viernes, febrero 28

Conócete a Tí Mismo I - "La Épsilon de Delfos"

Conócete a Ti Mismo y la Épsilon de Delfos

Conócete a Ti Mismo, La E de Delfos, Nada en Exceso
En el medio de la turbulencias del último y del presente siglo, de la aceleración del tiempo, aún más rápido que nuestra capacidad para comprender e integrar tanto cambio en tan poco curso de vida, se hace necesario una vez más, como en todas las épocas de crisis, serenarse y buscar de nuevo las claves esenciales para poder continuar nuestro camino.

De igual manera que es relativamente fácil meditar en el medio de la noche y el silencio, mientras que por el contrario se hace difícil e incluso imposible en medio del ruido callejero, en el metro o conduciendo un coche, por esta misma razón la capacidad de introversión del ser humano se ha visto fuertemente mermada durante las ultimas centurias. 

En pasadas épocas el escenario que rodeaba al hombre era limitado: colores, sabores, ropas, escenarios y paisajes, costumbres y fiestas, hábitat y actividad laboral estaban bien reglados, eran simple y persistentes, sin modificaciones importantes a lo largo de varias generaciones. Era relativamente fácil abstraer la conciencia partiendo de ese medio controlado y bien conocido.  Por el contrario, la agitación y aceleración que padecemos hace que cada vez sea más difícil asimilar y adaptarse a las novedades tanto en el campo de la tecnología como en el de la cultura y el arte. Apenas comenzamos a dominar una nueva área de conocimiento cuando ya éste se ha vuelto obsoleto. 

Para un estudioso del pasado, el proceso de búsqueda y asimilación de un nuevo conocimiento requería a veces largos viajes e incluso arriesgar la propia vida. Encontrar un texto, copiarlo devotamente, comentarlo dentro del circulo cercano. era en sí mismo una forma de aprendizaje y de contrastar las opiniones de los otros. 

Cuando se nos cuenta que, por ejemplo, Tsong Kha Pa, el fundador de la tradición Gelugpa del Tibet, tuvo hasta cien diferentes maestros, o que Paracelso viajó hasta la misma Tartaria, o que Platón logró acumular una pequeña fortuna para poder viajar a Egipto en busca del conocimiento, se nos hace casi increíble, no tanto en lo que se refiere a sus biografías, como en lo que se refiere a nosotros mismos pues, a pesar de la facilidad de transporte de nuestros tiempos, carecemos de esa constancia y dedicación en la búsqueda de un conocimiento profundo que puede necesitar toda una vida.

No es causal pues que el nacimiento de muchos movimientos religiosos haya tenido su comienzo en la soledad y el desierto, o en las altas montañas. Allí el alma tiende a elevarse, libre de distracciones es impulsada por el hastío de lo conocido hacia esferas superiores. Serenamente aquietada, el alma tiende en el medio de esos "desiertos de los sentidos" a sumergirse en el misterio profundo de la existencia individual.


El viejo consejo del Oráculo de Delfos, "Conócete a Ti Mismo", era el fin obligado de una vida acotada. Sin embargo, en nuestra época, el bullicio continuo, el constante impacto de las noticias, de la publicidad y de las múltiples y variadas formas de atraer los sentidos hacia el exterior, hacen muy difícil para nuestra mente encontrar un momento de descanso en que no sea vea acuciada por las señales de alerta externa.

De hecho, el consejo délfico, formaba parte de un programa completo, lo que allí se anunciaba no era el fin, sino el comienzo de una aventura espiritual, pues en el frontispicio, acompañando a la famosa frase, γνῶθι σεαυτόν, había otras dos indicadores del camino a seguir: conocerse no era suficiente, además había que armonizarse, tal como indicaba el segundo lema  allí esculpido: "μηδὲν ἄγαν", o sea "Nada en exceso". Había pues que pulir además los hábitos, refinar al ser humano buscando el necesario equilibrio entre los distintos componentes, físicos y psicológicos, para así finalmente trazar el rumbo hacia la meta indicada por el tercer signo délfico: la letra Épsilon. Ésta era símbolo del número cinco y de lo superior y celeste, tal como nos relata Plutarco en su tratado "Sobre la E en Delfos", o sea lo celeste o quintaesencia espiritual. Era pues todo un programa de vida, que comenzando por la introspección profunda de uno mismo, continuaba con el trabajo práctico de pulimentar las aristas de nuestra personalidad a través de la práctica moral, para finalmente culminar en el plano de los inteligibles.

Los tres eslogan délficos podrían también expresarse como tres fases: Información, Integración y Transformación, o sea adquisición del necesario conocimiento de sí mismo, hacer carne dicho conocimiento, trabajando en la armonización de los diferentes factores que actúan en la personalidad humana, y finalmente acceder a lo superior mediante un proceso de transformación. 

Hoy en día, lo que predomina es la Información, nunca ha sido tan fácil adquirirla, en la punta de nuestros dedos está conseguir en apenas unos segundos cualquiera de los miles de tratados y libros de sabiduría del presente y del pasado. La educación misma es concebida como un acumulo de datos, como si de un moderno ordenador se tratase. 

Nadie hoy exige que un conocimiento determinado "encarne" en el ser humano, basta con recordarlo, con saber como acceder a la memoria mecánica almacenada en nuestro cerebro. 

Pero la información necesaria no es la que proviene del mundo cambiante e ilusorio que nos rodea, sino la que resulta de la interiorización en nosotros mismos, es el resultado del “Conócete a Tí Mismo” del mandato délfico.  

Así el conocimiento que nos viene de fuera, llega en este caso incluso a impedir el conocimiento que deriva de lo interno, faltando además la integración moral de ese conocimiento y su lógica consecuencia, la transformación del ser humano.

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