Despu茅s de escribir las 煤ltimas letras de un inacabado poema, el poeta apart贸 sus manos lejos del fr铆o y arrugado papel, tan fr铆o como su propia alma.
Tras desesperados intentos, no hab铆a podido encontrar dentro de s铆 la divina inspiraci贸n para su poema.
“¡Necesito musica; necesito que los 谩ngeles toquen mi seco coraz贸n!” se dijo a s铆 mismo. Con ojos h煤medos y manos temblorosas hizo girar una vez m谩s el viejo disco con su m煤sica favorita.
Despaciosamente, sigui贸 l谩nguidamente el trazado a茅reo de la divina m煤sica,ascendiendo hasta planos et茅reos que 茅l s贸lo conoc铆a, salvando de morir a su alma un d铆a m谩s.
Paisajes sublimes aparecieron entonces ante sus ojos ahora serenos, bosques de eterno verde, fuentes de aguas turquesas, donde las hadas calman su sed.
Entonces, su coraz贸n consolado se llen贸 de c谩lida alegr铆a, tanto que por un momento pens贸 que incluso pudiera morir de felicidad…
A la ma帽ana siguiente, un sirviente entreabri贸 despacio la puerta del estudio, extra帽ado por el silencio entr贸 en la estancia, mas era ya demasiado tarde. Su cuerpo in谩nime yac铆a sobre el escritorio.
Todos lamentaron aquella p茅rdida, y su obra inacabada. Una multitud doliente acompa帽贸 su cuerpo hasta su 煤ltima morada.
Aquella misma noche, el poeta, que hab铆a estado navegando por para铆sos infinitos de inspiraci贸n celeste, volvi贸 de aqu茅l lugar secreto para acabar su poema... pero no pudo encontrar su cuerpo.
Triste, sin cielo y sin cuerpo, sin manos para escribir, su alma permaneci贸 absorta durante largo tiempo enfrente del viejo escritorio.
Entonces escuch贸 una m煤sica diferente, que proced铆a de un lugar ignorado, tan bella que suspendi贸 su alma en una suerte de instante eterno e infinito y, aunque no ten铆a ya cuerpo, todav铆a pod铆a sentir su coraz贸n palpitando...
Muchos d铆as y a帽os pasaron, dejando caer in煤tilmente miles de atardeceres sobre las cortinas opacas y polvorientas de aquella habitaci贸n. Hasta que una noche solitaria un 谩ngel pas贸 en su camino de vuelta por aquel lugar solitario y triste para llevarse consigo los quebrados jirones de lo que un d铆a fue un fantasma enamorado.
Pero antes de marchar, con sus propias manos celestiales escribi贸 la 煤ltima palabra, el final del poema m谩s hermoso jam谩s escrito por un hombre y... un 谩ngel.

