaciona claramente con la monarqu√≠a, los emperadores chinos, desde el legendario Huang-Di, ten√≠an al Drag√≥n como s√≠mbolo del poder imperial, ocupaban el “Trono del Drag√≥n”

Este ser m√≠tico estaba dotado de toda clase de poderes m√°gicos y conocimientos. Estaba relacionado con las aguas, tanto del cielo como del inframundo. Entre los primeros emperadores m√≠ticos de China, el emperador Fu-hi o Fu-xi, representado como medio hombre y medio serpiente, es quien establece el sistema anal√≥gico-matem√°tico de los 8 Trigramas que est√° en la base del sistema oracular del “I Ching”, de la Medicina Tradicional China, de la Astrolog√≠a, del Feng Shui o arte de la ordenaci√≥n del espacio habitable, etc.

Este sistema universal de la civilización china tiene su origen en un dragón que surge de las aguas, y que ejecuta una serie de movimientos o danza ondulante. El emperador Fu-Hi capta esos movimientos y observa una serie de signos escritos sobre el lomo de dicho dragón, que son los trigramas sagrados que también están en el origen de la caligrafía o escritura china.

De tal manera que √©ste emperador es el “Transmisor” de conocimientos fundamentales, que est√°n en la base de muchas ciencias y filosof√≠as de la China tradicional, adem√°s de ense√Īar a sus s√ļbditos a cazar, pescar, el uso de las armas de hierro, e instituir el matrimonio y los primeros elementos de culto religioso.

Una leyenda parecida es la de Osiris en Egipto, el dios-pez (arriba), que tambi√©n surge de las aguas, viene de allende los mares, y ense√Īa a los egipcios, entonces sumidos en la barbarie y el canibalismo, todos los aspectos de la civilizaci√≥n y la religi√≥n.

Es la misma historia que se repite en el caso de Oannes, el m√≠tico hombre-pez que surge de las aguas del Golfo P√©rsico y que dota de los primeros rudimentos a la civilizaci√≥n Sumeria. Oannes trajo el conocimiento de las letras y las ciencias, y de toda clase de artes. Ense√Ī√≥ a construir casas, a fundar templos, a compilar leyes, y explic√≥ los principios geom√©tricos.

Tambi√©n Quez√°ltcoatl, “la Serpiente de plumas preciosas”, es quien trae la civilizaci√≥n a los pueblos mesoamericanos, y quien era tenido por ser el inventor de los libros, los calendarios, y quien ense√Ī√≥ el cultivo del ma√≠z, adem√°s de ser el patr√≥n de los sacerdotes y s√≠mbolo de muerte y resurrecci√≥n, como Osiris.

EL DRAG√ďN EGIPCIO

La esencia de todos estos mitos es la de un civilizador que establece las bases de la cultura, religión, y medios de vida, se trata de un ser sagrado que viene desde lo profundo de las aguas o de los lejanos mares.

¿Por qu√© esta relaci√≥n con las aguas profundas?

En las antiguas teogon√≠as el origen del mundo, de la vida, se sit√ļa en las aguas primigenias. En la Biblia, por ejemplo, la creaci√≥n comienza con el Esp√≠ritu de Dios que incuba las aguas del abismo. En los mitos hind√ļes el final del mundo, el pralaya, es la sumersi√≥n de todo lo existente en la oscuridad del no-ser, y su resurgimiento est√° de nuevo relacionado con las aguas primordiales sobre las que flota el cuerpo de Vishn√ļ Narayana y de donde surge Brahm√Ę, el creador. La historia b√≠blica se repite en la leyenda de No√©, pues su ciclo corresponde tambi√©n a un nuevo renacimiento de la vida despu√©s de la gran inundaci√≥n; tras siete d√≠as el ave que env√≠a vuelve con una ramita de olivo, anuncio de una nueva tierra emergida.

Todas estas leyendas hablan de un hecho fundamental, que tambi√©n se encuentra reflejado en el Libro de los Muertos egipcio, donde la divinidad Atum le dice a Osiris que llegar√° un d√≠a en que animales, hombres y dioses desaparecer√°n, y √ļnicamente sobrevivir√° en medio de las aguas Osiris y √©l mismo, Atum, bajo la forma de una serpiente sumergida y desconocida en el medio de las aguas. Osiris aqu√≠ representa a la Sabidur√≠a, al hombre sabio iniciado, y Atum ,el dios desconocido que se manifiesta en sus ciclos infinitos y peri√≥dicos.

Por tanto, un nuevo ciclo se inaugura tras la sumersi√≥n en el no-ser y a partir de ese momento, cuando el mundo vuelve a la vida y a recrearse saliendo de la inercia, lo √ļnico que sobrevive es la Sabidur√≠a, porque s√≥lo los hombres-peces, o sea, los hombres sabios iniciados, los peces-dragones, son los que pueden navegar y sobrevivir en las aguas de la no existencia. Ellos son los que atraviesan “los mares”, los que resurgen para ense√Īar a los hombres el comienzo de una nueva civilizaci√≥n, o un nuevo ciclo.

Por eso no es de extra√Īar la asociaci√≥n de estos peces, dragones, cocodrilos, con los Primeros Reyes, las primeras dinast√≠as celestes, aquellos primeros Conductores de la Humanidad. As√≠, los faraones de Egipto tambi√©n son consagrados y ungidos en el antiguo Egipto con el aceite del cocodrilo sagrado, “Mesh”:

Los faraones eran pues los “Ungidos”, los Mesihas (◊ěָ◊©ִׁ◊ô◊óַ MńĀŇ°√ģaŠł•, en hebreo = Khrist√≥s), por eso a√ļn hoy en d√≠a a los cristianos en Egipto se les llama los “mesihis“, los ungidos por la sabidur√≠a del Pez o Ichthus o Ichthy, emblema secreto de comunicaci√≥n de los primeros cristianos:

Xőėő•ő£: Iota I: Šľłő∑ŌÉőŅŠŅ¶Ōā Iesous (‘Jes√ļs’), Ji X: őßŌĀőĻŌÉŌĄŠĹłŌā Christos (‘Ungido’), Theta őė: őėőĶőŅŠŅ¶ Theou (‘de Dios’), √ćpsilon ő•: ő•ŠľĪŠĹłŌā Uios (‘Hijo’), Sigma ő£: ő£ŌČŌĄőģŌĀ S√≥ter (‘Salvador’)

EL DRAG√ďN ASTROL√ďGICO

El signo astrol√≥gico en relaci√≥n con las criaturas que “surgen del agua”, y signo de los “Mensajeros” y “Avat√Ęras” religiosos es Capricornio. El monstruo que surge de las aguas, con la mitad del cuerpo de un monstruo marino y la parte delantera de una cabra. O sea, la fuerza espiritual que emerge desde las profundidades de los tiempos, de las aguas del abismo, del pralaya, y que trayendo consigo la sabidur√≠a escala hasta las monta√Īas, hasta las alturas m√≠sticas.

Dicho signo astrol√≥gico es conocido en la India como “Makara” (animal marino, cocodrilo), el monstruo descrito como delf√≠n, drag√≥n, y a veces con cabeza de ant√≠lope. Es el monstruo que sirve de veh√≠culo para llevar a los dioses (vahan) y custodio de todas las entradas, umbrales, accesos a los templos, salas reales, etc. En la siguiente figura lleva sobre su lomo a Ganga, la diosa del r√≠o Ganges.

Es pues el s√≠mbolo, en resumen, de los que preservan y custodian la Sabidur√≠a, adem√°s de ser sus transmisores, muchos de ellos en relaci√≥n simb√≥lica con Venus, la estrella de la ma√Īana y vespertina.

MANAS, LA MENTE SUPERIOR O DRAG√ďN

Entre los m√ļltiples significados de los 4 elementos de los que hemos hablado en los art√≠culos anteriores, con relaci√≥n al ser humano, hemos relacionado estos simb√≥licamente con el aspecto f√≠sico, el energ√©tico-vital, el ps√≠quico-emocional y el mental. Los 4 constituyentes o principios b√°sicos del ser humano.

Ahora bien, el quinto elemento, o quintaesencia, hace referencia a la Mente Superior, o Manas, a la superación de los 4 principios básicos del ser humano, gobernados ahora por un quinto principio rector.

Toda la anterior simbolog√≠a est√° precisamente en el templo de Kom Ombo. Este santuario junto al Nilo, aunque con ra√≠ces m√°s antiguas, pertenece a la √©poca ptolem√°ica. Es un templo doble, √ļnico en el Antiguo Egipto, se trata de dos templos paralelos unidos, y compartiendo algunas c√°maras en com√ļn. Una parte estaba dedicada a Horus el mayor, Haroeris, y otra parte al dios cocodrilo “Sobek” (Soujos √≥ ő£őŅŠŅ¶ŌáőŅŌā en su transliteraci√≥n griega) (en egipcio sfŠłęw, Safju = siete), el s√©ptimo. La siguiente imagen es una s√≠ntesis de los dos dioses:

“Yo soy el Cocodrilo sagrado Sevekh: Yo soy la Llama de tres pabilos, y mis pabilos son inmortales. Yo entro en la regi√≥n de Sekem. Yo entro en la regi√≥n de las Llamas que han derrotado a mis adversarios” (Libro de los Muertos Egipcio)

Este verso hace alusi√≥n a los principios trinos y superiores del ser humano, a su parte inmortal. En el “Libro del Fayoum”, ya desaparecido, se habla del viaje diario de Sobek-Ra a trav√©s del cielo, como el sol en su movimiento diario. Remarcando as√≠ su naturaleza solar. Sobek es la serpiente-drag√≥n, es el sol sumergido en las aguas primordiales, el esp√≠ritu solar manifiesto en las aguas de este mundo.

Dicho templo adem√°s estaba √≠ntimamente relacionado con la monarqu√≠a, de tal manera que tanto Sobek como Horus el Mayor eran sus protectores. Una forma de Hathor, la diosa madre, era la consorte de Horus el Mayor con el nombre de Tasenetnofret (“La Buena Hermana”) representada aqu√≠ con su tocado y espigas.

En esta representaci√≥n en uno de los muros de Kom Ombo, da√Īada e incompleta, aparecen los 4 elementos representados:

Arriba a la izquierda aparece un le√≥n alado (fondo anaranjado), enfrente del mismo un toro o buey (amarillo), abajo a la izquierda un halc√≥n alado (morado), mientras que a la derecha falta la figura que est√° da√Īada. No obstante, aunque fue martillada a√ļn puede verse el rastro de la figura que la coronaba (en la imagen rodeado por un c√≠rculo rojo), corresponde al tocado de Tasenenofret que vemos en la anterior imagen rodeada por un c√≠rculo rojo.

Tenemos pues como resultado una imagen similar a la utilizada para los 4 elementos en Alquimia y en la C√°bala, compuesta por el Toro, el Le√≥n, el √Āguila (halc√≥n) y el Ser Humano:

S√≥lo queda representar el Quinto elemento. Este se encuentra en el centro aunque destruido (fondo verdoso), con la misma sa√Īa sectaria con la que se destruy√≥ la imagen de Tasenenofret. Quiz√°s porque simb√≥licamente √©sta √ļltima es la Divina Madre de Panebtawy (“El Se√Īor de las Dos Tierras”) quien probablemente estaba representado como un ni√Īo rey en el centro, y que recordaba a los sectarios cristianos que lo martillaron hasta destruirlo a su virgen madre y su hijo divino.

El ni√Īo divino, Panebtawy tambi√©n representaba adem√°s al mismo fara√≥n, al que se le supon√≠a hijo de los dioses. Este templo de hecho est√° dedicado a la protecci√≥n de los reyes egipcios.

El templo de Kom Ombo guarda bastantes sorpresas y misterios, y entre ellos nos ofrece aquí precisamente un emblema completo de los Elementos, dedicados al rey, y protegido por las figuras de los dioses celestes, uno que habita en el cielo, Haroeris, y otro su reflejo en las Aguas del Mundo, Sobek.

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miércoles, marzo 15

LOS ELEMENTOS III - El Quinto Elemento

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El Quinto Elemento

En anteriores art√≠culos se√Īalamos un esquema fundamental de 7 elementos, gradaciones o fases. S√≥lo cuatro de ellos est√°n al alcance de la conciencia humana, poseyendo pues el ser humano un conocimiento y acceso limitado a los mismos: al universo material en su conjunto, al energ√©tico sutil y vital, el ps√≠quico y finalmente el mental.

En la antig√ľedad simbolizaron esta idea bajo el aspecto de los llamados 4 Elementos, que nada tienen que ver con los elementos qu√≠micos que todos hemos estudiado en el colegio. El plano por encima de estos 4 elementos, el quinto elemento superior, relativamente cercano a nuestra conciencia, es aquel plano del universo, con sus realidades propias y sus cualidades que no est√°n a nuestro alcance inmediato, pero que podr√≠a ser alcanzado por el ser humano, a trav√©s del desarrollo de su propia conciencia. De ah√≠ proceden ideas y palabras relacionadas con la “quintaesencia” de las cosas, o sea el aspecto m√°s sutil de todo lo que nos rodea y de nosotros mismos.

En el mundo budista, por ejemplo, se refieren a los 5 Dhy√Ęni Buddhas, que en uno de sus significados est√° relacionado con estos 4 elementos y el quinto de s√≠ntesis:

El Buddha del Norte, Amoghasiddhi
El Buddha del Oeste, Amithaba
El Buddha del Este, Akshobhia
El Buddha del Sur, Ratnasambhava
El Quinto Buddha o Buddha de Meditación, Vairocana

Cada uno de los anteriores se relacionaban con una dirección del espacio, una estación, un color, una cualidad de sabiduría, etc.

En el antiguo Egipto se representaba por los 4 Hijos de Horus, llamados también los 4 Hijos de Shu, cada uno de ellos también relación simbólica con las direcciones del espacio, etc. De izquierda a derecha en la siguiente imagen podemos ver su representación:

Imsety, Este
Hapi, Oeste
Qebeshnenuf, Sur
Duamutef, Norte

El Dios Shu (arriba), cuyo s√≠mbolo est√° relacionado con la luz solar, o el √©ter, como indica sus s√≠mbolos, la pluma y el sol irradiando, es el Padre de los 4 Elementos, otras veces se les llama a estos los 4 Hijos de Horus, siendo otra versi√≥n de lo mismo, porque se trata de Horus el Mayor, Haroeris, palabra que tiene su origen en “Her-u”, que significa lo superior.

Otra variante en Egipto era la representada por las 4 diosas protectoras de de las 4 direcciones del espacio, como puede verse en la capilla protectora de los vasos can√≥picos de Tut-Anj-Am√≥n (“Imagen Viviente de Am√≥n):

Serkit, la diosa escorpión del Sur
Isis, la diosa del Este
Nephtys, la diosa del Oeste
Neith, la diosa del Norte

Son las diosas protectoras de las direcciones del espacio, y junto a los anteriores, protectoras de los vasos canópicos que contenían las vísceras y órganos del momificado, ya que estos también se relacionaban con los elementos y las direcciones del espacio. Exactamente igual que en la Medicina Tradicional China.

En el Cielo se situaban los 4 Bellos Timoneles Celestes, cada uno en relación a una dirección cardinal y a uno de los signos estelares cardinales y a los planetas regentes relacionados:

El Timonel del Este, relacionado con Marte.
El Timonel del Oeste, relacionado con Saturno
El Timonel del Sur, relacionado con J√ļpiter
El Timonel del Norte, relacionado con Mercurio

El Quinto estaba relacionado con el planeta Venus.

Los coptos, herederos de los antiguos egipcios, utilizaron también como símbolo el siguiente, para representar las direcciones del espacio y su síntesis o quinto elemento, este símbolo era una evolución del Anj o Cruz Egipcia de la Vida:

Y en el mundo romano y post romano encontramos también una forma evolucionada, el llamado lábaro o signo del emperador Constantino (a la izquierda), equivalente al anagrama copto anterior, y que luego fue adoptado por la Iglesia (a la derecha) con el nombre de Crismón:

La letra “P”, en realidad es una “Ro” (ŌĀ), con el significado de “Cabeza”. Evidentemente, ya hab√≠a perdido todo su significado original, y aqu√≠ s√≥lo representa la Cruz, y la “cabeza o jefatura papal”.

Otras variantes fueron la de 4 Arc√°ngeles protectores, Miguel (sur), Rafael (este), Gabriel (oeste) y Uriel (norte).

El esoterismo cabalista aportó también muchas representaciones típicas, como la siguiente.

La Alquimia por su parte generó signos, como la moderna química, para cada elemento, organizados alrededor de un quinto (en rojo).

¿HAY UN SIGNIFICADO UNIVERSAL DE LOS 4 ELEMENTOS?

Cabría preguntarse si todas las representaciones y símbolos relacionados con los 4 elementos poseen el mismo significado. La respuesta no es simple. Por un lado estos símbolos, aunque semejantes, fueron utilizados con diferentes enfoques y para diferentes propósitos y prácticas. El entendimiento externo de los mismos condujo a diferentes formas de utilización, por ejemplo en la magia práctica, o para el estudio de la materia, especialmente en la alquimia, antecesora directa de nuestra química moderna.

Por ejemplo, los 4 elementos representados por los 4 hijos de Horus fueron aplicados a las ceremonias de embalsamamiento, relacionando así cada uno de los 4 órganos-vísceras con direcciones del espacio. La iglesia utilizó esta simbología para establecer, basándose en el llamado legado del emperador Constantino (demostrado en nuestros días como falso) el poder del obispo de Roma sobre el resto de la iglesia. En Astrología lo usaron para establecer las llamadas Estrellas Regentes de las 4 direcciones del espacio, etc. etc.

Todas estas interpretaciones hicieron uso de la tradición sobre los 4 elementos, las 4 direcciones del espacio, los 4 regentes celestiales, con objeto definido, con cierto fin en mente.

Ahora bien, en el fondo de la historia podemos distinguir una antigua tradici√≥n sobre 4 fases en la naturaleza, y a√ļn m√°s, la pertenencia de esas 4 fases de la creaci√≥n o aspectos a 7 gradaciones fundamentales.

El Espacio Abstracto, del cual nuestro Espacio Cósmico es sólo una apariencia, no posee cualidades ni gradaciones, pero el Universo manifiesto en ese Espacio, sí que posee un abanico complejo de cualidades, que los antiguos hicieron corresponder a 7 Elementos fundamentales.

Enfrente de nosotros tenemos pues no s√≥lo el mundo material, con una inmensa variedad de componentes y cualidades, sino tambi√©n todo un mundo vital en el que se desarrolla los misteriosos mecanismos que dotan de vida a esa materia, o sea que la animan, desde el √°tomo hasta el ser humano, y todas las dem√°s entidades que puedan existir, es la Vida universal en todas sus manifestaciones. Y tambi√©n existe la complejidad, de la que el mundo animal participa, de las cosas que atraen y rechazan, de la capacidad de reaccionar frente a esa misma materia y frente a los sentimientos, o sea la sensibilidad ps√≠quica de todo lo existente, el deseo y el rechazo en sus infinitas variantes, que nos castiga y que nos lleva tambi√©n, en √ļltima instancia, a la b√ļsqueda de lo espiritual; y por √ļltimo est√° el plano que incluye desde el an√°lisis racional y el pensamiento reflexivo, hasta el pensamiento penetrante e inspirado en una sabidur√≠a inmanente, que aunque no siempre accesible, est√° presente en nosotros y en la naturaleza que nos rodea.

Estas 4 etapas a superar, esos 4 campos de experiencia del Ser, nos llevar√°n impulsados por la Voluntad, el Amor y la Sabidur√≠a, a la b√ļsqueda y desarrollo del resto de los elementos superiores a trav√©s de la conquista del Quinto Elemento, o Quintaesencia.

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s√°bado, marzo 11

LOS ELEMENTOS II - La Evolución de la Conciencia

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La Evolución de la Conciencia

En el pasado artículo exploramos la idea global sobre los Elementos clásicos, diferentes por completo de los elementos químicos. Los primeros hablan de la gradación de la creación en 7 fases; sólo una de esas 7 fases corresponde al mundo material y físico, constituido por los elementos químicos en diversas combinaciones.

Ahora bien, si analizamos la realidad circundante nuestro universo puede ser descrito desde dos puntos de vista, como una estratificación de propiedades, o como dimensiones en el espacio.

Los Elementos como Estratificación de propiedades globales

Para los antiguos no pasó desapercibido la organización global de nuestro mundo: sobre la base densa de la tierra, se expande el líquido elemento, el agua, y sobre este el aire, y más allá el fuego solar. Y comprendieron claramente que todos los cuerpos densos, incluyendo el cuerpo humano, participan de alguna manera de esa tierra, que la vida es imposible sin el agua, y que el aire, elemento en el que nos movemos, permitía la expresión de nuestros sentimientos, mientras que lo alto del cielo, navegado por el Sol, representaba el fuego espiritual, al que el hombre se dirigía en sus oraciones.

Simb√≥licamente por elemento Tierra entendieron pues todo aquello que era denso y material, perfectamente representado en el mundo mineral. 

El elemento agua no era el agua que bebemos, sino un s√≠mbolo de todo aquello que representaba el flujo de la vida y de la energ√≠a. 

Por elemento aire, no se refer√≠an al aire que respiramos, sino a esa caracter√≠stica “a√©rea” o “ambiental” o “atmosf√©rica” que tiene nuestra psicolog√≠a y emociones. Todos han podido experimentar esa sensaci√≥n de expansi√≥n y contracci√≥n que se produce cuando estamos alegres o tristes, todos hemos respirado ampliamente aliviados o por el contrario sentido opresi√≥n y restricci√≥n en nuestro pecho con esos mismos sentimientos, y todos saben de la influencia del medio ambiente sobre nuestro humor, y que los d√≠as lluviosos u oscuros y los d√≠as soleados, tal como la ciencia hoy reconoce, alteran nuestro humor. 

Finalmente, el fuego solar, la capacidad de iluminar a todos, y la capacidad del fuego de expandirse y comunicarse, permaneciendo igual sin disminuirse ni extinguirse, de manera similar a las ideas de la mente.

Los Elementos como Percepción de las Dimensiones y el Tiempo

A√ļn antes de que Einstein existiera, los fil√≥sofos de la antig√ľedad trataron sobre el espacio y el tiempo. De hecho estos temas fueron objetos de especulaci√≥n profunda tanto en los Vedas como en las doctrinas budistas o en los textos chinos antiguos. 

Al igual que la moderna física cuántica se ha visto forzada a interrogarse acerca de la propia naturaleza de la mente humana, también los filósofos del pasado llegaron a la conclusión que la forma de percepción del tiempo y del espacio es inseparable de la constitución de nuestra mente.

Una forma de explicar la Evolución consiste en describirla no como el desarrollo de los cuerpos (unicelulares, pluricelulares, vegetales, animales, etc.) sino como el desarrollo gradual de la facultad de la conciencia expresada en esos cuerpos, y de cómo ésta va adquiriendo progresivamente un conocimiento más complejo de las dimensiones y del tiempo.

El evolucionismo sostiene que la vida se origin√≥ a partir de formas inorg√°nicas que en ciertas combinaciones dio origen a mol√©culas complejas y posteriormente a formas b√°sicas de vida org√°nica. La posici√≥n cl√°sica al respecto difiere en las causas, pues entiende que la conciencia y esp√≠ritu precedieron a la manifestaci√≥n material. 

En un proceso doble, mientras que la materia organizada, dirigida por el esp√≠ritu inteligente, cre√≥ formas o recept√°culos m√°s avanzados y apropiados para √©ste, el esp√≠ritu inteligente descendi√≥ progresivamente tomando cuerpo en esas formas materiales. Por consiguiente no solo podemos hablar de una evoluci√≥n de las formas, sino tambi√©n, lo que es a√ļn m√°s importante, podemos hablar de una evoluci√≥n de la “toma de conciencia” del esp√≠ritu dentro de esas formas.

As√≠ podr√≠amos decir que el mundo at√≥mico no posee una conciencia que podamos percibir los seres humanos, no obstante incluso un √°tomo posee una serie de relaciones internas o leyes, una estructura determinada de la que de alguna forma es “consciente”, si se nos permite decirlo as√≠. El √°tomo se conoce a s√≠ mismo, es una especie de conciencia unidimensional o puntual. Esto es dif√≠cil de aceptar para una mente que s√≥lo percibe el fen√≥meno de la conciencia como algo exclusivamente humano, pero si por conciencia (en lat√≠n cum-scire, con-saber) entendemos “darse cuenta”, “conocer”, entonces tendremos que aceptar que de alguna manera un √°tomo de Ox√≠geno “conoce” la presencia de, por ejemplo, un √°tomo de Hidr√≥geno, con el cual se combina. No es el conocimiento reflexivo humano, si no el impl√≠cito o auto programado en las leyes de la propia naturaleza.

El reino vegetal en su conjunto tampoco posee una clara expresión de conciencia individual, no obstante, aunque de forma lenta podemos observar en sus formas de crecimiento modificaciones de su extensión y cómo progresivamente aprende a conquistar la tierra fértil, algo que nos permitiría hablar de una conciencia relacionada sobre todo con las dos dimensiones o superficies o sea bidimensional.

El agua, que simboliza la vida y al mundo vegetal asiento de la vida básica, también se desliza claramente a través de las superficies, en sus leyes internas existe también un conocimiento o percepción de las superficies, a través de las cuales se expande.

El reino animal se caracteriza por un buen conocimiento de las tres dimensiones del espacio (o mejor dicho de la materia en el espacio). El espacio tridimensional es el h√°bitat natural de la conciencia animal, su espacio de conquista. Sin su conocimiento no ser√≠a posible la supervivencia animal, cazar, saltar, correr, volar, migrar, son actividades que dependen de un profundo conocimiento del espacio y de las tres dimensiones expresadas en los cuerpos existentes en el mismo. Este conocimiento de las tres dimensiones se acompa√Īa del conocimiento de la “corporeidad”, del yo separado de los dem√°s. Es en el animal donde aparecen los primeros signos de “ego√≠smo”.

Por √ļltimo el Ser Humano aporta a la evoluci√≥n un nuevo conocimiento, el del tiempo. De ah√≠ la preocupaci√≥n del hombre acerca del mismo y sus consecuencias, del ayer, del hoy y del ma√Īana, y por tanto con ello nace el sufrimiento en su triple expresi√≥n, el sufrimiento como recuerdo, como presente y como miedo proyectado al futuro.

La conciencia del tiempo trae consigo tambi√©n la preocupaci√≥n acerca de la supervivencia del ser, no solo en el ma√Īana inmediato, sino tambi√©n m√°s all√° de la vida. La inmortalidad es un interrogante fundamental para el hombre, y todos los fil√≥sofos y pensadores humanos de todos los tiempos, han tratado de dar una respuesta, positiva o negativa, a este concepto.

Obviamente, dado que hay evolución, estas formas no son fijas y limitadas, sino que existen infinidad de relaciones complejas, que nos permite hablar de pasos intermedios en la conquista evolutiva de la conciencia.

As√≠ por ejemplo, la “conciencia puntual y autom√°tica” del √°tomo se expande y acrecienta en sus combinaciones qu√≠micas con otros √°tomos, formando mol√©culas y sustancias org√°nicas y compuestos minerales.

Los vegetales no sólo cubren la tierra, sino que aquellos más evolucionados se lanzan a la conquista de la tercera dimensión espacial a través de sus ramas, e incluso se dan casos como el de las plantas carnívoras en que hay una transición hacia el mundo animal.

Los animales más evolucionados se alejan del comportamiento instintivo para elaborar algunas formas mentales, y por ende un cierto conocimiento del tiempo en su sentido más abstracto, de tal manera que es posible para algunos animales evolucionados sentir la pérdida de los otros, la ausencia de sus amos e incluso su muerte.

Finalmente el hombre, con su mente superior, intenta explorar el terreno de lo desconocido, de las dimensiones espirituales más allá de las limitaciones del tiempo. Así, si bien el campo de aplicación de la mente del hombre vulgar se concentra en las manifestaciones concretas en el espacio y tiempo, el sabio explora la quintaesencia de la cosas, o sea su quinta dimensión.

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viernes, marzo 10

LOS ELEMENTOS

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LOS ELEMENTOS

Desde que la Ciencia comenz√≥ a desgranar las entra√Īas de la materia y a definir sus componentes, paso a paso fue dejando detr√°s los viejos conceptos alquimistas y filos√≥ficos. Primero, se hicieron hip√≥tesis sobre la existencia de peque√Īas part√≠culas, que luego identificaron de manera incierta con las que hoy llamamos mol√©culas y otros compuestos, para gradualmente, al paso que creaba instrumentos m√°s refinados y sobre todo matem√°ticas aplicadas m√°s certeras, discriminar entre mol√©culas, √°tomos, e incluso part√≠culas subat√≥micas b√°sicas, tales como el electr√≥n, los protones y neutrones.

Este fue sólo un paso inicial, hasta llegar a la descripción de muchas otras partículas subatómicas, que poseen masa o no, que tienen carga eléctrica o no, que vehiculizan energías gravitacionales, que viajan aparentemente en los gráficos que describen sus evoluciones hacia delante o hacia atrás en la línea del tiempo, etc. etc.

Se aprendi√≥ tambi√©n a liberar las fuerzas ocultas en el √°tomo, para luego encadenarlas en las manos sacr√≠legas de pol√≠ticos ambiciosos y sin escr√ļpulos, que la utilizaron para ejercer su control y dominio sobre el mundo, consecuencia de la que ni siquiera hoy en d√≠a estamos a salvo.

El √©xito material de la f√≠sica moderna hizo que se despreciaran aquellos viejos conceptos de los Elementos, las Fuerzas Elementales cl√°sicas, tild√°ndolas de fantas√≠as in√ļtiles propias de viejos locos alquimistas. Ahora bien, nunca los viejos fil√≥sofos y sabios de la antig√ľedad pretendieron poseer conocimientos t√©cnicos o cient√≠ficos sobre la materia, sino que m√°s bien lo que quer√≠an era adentrarse en el reconocimiento de los patrones fundamentales que conforman nuestro universo, tanto en el nivel f√≠sico, como tambi√©n en la propia esencia mental y espiritual de esta creaci√≥n, o sea en sus fuerzas sutiles, en su organizaci√≥n profunda de la que todos formamos parte.

Y para ello comenzaron, de alguna manera con algo parecido a lo que la Ciencia dice, explicando el origen como una especie de Big Bang metafísico. Es decir, desde lo Absoluto e Incognoscible, surge una primera manifestación simbolizada por un circulo sin límites, simultáneamente con la aparición de un diámetro doble, vertical y horizontal. O sea, la aparición de espacio y tiempo, arriba y abajo, denso y sutil, femenino y masculino, yin y yang.

En otras palabras, para los f√≠sicos el comienzo lo marca el debut de espacio y tiempo, y… nada m√°s. El resto es el resultado de la evoluci√≥n de esas fuerzas expresadas en el Universo hasta llegar al mismo hombre y los dem√°s seres vivos. Sin embargo para la filosof√≠a tradicional, ese primer comienzo es en realidad la aurora de un d√≠a repetido, que sigue a muchos otros d√≠as infinitos. El despliegue que se produce del Universo no s√≥lo abarcar√≠a el espacio y el tiempo, sino tambi√©n otros planos metaf√≠sicos del Ser Uno, o Logos, o sea el Ser m√°s all√° de las apariencias materiales, y del cual el hombre tambi√©n participa.

Se trata pues de un Universo infinito, en todos sus aspectos, pero en el que se manifiesta un mundo concreto y material, un universo que no tiene l√≠mites, pero que geom√©tricamente se comporta como si fuese una esfera en la que cada punto es su centro al mismo tiempo. Pero ¿c√≥mo puede relacionarse aquello que no tiene l√≠mites con las cosas que son limitadas?

Es la misma relaci√≥n que existe entre un c√≠rculo infinito, y el di√°metro concreto que se manifiesta en su interior, una relaci√≥n insatisfecha, pues el di√°metro se relaciona con el c√≠rculo por medio de un n√ļmero infinito o inacabado: pi (ŌÄ)

Esa relación insatisfecha está en el origen del movimiento, de la evolución que empuja la rueda de todo lo existente:

DIRECCIONES DEL ESPACIO y ELEMENTOS

La evolución es movimiento, en un espacio de infinitas dimensiones, pero en el que las cosas materiales manifiestas poseen frente a la percepción y conciencia humana sólo 3 dimensiones, además de un cuarto parámetro: el tiempo asociado a su percepción. Esto llevó a la síntesis de estas 4 realidades percibidas por el ser humano en una simbología asociada a las 4 direcciones del espacio.

Pero adem√°s, el fil√≥sofo distingue, adem√°s de esas dimensiones “percibidas” y horizontales, otras dimensiones metaf√≠sicas verticales. Ya no se trata de expresar el mundo material, sino el metaf√≠sico, de tal manera que las 4 caracter√≠sticas del espacio-tiempo, se convierten, s√≥lo para el ser humano en su presente esquema evolutivo, en un Septenario a conquistar, a percibir plenamente, asumiendo su propia espiritualidad y plenitud.

Los Elementos cl√°sicos, simbolizados en las 4 direcciones, en los 4 Elementos alqu√≠micos, Tierra, Agua, Aire y Fuego, o mundo material, vida, psique y mundo mental, se ampl√≠an en lo metaf√≠sico con un quinto elemento que va m√°s all√°, y a√ļn dos m√°s por descubrir en el futuro de su propia evoluci√≥n.

Continuar√° Los 4 Elementos en Egipto: El Templo de Kom Ombo

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viernes, marzo 3

LAS HUMANIDADES PREVIAS - 3

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DESCENSO DEL HOMBRE SEG√öN EL KANGYUR TIBETANO II

El Sutra budista, el Dulva que forma parte del Canon Budista, contin√ļa narrando c√≥mo el ser humano fue descendiendo, encarnando en formas cada vez m√°s materiales, y contin√ļa describiendo la constituci√≥n de las sociedades humanas, las castas, las ciudades y las casas, etc., en definitiva toda la sociedad como era entonces conocida, hasta la aparici√≥n del Buda.

Lo interesante es que asocia el texto el egoísmo humano, la aparición del mismo y su profundización, a la densificación material de su cuerpo, paralela a la pérdida de espiritualidad. Veamos pues su contenido, aunque no reproduciremos aquí todo sino sólo las partes fundamentales.

Entonces ocurrió que uno de estos seres, de naturaleza curiosa, probó el rocío con la punta de uno de sus dedos, de modo que desarrolló un gusto por él, y empezó a comer trozos de él como alimento. Otros seres lo vieron probando este rocío de manera que siguieron su ejemplo, y empezaron a comer trozos de él como alimento.

A partir del momento en que aquellos seres comieron el rocío como alimento, sus cuerpos se tornaron toscos y gordos; perdieron su brillo y hermosa apariencia, y la oscuridad cubrió la faz de la Tierra.

En el cap√≠tulo anterior esta humanidad en ciernes era descrita como “de cuerpos et√©reos, libres de toda impureza. Sus facultades eran perfectas, eran sublimes en todas sus partes, de considerable belleza y agradable color. La luz proced√≠a de sus cuerpos; se desplazaban a trav√©s del espacio y se alimentaban de alegr√≠a…”

La curiosidad, o sea el deseo de conocer y por ello de poseer, hace su primera aparici√≥n. Mientras que en los animales la curiosidad se extingue pronto, en el ser humano permanece hasta avanzada edad. Cuando todo te pertenece, cuando t√ļ mismo eres todo, no necesitas nada, el deseo la necesidad de adquirir cosas, aunque solo sea mentalmente, es muestra de que se carece de algo, es en realidad la p√©rdida de la totalidad espiritual para encadenarse al conocimiento particular, es dejar de ser √°guila para volverse tortuga, proceso necesario para completar la propia perfecci√≥n.

Por esta raz√≥n se crearon el Sol y la Luna; tambi√©n nacieron las estrellas, como lo hicieran el d√≠a y la noche, los minutos, segundos, fracciones de segundo, meses y quincenas, las divisiones de tiempo y los a√Īos. Aquellos seres que se alimentaban del roc√≠o vivieron grandes √©pocas durante un largo per√≠odo de tiempo.

Los textos del Libro de Dzyan adjudican a las primeras humanidades, a su primer descenso a la manifestación física, a lo que llamaban los Chayas o sombras, unos largos periodos de vida. El tiempo evolutivo había comenzado, la manifestación periódica había dado una vez más sus primeros pasos silenciosos.

El aspecto de aquellos que com√≠an poco de aquel roc√≠o era claro, puro; mientras que el de aquellos que com√≠an mucho de √©l era oscuro. Entonces, aquellos cuyo aspecto era claro dijeron a los otros: ¿Por qu√©, yo tengo un claro y delicado aspecto, y en cambio t√ļ eres oscuro! Y as√≠ se establecieron las distinciones.

La diferenciación evolutiva comienza a actuar, la homogeneidad primera se va perdiendo gradualmente, el texto lo remarca a través de la descripción del tipo de alimento que ingerían y de las diferencias corporales que se iban estableciendo, al tiempo que esas mismas diferencias se hacían notar en lo moral.

Aquellos cuyo aspecto era claro estaban orgullosos de ello, y se volvieron pecadores y malvados, y entonces el rocío se desvaneció.

El texto relata la aparici√≥n posterior de una substancia segregada por la misma tierra (prithiv√ģ-parvataka) o sea la Monta√Īa, especialmente del Himalaya, y Prithivi, la madre tierra.

Los textos de Dzyan hablan de una primera manifestaci√≥n de estos seres en la Isla Sagrada, la tierra que nunca fue ni ser√° sumergida, ni desaparecer√° hasta el final de los tiempos, esa es precisamente prithiv√ģ-parvataka.

Luego se comenta en el Dulva de esta humanidad que “pervivieron en estado de gran esplendor durante un largo per√≠odo de tiempo“.

Posteriormente se describen otros alimentos, que tambi√©n desaparecen con el tiempo, y que tambi√©n les hizo vivir durante largos periodos de tiempo, o sea se est√°n describiendo aut√©nticos periodos geol√≥gicos. Finalmente aparece un “arroz” especial:

…un arroz de crecimiento espont√°neo, no tosco, sino limpio, sin pel√≠culas, de unos cuatro dedos de longitud. Nunca hubo carencia de √©l; si era cortado durante la noche, hab√≠a crecido de nuevo por la ma√Īana; si era cortado por la ma√Īana, hab√≠a crecido de nuevo por la noche. Lo que era cortado crec√≠a de nuevo, de modo que nunca se echaba en falta.

En el momento que comenzaron a alimentarse de aquel arroz, sus diferentes órganos empezaron a desarrollarse; algunos de ellos tenían los de los machos, y otros los de las hembras. Entonces se observaron, y concibieron el amor y, ardiendo en lujuria, acabaron por cometer fornicación.

Esta tercera etapa se caracteriza porque aparecen los órganos físicos a desarrollar, y aparece una diferenciación de los sexos, machos y hembras. En el Libro de tibetano de Dzyan se comenta que esta etapa de división de los sexos se caracterizó por el comienzo de la civilización y las primeras construcciones:

… estos seres pecaminosos estaban tan pose√≠dos por los brazos de la maldad que comenzaron a construir casas. “Aqu√≠”, dijeron, “podr√≠amos hacer todo aquello que no nos est√° permitido”.

El texto contin√ļa explicando que los seres humanos comenzaron a apropiarse del arroz no para su consumo del d√≠a, sino para semanas y meses, sin necesidad de ello.

…Y debido a que estos seres tomaron provisiones para almacenar de este arroz que crec√≠a de forma espont√°nea, √©ste se torn√≥ basto; una c√°scara envolvi√≥ el grano, y una vez que hab√≠a sido cortado no crec√≠a de nuevo, sino que permanec√≠a como se le hab√≠a dejado.

Se organizan pues, y aparecen las sociedades tal como las conocemos hoy, con fronteras, propiedades, etc., y con el egoísmo que nos caracteriza:

Entonces estos seres se congregaron unidos en el dolor, la profunda pena, y la lamentaci√≥n, y dijeron: “Se√Īores, inicialmente ten√≠amos cuerpos et√©reos, libres de toda impureza, de perfectas facultades, etc, etc, … Dejadnos ahora dibujar l√≠neas de demarcaci√≥n y establecer fronteras entre las propiedades de cada uno.” Y as√≠ dibujaron l√≠neas de demarcaci√≥n y establecieron fronteras. –“Esto es tuyo” – “Esto es m√≠o”, dijeron.

El robo, las disputas aparecen, la imposición de un orden, las leyes, los reyes, las castas, etc. Lo que el mismo Buda nos relata es por tanto no sólo un eco del conocimiento ancestral sobre el origen del hombre, sino sobre todo asocia de manera clara el comportamiento humano, su egoísmo progresivo, con la transformación corporal, que corre paralela con la de la misma Tierra, el cuerpo donde vivimos.

Como dec√≠amos al principio de esta serie, las llamadas Estancias de Dzyan, quiz√°s una de los escritos m√°s antiguos del mundo, anterior a los propios Vedas hind√ļes, han permanecido y permanecen en su mayor parte bajo llave. El siglo XIX fue testigo de la aparici√≥n por primera vez de fragmentos de dicho tesoro arcaico, copia de los mismos, elaborada por H. P. Blavatsky se guardan en la b√≥veda especial antibombas del British Museum. El budismo tibetano de hoy, as√≠ como el hinayana del sur de Asia, ignoran esta tradici√≥n del Libro de Dzyan, pero para los que han le√≠do sus contenidos podr√°n ver que hay un eco de los mismos en sus propios textos can√≥nicos como el Vinaya, en el quinto libro, “Dulva”, del Kangyur tibetano.


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LOS PEQUE√ĎOS GUR√öS Y LA COMPASI√ďN

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Los Peque√Īos Gur√ļs y la Compasi√≥n

Es pol√≠tica tradicional en el oriente el desprecio por los peque√Īos gur√ļs, es decir por aquellos que adoptan la posici√≥n de maestros de otros, cuando en realidad ni saben ni han seguido el camino para ser lo que predican.

El camino comienza y transita a través de dos ejes fundamentales: la compasión en la multitud y el trabajo interior en la soledad. Son dos caminos complementarios, al final de los cuales existe solo una cosa, pues compasión es también el trabajo interior que se hace con vistas a superarse uno mismo para ayudar mejor a los otros, y por otro lado la ayuda a los demás es más efectiva cuando se hace desde la visión que da la soledad interior en medio de la gente, soledad profunda que permite ver más allá de las necesidades aparentes del ser humano y, por consiguiente, encontrar cuál es la mejor forma de ayudar a los demás: aquello que va directo al corazón interno y que impulsa a la liberación.

El mismo Buda planteaba 4 situaciones, la de aquellos que se volcaban en la compasión hacia los demás mientras que se olvidaban de sí mismos; los que ni ayudaban a los demás ni a sí mismos; los que se dedicaban al desarrollo interior pero se olvidaban de los demás; y finalmente los que unían a una acción exterior compasiva hacia los demás una dedicación simultánea e interna al propio desarrollo.

Evidentemente los seres perfectos unirían una acción compasiva externa y una meditación interna provechosa. Sin embargo, el Buda también consideraba que una meditación profunda y un trabajo interior por sí solo era bueno, siempre que se hiciese con la intención perfecta de ayudar a los demás.

En otras palabras, de la riqueza interior, si no est√° plagada de ego√≠smo, surge la abundancia que se derrama sobre los dem√°s. Dice un viejo dicho “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”, porque no se puede dar lo que no se tiene.

El peque√Īo maestro se acobarda ante la inmensa tarea de ense√Īar a otros, y no siendo capaz de enfrentarla, solo tiene dos opciones: o reconocer su impotencia humildemente y retirarse, o, lo m√°s frecuente, llevado por la vanidad, buscar excusas para no ense√Īar lo que se le transmiti√≥ e inventar as√≠ nuevas ense√Īanzas surgidas de su propio cerebro torturado.

Sin embargo, la tradici√≥n escol√°stica de siglos, seguida por todos los grandes maestros, ha sido precisamente el comentario y la aclaraci√≥n de las ense√Īanzas recibidas, no la adici√≥n personal caprichosa o vanidosa de nuevas ideas que no estaban en la ense√Īanza original. Pero ese trabajo es el fruto de horas de esfuerzo y meditaci√≥n sobre esas ense√Īanzas, de preocupaci√≥n no s√≥lo por entender sino plantearse c√≥mo explicar a otros las maravillas que uno encuentra, c√≥mo compartir en definitiva; y entonces, llevados de esa compasi√≥n, del deseo ardiente de buscar el beneficio no s√≥lo para uno mismo sino para los dem√°s, surge el trabajo externo de quien ense√Īa.

En alg√ļn momento, en alg√ļn lugar, por primera vez en esta cadena de existencias humanas, alguien se acerc√≥ humildemente para escuchar atentamente las ense√Īanzas de un maestro, pues en eso consiste todo. Y las llev√≥ en su coraz√≥n, y por eso mismo las practic√≥, y luego encontr√≥ otros seres humanos que no la hab√≠an escuchado, y se propuso, tras largas horas de meditaci√≥n y trabajo interior, compartir lo que sab√≠a.

No era importante darlas junto a un r√≠o, o en la sombra de un bosque, ni en una ciudad moderna, ni en los desiertos, ni se organizaba festejos culturales, ni actividades sin sentido, aunque apreciadas por el mundo externo, sino que lo importante era trabajar primero en uno mismo, para estar preparado para darlo todo. Lee pues lo que te han dado, minuciosamente, busca en sus entra√Īas el significado, medita sobre lo aprendido, y luego con much√≠sima humildad repite lo que te han ense√Īado.

viernes, febrero 24

LAS HUMANIDADES PREVIAS - 2

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DESCENSO DEL HOMBRE SEG√öN EL KANGYUR TIBETANO I

Resumiendo el anterior artículo, los registros ancestrales del llamado Libro de Dzyan hablan de una Oleada de Vida, que llega a su etapa humana actual a través de un largo y complejo peregrinar previo. Dicha oleada cuando comienza a manifestarse en nuestro planeta como seres humanos lo hace a través de un proceso gradual de manifestación desde lo sutil hasta lo físico denso.

Paralelo a dicho proceso humano, también la Tierra fue conformándose poco a poco tal como la conocemos, y el magma líquido original fue endureciéndose dando origen a la corteza terrestre y tomando forma las placas continentales.

Todo el conjunto de √©stos mecanismos fueron descrito en los comentarios a dicho Libro de Dzyan realizado por ciertos Maestros a trav√©s de su comunicaci√≥n y ense√Īanzas con algunos corresponsales europeos durante el siglo XIX, y posteriormente por medio de la s√≠ntesis llevada a cabo por H.P. Blavatsky. A trav√©s de ello pudo conocerse en Occidente y en todo el mundo esta antigua tradici√≥n hasta entonces mantenida en secreto. En su obra principal, “La Doctrina Secreta”, se detalla esta evoluci√≥n humana y c√≥smica, con comentarios a las estrofas del Libro de Dzyan agrupados en dos √°reas fundamentales, Antropog√©nesis y Cosmog√©nesis.

Pero como se apunt√≥ en el art√≠culo anterior, para el buddhismo exot√©rico del siglo XX, tanto de las escuelas hinayana como las del mahayana, aunque encuentran inspiradora dicha obra, no conectan dichas ense√Īanzas con su doctrina.

Sin embargo el mismo Buddha apuntaba a la existencia de una llamada “Doctrina del Coraz√≥n”, o doctrina interna y secreta s√≥lo transmitida a algunos disc√≠pulos. Precisamente encontramos rastros de dicha doctrina interna en el Dulva o Vinaya (la m√°s confiable y probablemente la porci√≥n m√°s antigua del Kangyur), y que forma parte del canon buddhista tibetano conocido como “La Traducci√≥n de la Palabra (del Buddha)” (Kangyur), que consta de 108 vol√ļmenes. Veamos parte de su contenido, donde el mismo Buddha relata en su comienzo la aparici√≥n del hombre en la tierra y posteriormente su propio nacimiento y vida.

Historia del Mundo desde el tiempo de su renovación hasta el Reino de Suddhodana, el padre de Buddha.

En aquellos tiempos cuando el mundo fue destruido, muchos de sus habitantes nacieron en la regi√≥n de los devas ńĀbhńĀsvara, y all√≠ albergaban cuerpos et√©reos, libres de toda impureza. Sus facultades eran perfectas, eran sublimes en todas sus partes, de considerable belleza y agradable color. La luz proced√≠a de sus cuerpos; se desplazaban a trav√©s del espacio y se alimentaban de alegr√≠a, y pervivieron en estado durante un largo per√≠odo de tiempo…

Comentarios: Este relato comienza en un mundo inmediatamente posterior a un periodo de adormecimiento del mundo, o destrucci√≥n, llamado “pralaya”. Los “devas” es una palabra gen√©rica cuyo significado puede traducirse por esp√≠ritus, dioses, etc. Se refiere a las almas humanas, habitando lo que se llama el “deva-kan”, el lugar donde la mayor√≠a de las almas van postmortem, donde las aspiraciones nobles y profundas tienen la oportunidad de desarrollarse. Se corresponde a la creencia cristiana en un Cielo, pero con la diferencia que para los buddhistas e hind√ļes en general es s√≥lo un estado transitorio e intermedio, antes de volver a manifestarse reencarnado el el mundo. Si el ser humano no desarrolla ninguna aspiraci√≥n metaf√≠sica, ning√ļn impulso de bondad, de idealismo, de caridad, etc., no hay nada que pueda desarrollar o recibir, o disfrutar en ese devakan. Nosotros construimos nuestro propio descanso. En ese caso, seg√ļn las creencias orientales, cuando no se ha construido nada espiritual ni moral durante la vida, el alma se encamina sin apenas interrupci√≥n a su nueva manifestaci√≥n, problematizada, llena de deseos y pasiones, sin haberse purificado en devakan, y l√≥gicamente naciendo con tendencias nada saludables.

La clase de devas, los “ńĀbhńĀsvara” se suele describir en el hinduismo como una hueste de dioses menores acompa√Īantes de Shiva, o bien a Ganesha, dios de la sabidur√≠a y la inteligencia. Estos ńĀbhńĀsvaras son tambi√©n llamados los dioses gana, de donde deriva el nombre del dios elefante Ganesha. Lo interesante es que ese nombre, ńĀbhńĀsvara tiene otros significados: resplandecientes, y tambi√©n “apariencia”, “fantasma”, “irreales”.

Este colectivo de almas, que se manifestar√° en la Tierra como seres humanos en el siguiente Manv√°ntara (Man√ļ-antara, entre dos Man√ļs, siendo Man√ļ el rector de cada ciclo de la humanidad) o ciclo de manifestaci√≥n, permanecen en un estado “llenos de alegr√≠a” y “libres de impurezas”, porque representa la parte m√°s noble, limpia, e idealista de nosotros mismos, no el ser problematizado que somos la mayor√≠a de los seres humanos. Somos nosotros mismos liberados de todo el barro que nos cubre.

Mientras tanto este gran planeta Tierra se mezcló con las aguas y las poderosas profundidades. Entonces, sobre la faz de la gran Tierra, de las aguas y los océanos que se habían entremezclado, sopló un viento que solidificó y concentró aquella rica superficie (lit. crema); al igual que el viento cuando sopla sobre la superficie de la leche hirviendo que se está cocinando, solidifica y concentra la crema, así también hizo este viento soplando sobre la superficie de la Tierra, del agua y de los océanos que se habían entremezclado, solidificándolo y coagulándolo.

Comentario: La Tierra también se encontraba entonces en un estado semilíquido, y se preparaba después del periodo de descanso para albergar de nuevo la vida. Las aguas y océanos estaban mezclados:

En la Biblia: “E hizo Dios la expansi√≥n (el firmamento) y separ√≥ las aguas que estaban debajo de la expansi√≥n de las aguas que estaban sobre la expansi√≥n.”

“Soplaba un viento sobre su superficie” dice el texto budista, lo que la Biblia describe as√≠:

“La tierra estaba informe y vac√≠a, la tiniebla cubr√≠a la superficie del abismo, mientras el esp√≠ritu de Dios (Ruah o Ruh) se cern√≠a sobre la faz de las aguas” (G√©nesis I,2)

Lo que se traduce usualmente por “esp√≠ritu” en el texto original es Ruah, o sea el aliento, o viento, o soplo. O sea, en este caso las leyes superiores que llevan a su conclusi√≥n y evoluci√≥n nuestro planeta, la Ley de Necesidad.

Así la Tierra se organiza y se solidifica (coagula) se separan las aguas y las tierras, y permite la aparición de la vida humana, vegetal y animal.

Este roc√≠o (lit. savia de la Tierra, “prithiv√ģ-rasa”) era de un exquisito color, de delicioso sabor, agradable fragancia, de un color como el de la manteca, y sabor al de la miel silvestre.

En esta √©poca en que el Mundo se form√≥, algunos de los seres de aquella regi√≥n de los devas √ābh√Ęsvara, hab√≠an cumplido el tiempo que se les hab√≠a sido asignado, dignos de sus buenos trabajos, quedando exhaustos; de modo que abandonaron aquella vida y se convirtieron en hombres, pero con atributos similares a aquellos que hab√≠an pose√≠do anteriormente.

Comentario: Tras agotarse el impulso espiritual acumulado, las almas se preparan para encarnar de nuevo. En este caso no se trata de una en particular, sino toda la Ola de Vida que va a formar la presente Humanidad en la Tierra.

“Con atributos similares”, esta frase se refiere al karma espec√≠fico de cada uno, se trata de una continuaci√≥n de las vidas anteriores, por consiguiente no hay nuevos m√©ritos, sino s√≥lo aquello que se ha logrado construir en pasadas encarnaciones, y que a partir de ahora tendr√°n que volver a desarrollar, continuando en esta nueva etapa.

En aquel per√≠odo no hab√≠a ni Sol ni Luna en el Mundo; no exist√≠an las estrellas en el Mundo, ni hab√≠a d√≠as y noches, ni minutos, ni segundos, o fracciones de segundo; no hab√≠a meses, quincenas, ning√ļn per√≠odo de tiempo, ni a√Īos: no hab√≠a varones y hembras; s√≥lo exist√≠an seres animados.

(Brahma, la divinidad creadora escondido en el Hyraniagharba, el huevo dorado antes de la creación)

En el seno de la oscuridad, de la no manifestaci√≥n, del Pralaya, todo permanece quiescente, es un estado de espera y expectaci√≥n inmediato a la aparici√≥n de todo el drama que se va a desarrollar. En el Rig Veda, quiz√°s la literatura m√°s antigua de toda la Humanidad, se describe un momento parecido, anterior a la manifestaci√≥n del mundo, con la √ļnica diferencia de que en esta etapa que el texto del Dulva comenta s√≠ existen seres animados, pero en un estado de suspensi√≥n en su manifestaci√≥n:

No había inexistencia ni existencia, entonces.
No existía la atmósfera ni el cielo que está más allá.
¿Qu√© estaba oculto? ¿D√≥nde? ¿Protegido por qui√©n?
¿Hab√≠a un abismo insondable y profundo all√≠?

No había muerte ni inmortalidad entonces.
Ning√ļn signo distingu√≠a la noche del d√≠a.
El Uno respiraba sin aliento, por su propio poder.
M√°s all√° de eso nada exist√≠a…
(Rig Veda, Himno de la Creación)

Continuar√°


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