viernes, mayo 5

Inteligencia Artificial I - Conciencia Humana y conciencia artificial

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INTELIGENCIA ARTIFICIAL I

Conciencia Humana y Conciencia Artificial

Cuando menos es curioso, si no rid√≠culo, observar como generalmente en los libros y pel√≠culas, se justifica la cualidad “humana” de ciertas m√°quinas o robots bas√°ndose en el hecho de poseer tambi√©n sensibilidad y emociones.

No hace muchos a√Īos, en una famosa serie, Star Trek, hab√≠a un personaje curioso, el jefe cient√≠fico Spock, que era medio humano y medio nativo del planeta Vulcano. A lo largo de esta serie televisiva Spock est√° en lucha constante entre su mitad vulcana, caracterizada por la raz√≥n y la l√≥gica, y su mitad humana regida por la emoci√≥n,aunque finalmente siempre prevalec√≠a su parte l√≥gica. Muchos de sus compa√Īeros, en la nave espacial, dudaban de su humanidad dada su apariencia fr√≠a, aparentemente no mostrando emoci√≥n alguna. Se trata del mismo tipo de juicio que hacemos con respecto a la conciencia rob√≥tica.

Sin embargo, en esta serie, en las situaciones m√°s peligrosas, a menudo tras el fracaso de los “humanos”, con sus miedos, histerias, agresividad, etc., es la figura de Spock la que salva a la tripulaci√≥n, frecuentemente poni√©ndose a s√≠ mismo en peligro, sacrific√°ndose por el bien de los dem√°s, dominando sus pasiones, miedos e incertidumbres y, sobre todo, dominando el propio ego√≠smo.

¿Actuaba entonces como un ser medio humano? ¿infrahumano? ¿suprahumano? ¿O aut√©nticamente humano?.

Cuando hablamos de Conciencia ¿nos referimos a la autoconciencia o a la conciencia perceptiva del mundo alrededor?. En otras palabras, ¿se trata de una conciencia del mundo interno o del mundo externo?

Si la conciencia consiste en “darse cuenta” de lo “otro”, percibir aquello que es externo a nosotros mismos, en ese caso un √°tomo e incluso un electr√≥n tambi√©n tienen conciencia, pues ante la “presencia” de otra part√≠cula reacciona, uni√©ndose a ella, o rechaz√°ndola, etc. Una ameba ser√≠a otro buen ejemplo: p√≥ngase uno de estos “bichejos” en un medio l√≠quido, en un contenedor que tenga en uno de sus lados una gran cantidad de elementos nutritivos disueltos en el agua, y en el lado opuesto que no haya nada. Despu√©s de un cierto tiempo veremos todas las amebas del recipiente moverse alrededor del lado nutritivo del contenedor. Hagamos la misma prueba colocando un electrodo que genere una descarga el√©ctrica. R√°pidamente la ameba “tomar√° conciencia” de ese electrodo tras recibir unos cuantos vatios de descarga.

Hagamos evolucionar a estos seres dot√°ndolos de nuevas opciones, tales como volar, andar, nadar, trasladarse, unirse con otros, etc. Aqu√≠ tendremos entonces un nuevo √≥rgano especializado en almacenar las buenas y las malas opciones, o sea un sistema nervioso central, que nos “aconseja” huir cuando es conveniente o “acercarnos” si llega el caso.

As√≠ hemos llegado a un grado de conciencia m√°s sutil, un proceso avanzado v√°lido tanto para los descendientes lejanos de la ameba como para los hijos de la ingenier√≠a. Estos √ļltimos ayudados en su conciencia artificial por la inteligencia y memoria almacenada en un peque√Īo ordenador ambulante. Esta conciencia puede ampliarse, y su memoria correspondiente, todo lo que se quiera, puede ocupar Terabytes de Terabytes, una incre√≠ble masa de informaci√≥n, y con un sistema autom√°tico de decisiones sobre “lo conveniente o no conveniente” para ese ser “inteligente“ manejado por una CPU cu√°ntica.

Por medio de la evoluci√≥n natural o artificial, hemos llegado pues a dos tipos de seres super inteligentes, llenos de esa cualidad llamada “conciencia externa”, uno como resultado de la evoluci√≥n biol√≥gica, el otro como hijo de la ingenier√≠a humana avanzada. Hasta aqu√≠ nada les distingue, de hecho la m√°quina puede ser m√°s r√°pida en tomar ciertas decisiones, en aprender ciertos datos y almacenarlos sin verse afectada por cosas como el Alzheimer; e incluso puede hablar, expresarse en varios idiomas, y con el tiempo aprender√° a IMITAR TODOS LOS SENTIMIENTOS HUMANOS.

Llegados a este punto, muchos dir√°n que en d√≥nde est√° la diferencia entre un ser humano y una m√°quina avanzada. Algunos se√Īalar√°n que no hay diferencia, salvo que la m√°quina es m√°s r√°pida, puede incrementar a√ļn m√°s su memoria, y… es eterna, basta con transferir su memoria y CPU a otras m√°quinas m√°s avanzadas.

De hecho, lo anterior es la base del llamado “Transhumanismo”, donde algunos propugnan no s√≥lo cambiar una pierna, o un ojo, u o√≠do, por otro mejor y artificial, sino tambi√©n almacenar “todo el ser” (o sea, lo que algunos entienden por ser), su memoria, sus gestos, sus gustos, etc., en una m√°quina, siempre renovable, y por tanto conseguir la inmortalidad aqu√≠ en la Tierra.

- ¡Oiga! Todo eso est√° muy bien, ¿pero qu√© pasa con lo que usted se√Īal√≥ m√°s arriba: la intra-conciencia?
- ¡Ah! Eso es harina de otro costal. Y muy importante, porque aqu√≠ radica el quid de la cuesti√≥n.

Pero antes de proseguir, quisiera hacer un peque√Īo inciso aclaratorio: Se puede reunir una biblioteca tan grande como la m√≠tica Biblioteca de Alejandr√≠a, y juntar all√≠ todos los tratados importantes, metaf√≠sicos, religiosos, m√≠ticos, filos√≥ficos, etc. que han existido a lo largo de la historia. Y adem√°s todas la grabaciones en directo de los grandes fil√≥sofos y m√≠sticos que han existido (si pudi√©ramos grabarlos desde las ondas et√©ricas del espacio infinito), y con todo eso tratar de convencer a alguien de la existencia de lo METAF√ćSICO, o sea de aquello que va m√°s all√° de este mundo material.

Por otro lado, tambi√©n podr√≠amos reunir otra biblioteca enorme, compuesta por una legi√≥n de libros escritos por esc√©pticos, por materialistas convencidos, por ateos incorregibles y cient√≠ficos creyentes s√≥lo en los √°tomos y en sus n√ļmeros at√≥micos, por evolucionistas que insisten en hacer del mono nuestro ancestro, e incluso de geneticistas que dicen que entre el DNA de un mono* y el de un hombre no hay gran diferencia, en fin, todos esos libros juntos para convencerte de que no hay nada metaf√≠sico, y que TODO ES MATERIA.

* Es cierto que los humanos comparten el 96 % de su ADN con los monos, e incluso el 98,79 % con los chimpanc√©s, pero tambi√©n est√°n pr√≥ximos en un 98,5 % a los delfines, en un 75 % a los ratones y en un 70 % a las babosas. Dicho esto, conviene recordar que tambi√©n compartimos el 50 % de nuestro ADN con los pl√°tanos y eso no significa que seamos mitad pl√°tano. As√≠ que hay l√≠mites a lo que la gen√©tica puede decirnos sobre lo que significa ser humano» seg√ļn menciona en 2002 el genetista brit√°nico Steve Jones (Miserias del antiespecismo, por M. Marechal)

T√ļ decides.

Creo que todos hemos decidido alguna vez sobre este tema, argumentar sobre ello ser√≠a interminable, agotador e in√ļtil. Por tanto, si piensas que lo metaf√≠sico existe, contin√ļa leyendo, si por el contrario no piensas eso, si acaso s√≥lo sigue leyendo por curiosidad, si quieres.

Volviendo pues a nuestro tema principal, deberemos decir que el ser humano posee tambi√©n una intra-conciencia, o sea una percepci√≥n, una sensibilidad y un pensamiento elevado que se dirige hacia otros mecanismos m√°s all√° de la raz√≥n. ¡Ojo!, m√°s all√°, pero siempre apoyados en la raz√≥n para poder llegar hasta all√≠, hasta sus mismas fronteras, hasta donde la raz√≥n tiene su l√≠mite, y desde ah√≠ poner en marcha otros mecanismos intuitivos, lo que los orientales califican como “Intuici√≥n Interna”. Si no lo hici√©ramos as√≠, bajo esas condiciones, caer√≠amos en fantas√≠as y elucubraciones sin fin.

En ese otro nivel encontraremos cosas como la Raz√≥n Pura, muy diferente de la raz√≥n material apegada a las conveniencias que hemos dejado detr√°s por superaci√≥n; a√ļn por encima de √©sta tenemos la Intuici√≥n iluminadora, la inspiraci√≥n espiritual, y una visi√≥n profunda que nos permite integrar, m√°s all√° del tiempo, todo el Ser atrapado en el presente con lo Atemporal. Ah√≠ encontraremos tambi√©n las ra√≠ces necesarias e inspiradoras del Bien, de la Justicia, de la Verdad y de la Belleza trascendente, que una vez activas en nuestra conciencia ser√°n las inspiradoras del quehacer cotidiano y la fuente de toda √Čtica trascendente, v√°lida para conducirnos desde esta vida a otra Vida Superior, que no es la de los “angelitos con un arpa”, sino la vida cristalina y diamantina del Esp√≠ritu.

All√° al fondo, en lo que hemos dejado atr√°s, a√ļn se puede o√≠r el ruido de los engranajes de la m√°quina, e incluso percibir el movimiento de los electrones a trav√©s de sus circuitos, los de la conciencia mec√°nica externa e intelectual, la que sabe elegir entre el s√≠ y el no, entre el 1 y el 0, y lo que m√°s le conviene a su yo ego√≠sta entre las cosas de este mundo horizontal. No obstante, esa no es la M√ļsica que t√ļ oyes en el Silencio, ni la Inteligencia que te permite elegir en tu interior AQUELLO QUE TRASCIENDE ESTE MUNDO.

(Publicado en 1/05/2023 en Revista Esfinge, por el mismo autor)

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