viernes, mayo 22

La Cara del Miedo y la Felicidad inalcanzable

La Cara del Miedo y la Felicidad inalcanzable


Hoy he hecho un ejercicio de "meditación en movimiento", o sea pasear pensativo, y he dejado pasear la mirada por todo lo que me rodea y por el panorama interior de todo lo que siento.

He visto miedo en las calles, gente corriendo y haciendo deporte que nunca antes había hecho, como si de repente sintiéndose culpables de dejadez e indisciplina, tuviesen la necesidad de reformarse siendo "mejores atletas y ciudadanos", pero miro a las caras y, aunque no todos, es miedo lo que reflejan, miedo al apartar la vista, miedo al cruzarse al otro lado de la acera de manera exagerada y ostensible.

Y he mirado en el interior, y he visto un espejo que refleja todo lo que le rodea, pero es un espejo mágico, porque si se empuja un poco, como Alicia en el País de las Maravillas, da paso a otro mundo.

La felicidad parece ahora m√°s lejos que nunca, por eso da miedo, pues lo cierto es que la felicidad que imaginamos es transitoria, el tiempo que transcurre tras haber bebido agua y volver a sentir sed, y es dependiente porque necesita el auto enga√Īo de las cosas que parecen ser, pero que en realidad no son.

Sin embargo el dolor existe, y es real. No importa que sintamos dolor a causa de una pesadilla, solo fue un sue√Īo ciertamente, pero el dolor era real y aut√©ntico.


Y el dolor tiene tres caras, pasado, presente y futuro. Como las tres cabezas de Cerbero, el animal que custodia las puertas del infierno, para que nadie escape. De este infierno en el que vivimos, que no es como la gente cree, pues a veces se ríe y se disfruta un poco, pero muy poco comparado con el sufrimiento. Así sufrimos en la memoria de las cosas que pasaron, de las culpabilidades y mortificaciones ajenas; y sufrimos por las cosas que todavía no existen, ocupando la mayor parte del tiempo pre-ocupándonos en cosas que realmente son imaginarias. También sufrimos por el presente, y justo entonces somos incapaces de concebir la esperanza de un futuro mejor.

Ese es el resultado de la proyecci√≥n imaginaria del yo en el pasado y en el futuro olvidando vivir el aqu√≠ y ahora. Se trata de estar presente en la vida, que mientras √©sta transcurre nosotros estemos all√≠ y no perdidos en pasados in√ļtiles y en futuros imaginarios. Estar presentes, como dijo cierto sabio es como conducir un coche en una curva cerrada, se echan miradas al retrovisor por poco tiempo, y al conf√≠n de la curva para corregir la direcci√≥n, pero lo m√°s inmediato es el conducir el coche aqu√≠ y ahora, en este trozo de camino.

La felicidad no es de este mundo... el dolor existe, pasado y futuro son peligrosas im√°genes que despedazan nuestra alma.

La felicidad no existe, pero la paz interior s√≠ que existe y es alcanzable. En las monta√Īas, en los valles, entre los hombres y s√≥lo, en el desierto y en la c√°rcel e incluso en la muerte. La paz interior es la reconciliaci√≥n con el mundo partiendo desde el centro de uno mismo, la reconciliaci√≥n con nosotros mismos partiendo desde el centro de uno mismo. Consiste en que ese espejo m√°gico se active y sea capaz de reflejar los dos mundos en armon√≠a.

Ya es hora del cambio...

Inconcebible es el comienzo de este perpetuo peregrinar; imposible descubrir el comienzo de los seres, quienes obstruidos por la ignorancia, y atrapados por los deseos, corren presurosos a través de este ciclo de renacimientos.

¿Qu√© cre√©is que es mayor: el diluvio de l√°grimas, que llorando y gimiendo hab√©is vertido sobre este largo camino, corriendo presurosos a trav√©s de esta ronda de reencarnaciones, unidos a lo indeseado y separados de lo que dese√°is, o las aguas de los cuatro oc√©anos?

Por largo tiempo hab√©is sufrido la muerte del padre y la madre, de los hijos e hijas, de los hermanos y hermanas. Y mientras sufr√≠ais hab√©is dejado caer m√°s l√°grimas sobre este largo camino que agua hay en los cuatro oc√©anos.

¿Qu√© pens√°is que es mayor: el torrente de sangre que vosotros, habiendo sido degollados, hab√©is vertido sobre este largo camino, o las aguas de los cuatro oc√©anos?

Muchas veces hab√©is sido capturados como ladrones, o salteadores de camino o ad√ļlteros, y habiendo sido degollados, verdaderamente m√°s sangre se ha vertido sobre este largo camino que agua hay en los cuatro oc√©anos.

¿Pero c√≥mo es esto posible?

Inconcebible es el comienzo de este perpetuo peregrinar; imposible descubrir el comienzo de los seres, quienes obstruidos por la ignorancia, y atrapados por los deseos, corren presurosos a través de este ciclo de renacimientos.

Y así habéis tenido que experimentar sufrimientos, experimentar tormentos, experimentar desgracias y llenado completamente los cementerios; verdaderamente, tan largo tiempo como para estar insatisfechos con todas las formas de existencia, bastante tiempo como para rechazar todo eso y liberaros. [Palabras del Buda]

La paz interior, que nos libera de la ansiedad, del miedo, de la incertidumbre, e incluso del deseo del para√≠so, consiste en liberarse y no dejar que el lado externo del espejo nos domine y nos convenza de su √ļnica existencia, hay que volver la vista al interior, y desde all√≠, estando all√≠, permaneciendo all√≠, trabajar en este mundo sabiendo que es ilusorio, pero que hay dolor que s√≠ es real y que tenemos que ayudar a paliar. 

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