Más allá del Vacío del Espacio
La Primera Estancia de La Doctrina Secreta
La curiosidad humana, en su incesante peregrinaje por los confines del pensamiento, suele naufragar ante el enigma de la pre-génesis del universo. ¿Qué latía en el abismo antes de la eclosión del tiempo o de la expansión de la materia? No podemos concebir nada que no esté sujeto al espacio y al tiempo.
Para la mente racionalista, este vacío resulta paralizante: se halla desarmada ante la ausencia de datos y contrastes, pues necesita constantemente del yin y el yang, del arriba y el abajo, de la luz y la oscuridad, para sostener su carrera analítica, excluyente y dualista.
Sin embargo, lo que la Primera Estancia de La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, nos presenta —aunque pueda parecer chocante— es un “mapa de lo inmanifestado”. Pero ¿es eso posible? El materialismo y su instrumento racionalista colocaron en el frontispicio del siglo XIX una advertencia tajante: Non Plus Ultra. No obstante, hacia finales de ese mismo siglo, como respuesta a las barreras impuestas por la ciencia y los dogmas de las iglesias, emergió un grito de rebeldía y, al mismo tiempo, de esperanza. Anunciaba la posibilidad de otra religión, de otra ciencia y de una comprensión distinta del universo —ese gran misterio— y también de ese otro misterio más cercano: el interior del ser humano.
Este mapa de lo inmanifestado comienza rompiendo las barreras del pensamiento. Está concebido para mentes hambrientas de profundidad, pero de una profundidad fértil, capaz de despertar y desafiar el letargo del materialismo.
¿Acaso la pre-génesis del mundo no es la misma que la pre-génesis de nosotros mismos? Cada ser humano, aún no manifestado, reposa en el interior de su madre, sumido en un sueño sin imágenes, en una oscuridad que, paradójicamente, es la luz que gesta al nuevo ser. “Como es arriba es abajo”, reza el antiguo axioma hermético; del mismo modo, en el silencio de lo que aún no era, residían las semillas de todo lo que habría de ser.
Esta obra nos invita a contemplar el reposo cósmico como una plenitud vibrante. A través de sus versos, descorremos el velo de una realidad que trasciende la percepción sensorial y nos sitúa en el umbral donde el No-Ser se revela como la raíz prístina de todo cuanto existe.
En ese silencio, previo a toda manifestación, la primera frase de la Estancia I dice:
«El Eterno Padre-Madre (el Espacio), envuelto en sus Siempre Invisibles vestiduras, había dormitado una vez más durante siete eternidades».
En el texto original en inglés, en lugar de “Padre-Madre” se utiliza la palabra Parent, de carácter neutro y sin indicación de género. Sin embargo, más adelante, en la misma frase, se afirma que “ella” (she) estaba envuelta en sus invisibles vestiduras.
La traducción más fiel sería, por tanto:
«La Eterna Madre (el Espacio), envuelta en sus Siempre Invisibles vestiduras, había dormitado una vez más durante siete eternidades».
Preguntada al respecto, Blavatsky explicó en sus clases privadas —en las que comentaba La Doctrina Secreta con un grupo avanzado de estudiantes— que lo “femenino” estaba implícito en el primer aspecto aprehensible de aquello que podemos concebir y que dio nacimiento al universo.
Dice el Catecismo Esotérico:
«¿Qué es lo que fue, es y será, ya haya Universo o no, ya existan dioses o no existan?» —pregunta el Catecismo esotérico Senzar—.
Y la respuesta es: «El ESPACIO».
El Espacio es aquello de lo que no podemos prescindir en ningún concepto y, al mismo tiempo, aquello que resulta inaprensible para nuestros sentidos y nuestra inteligencia. Podemos intentar visualizarlo mentalmente, y siempre imaginaremos algo más o menos extenso, pero nunca lograremos liberarnos del trasfondo, del background. Siempre será un concepto inalcanzable: solo lo podemos intuir, pues es impenetrable para la mente humana.
Más allá, en el “exterior” de sus “Siempre Invisibles vestiduras”, surge una primera manifestación, una raíz primigenia de conciencia. La Primera Estancia sugiere que el origen de la manifestación es una conciencia latente, una chispa de inteligencia que anima incluso a la unidad más infinitesimal del cosmos.
Pero, no nos adelantemos.
Antes de que el Espacio se manifieste externamente en toda su potencialidad, el texto afirma que había dormitado “durante Siete Eternidades”. Retomemos el ejemplo del feto en el interior de su madre. ¿Existe el tiempo para ese ser? Sí, desde nuestro punto de vista; no desde el suyo —si es que puede hablarse de tal perspectiva—, pues el feto no es consciente del tiempo ni lo percibe. Vive en un estado de “eternidad”, es decir, de una duración indefinida, desde su propia vivencia.
Sin embargo, incluso en ese estado, sabemos que el feto atraviesa una serie de etapas en su desarrollo de las que no es consciente. Algo semejante ocurre en estos momentos pregenéticos del universo: la Eterna Madre, oculta en sus invisibles vestiduras, había dormitado durante Siete Eternidades, siete etapas que no son mensurables por nuestra conciencia porque se hallan fuera del Tiempo.
Dice la estrofa siguiente:
«El Tiempo no existía, pues yacía dormido en el Seno Infinito de la Duración».
El tiempo solo aparecerá cuando surja un universo manifiesto, regido por las leyes del tiempo y del espacio. Pero ya no se trata de aquel Espacio absoluto, sino del espacio fértil: el ámbito donde las cosas nacen, crecen, mueren y se suceden. No hay Tiempo manifiesto, sino su origen: la Duración.
Conclusión preliminar: El Silencio que interroga
Las revelaciones de la Primera Estrofa nos exigen un giro radical: dejar de buscar el origen exclusivamente en lo exterior y sumergirnos en la profundidad del ser interior. El universo manifestado no es sino el rastro de un sueño que la conciencia universal experimenta de manera periódica.
Si el cosmos entero es una cadena de conciencia inteligente que emerge de un reposo sagrado, nuestra existencia cotidiana no puede seguir siendo interpretada como un simple accidente biológico. Somos fragmentos de ese gran fuego que se apaga y se enciende en ciclos de eternidad.
Y si el universo entero es una cadena de conciencia inteligente en reposo, cabe preguntarse:
¿qué parte de ese silencio eterno estás ignorando hoy en tu propia vida?
No hay religión más elevada que la verdad.
Continuará
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Si deseas aprender más de este tema, sigue los enlaces más abajo:
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Silencio, Origen y Duración (powerpoint explicativo)
Más allá del Vacío (podcast profundo sobre Cosmogénesis esotérica)
