Serie Doctrina Secreta
Introducción a las Estancias de Cosmogénesis.
La Realidad es una Ilusión: 3 Principios de la Sabiduría Antigua que Desafían la Lógica
Introducción
¿Y si todo lo que consideramos real —el mundo visible, el paso del tiempo, nuestra propia individualidad— fuera solo una pequeña fracción de un todo inmenso e invisible? ¿Y si las herramientas que usamos para percibir la existencia, nuestros sentidos, en realidad nos limitarán a una versión muy estrecha de la verdad? Estas no son preguntas nuevas; las tradiciones de sabiduría antigua han ofrecido respuestas profundas y, a menudo, contraintuitivas durante milenios.
Un texto esotérico antiguo establece tres principios fundamentales que actúan como una llave para desbloquear una comprensión radicalmente diferente de la existencia. Estas ideas no solo desafían nuestra lógica cotidiana, sino que nos invitan a reconsiderar la naturaleza del universo, la conciencia y nuestro verdadero lugar en el cosmos. A continuación, exploraremos estos tres principios que aparecen en el Proemio de la Doctrina Secreta y que prometen cambiar nuestra forma de ver la realidad.
1. Lo que llamamos "Luz" es en realidad "Oscuridad" y la Realidad Última es Innombrable
El primer principio postula la existencia de una REALIDAD ABSOLUTA, un Principio eterno, sin límites e inmutable que está más allá de toda posible concepción humana. No se trata de un dios personal que crea el mundo desde fuera, sino de la fuente de toda potencialidad. Es la causa de todos los seres, pero no puede ser llamado un "ser" en sí mismo, ya que cualquier atributo es una limitación, pues al afirmar una cualidad —como "bueno" o "alto"— se excluye su opuesto, y este Principio lo contiene todo. Este Principio es la Seidad, la fuente de toda existencia, un término que en su raíz latina significa "aparecer" o "manifestarse fuera" de la Realidad Absoluta.
Para entender cómo nuestra percepción nos engaña, podemos usar una analogía del campo de la ciencia: el espectro electromagnético. Nuestros sentidos físicos solo pueden percibir una franja increíblemente estrecha de este espectro, que incluye el calor y los colores que vemos. A esta pequeña porción la llamamos "luz". Sin embargo, la inmensa totalidad del espectro —ondas de radio, rayos X, etc.— permanece inaccesible para nosotros, en lo que llamamos "oscuridad".
Aquí es donde ocurre una inversión simbólica crucial: la totalidad del espectro es la "LUZ VERDADERA", mientras que la diminuta fracción que vemos es, en comparación, una ilusión, un espejismo. Lo que llamamos luz es, desde esta perspectiva, las verdaderas tinieblas, porque nos oculta la inmensidad de lo real.
En el lenguaje místico y simbólico encontramos con frecuencia esta inversión de significados: las tinieblas como luz y la luz como tinieblas.
Para solidificar esta idea, imagina que vives en una habitación a oscuras donde solo entra un pequeño rayo de sol por el ojo de una cerradura. Para ti, ese rayo es "la luz" y define todo lo que puedes conocer del mundo; sin embargo, fuera de esa habitación existe un sol radiante y un paisaje infinito que ese pequeño rayo apenas alcanza a sugerir. Lo que llamamos realidad es ese pequeño rayo, mientras que la Realidad Absoluta es el sol que brilla afuera.
Hay un antiguo gráfico alquímico que de alguna manera representa también esta idea: la del Universo que nos rodea, y lo que hay más allá:
Finalmente, Para entender esto mejor, imagina que la realidad es un gran concierto sinfónico que suena perpetuamente con miles de instrumentos, desde los más graves hasta los más agudos. Sin embargo, tus oídos solo son capaces de escuchar una única nota repetida. Para ti, esa nota es "la música" y el resto del tiempo crees estar en silencio, cuando en verdad estás rodeado por una orquesta completa que simplemente no puedes oír. Lo que llamas realidad es esa única nota; la Realidad Absoluta es la sinfonía completa.
2. El Universo no tuvo un inicio: Respira Eternamente y Tú Eres un Peregrino en ese Ciclo
El segundo principio desafía nuestra noción lineal del tiempo y la creación. Propone la Eternidad del Universo en su totalidad (in toto). Este concepto no solo abarca el universo manifestado que podemos observar, sino también el plano no manifestado, el potencial puro del que todo surge. No hay un único Big Bang, sino un ciclo eterno.
Este texto describe un cosmos en el que innumerables universos aparecen y desaparecen incesantemente, como la respiración de un ser cósmico. Este proceso periódico de manifestación (llamado Manvantara) y disolución es un ritmo eterno; el universo "fluye y refluye, aparece y se recoge". En este gran drama cósmico, las formas que vemos —desde un ser humano hasta un sistema solar— nacen y mueren, pero su Esencia, los actores fundamentales, nunca se extingue.
Dentro de este drama cósmico, cada uno de nosotros es también un pequeño universo personal. A nuestra esencia individual se la llama la "Mónada humana", la causa última de cada existencia individual, descrita como el "Eterno Peregrino". No somos un accidente en un universo frío, sino viajeros eternos que participan conscientemente en estos grandes ciclos de manifestación.
3. No eres una Gota en el Océano, eres el Océano Entero en una Gota
El tercer principio revela la conexión fundamental que une a todos los seres. Afirma que todas las almas individuales son, en esencia, idénticas al Alma Suprema Universal. No estamos separados de la fuente; somos "chispas" de esa Llama primordial, aspectos de una misma Raíz Desconocida.
Esta verdad implica una "peregrinación obligatoria" para cada alma. Este viaje a través de incontables encarnaciones no es aleatorio ni caprichoso. Está gobernado por leyes cósmicas ineludibles: la Ley Cíclica, que dicta los ritmos de vida y muerte, día y noche; y la Ley de Karma, que asegura que cada causa produce su efecto correspondiente, guiando el desarrollo de cada alma hacia la autoconciencia plena.
La identidad fundamental de todas las Almas con el Alma Suprema Universal, siendo esta última un aspecto de la Raíz Desconocida; y la peregrinación obligatoria de todas las Almas, chispas de aquella, a través del ciclo de encarnaciones...
Conclusión: Un Universo Lleno de Propósito
Estos tres principios transforman nuestra visión de la realidad. Pasamos de ver un mundo material limitado percibido por los sentidos, a comprender un cosmos vasto, cíclico e interconectado, donde la verdadera realidad es invisible y nuestra existencia es un viaje eterno con propósito. Dejamos de ser víctimas del azar para convertirnos en peregrinos conscientes, chispas de una divinidad universal que viajan a través de los ciclos eternos de un universo que respira.
Si somos peregrinos eternos en un universo que respira, ¿cómo cambia eso el significado de nuestro viaje aquí y ahora?

