NUESTRA CASA EN LLAMAS
Quizás cuando ya no sepamos qué hacer, emprendamos nuestro auténtico trabajo y, cuando ya no sepamos a dónde ir, iniciemos nuestro auténtico viaje
Wendell Berry
La misma distancia que existe entre Jesus "el Nazar" y el Jesucrito de las Iglesias, o entre el Profeta Mahoma y el Profeta del islamismo del siglo XX, es la que existe entre Gautama Sakyamuni el Buda, y el Buda de las iglesias budistas tanto del norte tibetano, como chinas y japonesas, o las del sudeste asiático o hinayanas.
Una cosa es el Jesús del Sermón de la Montaña, y el que invitó a tirar la primera piedra a quien estuviese libre de pecado, y el que tuvo compasión tanto de los niños como de la pobre mujer "pecadora" que se le acercó pidiendo ayuda. Y otra cosa es el Cristo de las Iglesias, y aquellos que utilizan su imagen para amedrentar, para afear y crear las malas conciencias, que sólo tienen arreglo, según ellos, a la sombra de los hombres vestidos de negro, aunque cambien las sotanas.
La historia de Siddharta Sakyamuni el Buda y el proceso de su Iluminación, con el paso del tiempo fue adornada y utilizada como emblema de ese mismo camino. Su persona acabó fundiéndose con la leyenda y con las historias de los otros Budas, tanto los que le precedieron como los que esperan en el cielo de Tusita para encarnar en un futuro.
Parece como si los Grandes Mensajeros al abrir una nueva luz dejasen caer al mismo tiempo una sombra, algo inevitable en este mundo dual. Por eso sus mensajes y sus sombras tienen que caminar juntos durante un tiempo, hasta que los hombres maduran dejando entrar un poco de luz y rechazando las sombras.






