Verdades Incómodas sobre la Reencarnación que desafían tu ego
La sola mención de la reencarnación suele despertar una mezcla de fascinación y fantasía. Casi todos los que exploran sus vidas pasadas parecen haber sido grandes reyes, sacerdotisas egipcias o guerreros legendarios. Sin embargo, surge una pregunta estadística inevitable: ¿dónde están los millones de campesinos, porqueros y siervos que conformaron el grueso de la historia? La idea de la reencarnación, a menudo manipulada por la vanidad personal, se ha convertido en una "narcosis" —como diría Hermann Hesse—, un sedante para evadir la mediocridad del presente en lugar de ser un camino de comprensión profunda.
Para el buscador de la Sabiduría Perenne, la reencarnación no es un consuelo para el ego, sino un enigma metafísico que exige cuestionar quiénes somos realmente. Lo que llamamos "yo" es, con frecuencia, una sombra proyectada, un rayo de sol reflejado en un espejo que confundimos con la fuente de luz.
La trampa de la vanidad: El "like" espiritual
El concepto de reencarnación se utiliza hoy para alimentar el ego y justificar las insatisfacciones del presente. Buscamos en el pasado una importancia que sentimos que nos falta hoy, proyectándonos como figuras resplandecientes para compensar nuestra actual pequeñez. Esta "vanidad infinita" choca con la realidad histórica: simplemente no hubo tantas Cleopatras ni Napoleones para satisfacer la demanda de los millones de personas que hoy reclaman sus tronos.
Incluso la pregunta "¿cree usted en la reencarnación?" se ha convertido en un marcador de identidad social, un simple "like" o "dislike" para clasificarnos en grupos aceptables. Pero la verdad es más cruda: identificarse con personajes ilustres es una distracción del trabajo espiritual genuino. Como bien señala la reflexión crítica:
"Nadie recuerda ser la encarnación de un pobre mendigo, casi todos recuerdan haber sido grandes reyes, princesas, o sabios sacerdotes, lo cual suele ser más bien signo de vanidad infinita".
El "yo" es un cuadrado sin centro real (La ilusión del cuaternario)
Para la Sabiduría Inmemorial, la personalidad humana no es una entidad fija, sino un "cuaternario" compuesto por cuatro elementos interdependientes y transitorios:
- Lo físico: El cuerpo denso y sus órganos.
- Lo energético: Los sistemas sutiles que distribuyen la vitalidad.
- Lo emocional: Los movimientos de atracción y repulsa (kama).
- Lo mental: El entramado de ideas y pensamientos.
Este "yo" es dependiente: si sufres un accidente o una enfermedad, tu centro de gravedad se desplaza, tus emociones cambian y tu mente se adapta. Eres "otra persona". Esta personalidad es un teatro de marionetas de lleno de opiniones. Sin embargo, este cuadrado solo adquiere estabilidad si se convierte en la base de una pirámide anclada a algo superior: el Espíritu. Sin ese anclaje a lo que pertenece a un plano superior, el "yo" personal, es meramente una sombra que se disuelve al morir el cuerpo. Proyectar este "yo" condicionado hacia el futuro es una falsedad, pues el ser que seremos estará configurado por fuerzas que hoy ni siquiera sospechamos.
Los seis reinos: La reencarnación como estado psicológico
A menudo imaginamos los "reinos de renacimiento" budistas como lugares físicos, pero su interpretación esotérica es mucho más inquietante: son también los estados psicológicos en los que reencarnaremos según nuestros actos, así podemos nacer en el reino del:
- Mundo Animal: Cuando vivimos guiados exclusivamente por el instinto y la búsqueda del placer sensual.
- Mundo de los Seres Infernales: Cuando estamos atrapados en el sufrimiento de ideas fijas y recuerdos que nos torturan.
- Mundo de los Fantasmas Hambrientos: El estado de deseo insaciable, carencia y frustración perpetua.
- Mundo de los Semidioses: Los poderosos esclavos de su propia ambición y ego.
- Mundo de los dioses: Aquellos que viven en la "narcosis" del descanso y la gloria, olvidando la urgencia de la liberación.
- Mundo Humano: El único estado de equilibrio entre lágrimas y risas donde es posible alcanzar la verdadera libertad.
Y también, análogamente, cada día renacemos en cada uno de estos mundos cuando permitimos que una emoción o un deseo infernal nos domine, o por el contrario cuando aceptamos nuestra realidad humana, para desde ahí empezar a mejorar.
La distinción técnica: Encarnación, Reencarnación y Renacimiento
Para evitar el "papanatismo" o credulidad, debemos ser precisos con los términos. No todo lo que vuelve es lo mismo:
- Encarnación: Es la manifestación de "algo" en un cuerpo humano.
- Reencarnación: Cuando ese "algo" que entra procede específicamente de una vida anterior.
- Renacimiento: Es la mutación de un ser en algo diferente, pero manteniendo una continuidad de conciencia, aunque no necesariamente con la misma estructura de identidad.
Para el Buddhismo (la religión formal), estas reencarnaciones corresponden a lo que se llama el Samsara o el "errar perpetuo", un ciclo de vejez y muerte que debe ser extinguido. Pero para el Budhism (con una sola 'd', la Doctrina Inmemorial de la Sabiduría o Bodhi), este peregrinar es el método por el cual la Vida Una destila experiencia a través de sus infinitas manifestaciones.
El secreto del Tíbet: Rantong frente a Shentong
Existe un conflicto filosófico que fue silenciado por siglos por razones políticas. El budismo predominante hoy (escuela Gelugpa) enseña el Rantong o sea el "Vacío del ser". Esta doctrina afirma que detrás de los fenómenos no hay nada; es, en esencia, un materialismo científico con túnica, que ve el Nirvana como una aniquilación total.
Frente a esto surge el Shentong (Otro Vacío), preservado por la escuela Jonang. Esta visión sostiene que, si bien el mundo de las apariencias es vacío, existe no obstante una Realidad Absoluta e inmutable: la Naturaleza del Buda, esta esencia está presente en todos los seres humanos, es una semilla del Buda, nuestra naturaleza eterna. Y este es el "escape" del mundo de lo creado. Como dicen los antiguos sutras:
"Hay un Nonato, Sin Origen, Increado e Informe. Si no hubiese este Nonato... escapar del mundo de lo nacido, de lo originado, de lo creado, de lo formado, hubiera sido imposible".
Esta es la "Joya en el Loto" (Om Mani Padme Hum): la semilla de inmortalidad que sobrevive al naufragio de la personalidad.
El motor interno: De maestros y espejismos
Una de las grandes trampas es el sometimiento ciego a "gurús" que prometen el Nirvana en cursos rápidos, como quien vende un método de "inglés en siete días". Este servilismo frena la evolución. El ser humano debe encontrar su Motor Interno, la capacidad de levantarse tras cada caída por esfuerzo propio.
El verdadero avance no se logra "mirando hacia arriba" para ganar méritos ante una cierta jerarquía, sino mirando "hacia abajo y hacia los lados", sirviendo a los hermanos más desfavorecidos. Lo de arriba se abre solo cuando nos ocupamos de lo de abajo. Lo que sobrevive no es el nombre ni el cargo, sino el destilado puro de la experiencia, un aroma indefinible que queda cuando el vacío material se lleva todo lo demás.
Conclusión: Del "Yo" al "Nosotros"
Nuestra personalidad actual es una representación teatral destinada a perecer. Yo, que tengo un nombre y unos títulos, dejaré de existir. Pero el misterio que me impulsa, lo que me levanta tras cada fracaso y me lleva a servir a los demás, es eterno.
Al final del acto, la pregunta no es si fuiste Cleopatra, sino si has logrado despertar a lo que Hermann Hesse llamaba "el gran secreto". La liberación no es una conquista para el "yo" (que es ilusorio), sino el reconocimiento de una realidad superior. En la cumbre de la montaña espiritual, descubrimos la verdad final que disuelve toda vanidad: No hay "yo"... hay "Nosotros". Solo aquello que hoy construyas para alumbrar a otro ser humano será lo que realmente valga la pena que regrese en el próximo acto de la vida.
Presentación ampliada e ilustrativa, en PDF:
Reencarnación, Vacío y Servicio
Esquema infográfico de las principales ideas, en el gráfico a continuación:

