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miércoles, enero 14

¿Qué tienen que ver el Big Bang, el Himno de la Creación Védico, y la Cosmogénesis de Blavatsky?

¿Qué tienen que ver el Big Bang, el Himno de la Creación Védico, y la Cosmogénesis de Blavatsky? 

Antes de Lanzarnos al Abismo Insondable de las Aguas…

Desde mi punto de vista, la enseñanza de La Doctrina Secreta necesita, ante todo, tranquilidad y sosiego: leer pequeños fragmentos significativos, comentarlos, expresar las propias dudas y encontrar intuitivamente las respuestas o las soluciones a los enigmas que plantea.

Porque no hay que olvidar que no es difícil el texto en sí; más bien sucede que nuestra mente es limitada, y necesita ejercitarse, crecer y expandirse. No se trata de acumular datos, sino de ampliar su capacidad para “ver”. Como decían los antiguos, el ser humano nace con ciertas limitaciones: físicas, sensoriales, mentales e intuitivas. Necesitamos tiempo, pero no en el sentido habitual de “asimilar”, es decir, de digerir más conocimientos o más datos, sino porque, a través de este ejercicio, lo importante es poner en marcha aspectos de nuestra mente y de nuestra intuición que permanecen dormidos.

Posiblemente, conocemos a alguien alrededor que aun poseyendo varios títulos universitarios es absolutamente ciego ante la realidad de la vida. Por el contrario, a veces encontramos personas que careciendo de cualquier estudio avanzado; sin embargo, poseen una cierta sabiduría y penetración. Esto es lo que los antiguos hindúes llamaban “Vidya”, que es la comprensión correcta del conocimiento. Su contraria era Avidya, que a veces se suele traducir por ignorancia, que es la ignorancia del que, aun teniendo el conocimiento al alcance de su mente, no puede verlo, no puede integrarlo. Emprender este estudio es practicar Vidya, es abrir el Ojo Interno a otras percepciones.

Pensad una sola cosa: el día que nos llegue la muerte, cuando volvamos al ciclo de la vida terrestre, lo habremos olvidado todo: los datos, el lenguaje que utilizamos, nuestros títulos, etc. Habremos olvidado también los libros sagrados, las grandes filosofías e incluso las religiones. Entonces, ¿qué queda de todos nuestros esfuerzos y aprendizajes? ¿Qué permanece más allá de la muerte?: Nuestra Esencia, nuestras capacidades —si es que las hemos desarrollado—, nuestra habilidad mental y, sobre todo, nuestra Intuición, que nos servirá para abrir puertas que están más allá de este mundo. Y esto es lo verdaderamente importante: no la acumulación de datos. Porque esta acumulación, estos razonamientos y este esfuerzo mental e intuitivo, cuando estudiamos los conceptos propuestos por la Doctrina Secreta, no tienen como objetivo acrecentar nuestra capacidad de “almacenamiento”, ni tampoco el adoptar una creencia, sino transmutar nuestra mente y dar nacimiento a nuestra intuición trascendental.

Así que, gimnasta del espíritu, trata de dedicar algo de tiempo a la salud de tu mente y de tu intuición, alimentándolas con contenidos elevados y sanos que, poco a poco, den como resultado el despertar de nuestro verdadero Espíritu, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.

Y ahora, sin más, empecemos por un texto muy antiguo, quizás el más antiguo en lengua indoeuropea, y que se conserva prácticamente inalterado, es un auténtico monumento vivo. Nos habla de un momento anterior a la creación, anterior al Big Bang, anterior a la existencia del mundo:

Himno de la Creación (Nasadiya Sukta)

No existía algo, ni la nada existía;
El resplandeciente cielo no existía;
Ni la inmensa bóveda celeste se extendía en lo alto.
¿Qué cubría todo? ¿Qué lo cobijaba? ¿Qué lo ocultaba?
¿Era el abismo insondable de las aguas?
No existía la muerte; pero nada había inmortal.
No existían límites entre el día y la noche
Solo el Uno respiraba inanimado y por Sí,
Pues ningún otro que Él jamás ha habido.
Reinaban las tinieblas, y todo el principio estaba velado
En obscuridad profunda; un océano sin luz;
El germen hasta entonces oculto en la envoltura
Hace brotar una naturaleza del férvido calor.
¿Quién conoce el secreto? ¿Quién lo ha revelado?
¿De dónde, de dónde ha surgido esta multiforme creación?
Los Dioses mismos vinieron más tarde a la existencia.
¿Quién sabe de dónde vino esta gran creación?
Aquello de donde toda esta creación inmensa ha procedido,
ya que su voluntad haya creado, o ya fuese muda,
El más Elevado Vidente, en los más altos cielos,
Lo conoce, o quizás tampoco, ni aun Él lo sepa.
Contemplando la eternidad …
(Rig Veda Libro 10, Himno 129)