sábado, febrero 5

La Doctrina del Corazón y la Doctrina del Ojo

 La Doctrina del Corazón y la Doctrina del Ojo

Hay quien tiene el poder y sobre todo la decisión de conquistar montañas. Mejor o peor equipados acometen el reto aún sabiendo que los resultados son inciertos. Sólo caben dos adjetivos para ellos, o son héroes ignorados, o bien optimistas que no han calibrado bien sus fuerzas.

Todo el mundo, más de una vez, ha tenido que recorrer el camino habitual desde su casa hasta la parada del bus o del metro. Ese camino acostumbrado es sencillo, fácil, a poca distancia generalmente. Sin embargo cuando sentimos que llegamos tarde, cuando el tiempo se nos acaba, o cuando la reunión a la que asistimos es muy importante, el camino de siempre se nos hace muy largo, lo recorremos agitados, corriendo y mirando frecuentemente el reloj. En definitiva, sufrimos lo que los expertos llaman "ansiedad por anticipación".

No es infrecuente entonces estar irritados, propensos a arrebatos de mal humor, somos capaces en esos momentos de apartar violentamente de nuestro camino hasta el mismísimo Buda si fuese necesario. Si alguien nos pusiese condiciones en esas circunstancias, seríamos capaces de firmar un extenso contrato con los hermanos Marx, pero por favor que nos dejen correr rápidamente hacia el bus.

Otros aceptan que el objetivo está distante, que el pico de la montaña está fuera de nuestro alcance, por el momento... Como el sabio Epicteto dice, para participar en este reto se necesitan primero ciertas consideraciones: 

"...¿Has considerado realmente en lo que te metes? ¿Qué es lo que conlleva tal deseo? ¿Qué se necesita que ocurra en primer lugar? ¿Qué te será necesario?...¿Realmente te beneficia todo esto? Si es así, adelante. Si deseas ganar en los Juegos Olímpicos, para prepararte adecuadamente deberás seguir un régimen estricto que te lleve al límite de tu resistencia. Tendrías que someterte a reglas exigentes, seguir una dieta adecuada, hacer ejercicio vigoroso en un horario regular tanto con calor como con frío, y dejar de beber. Tendrías que seguir las indicaciones de tu entrenador como si fuera tu médico."

Y de todas maneras la montaña sigue estando donde estaba, no se ha movido de sitio. ¿A qué vienen esas prisas?. Algunos pueden señalar que adelantar cuanto antes el viaje hacia la montaña evitará sufrimiento innecesario. El problema es que para hacerlo... sufrimos también.

Así, de la misma forma y siguiendo este ejemplo, en La Voz del Silencio, el texto sobre el discipulado que H.P. Blavatsky recuperó de fuentes originales tibetanas, se habla del sendero discipular, o sea de la superación de las limitaciones humanas acercándose a la fuente de la Sabiduría Universal. Ahora bien, ese camino discipular es, como reza el título del capítulo I, "Dedicado a los Pocos". Allí mismo se dice que ésta es la Doctrina del Corazón, o sea la "doctrina secreta discipular" que el Buda comunicó sólo a unos pocos discípulos elegidos. Por tanto no hay que correr alocadamente, a menos que uno se considere uno de los pocos.

Lo que muchos ignoran es que también en la Voz del Silencio, aunque brevemente, también se habla de la Doctrina del Ojo. Un avión supersónico es un excelente medio para cruzar el cielo. Ahora bien, para arar la tierra no hay nada mejor que un buen y humilde arado. Ciertamente la doctrina del Corazón es superior, pero la otra doctrina puede entenderse como la preparación del atleta de la que hablaba Epicteto: 

"Pero, si la «Doctrina del Corazón» es de un vuelo excesivamente elevado para ti, si tú mismo necesitas ayuda y temes ofrecer ayuda a los demás, entonces, oh, tú de corazón tímido, date cuenta a tiempo: conténtate con la «Doctrina del Ojo» de la Ley. Espera, todavía. Porque si el «Sendero Secreto» es inalcanzable para ti en éste «día», está dentro de tus posibilidades «mañana».”

Este es un mensaje de esperanza, para mi que soy de corazón tímido:

"Puedes crear en éste «día» tus oportunidades para tu «mañana»"

Y añade que el camino de las buenas obras se relaciona directamente con el sendero de la transformación interior. No se conoce uno a Sí mismo a través de elucubrados argumentos, ni introspecciones interminables, ni en la consulta de un psicólogo, que en ocasiones está más perdido que nosotros:

"El conocimiento de Sí mismo es hijo de las buenas obras."

Para hacer buenas obras encontramos el obstáculo de nuestra personalidad embrutecida y egoísta, de donde no hay mucho que extraer que merezca la pena. Pero, también habita en mí otra cosa valiosa, quizás un mero reflejo, pero que es mi verdadera guía: 

"Fija la mirada de tu alma en la estrella cuyo rayo eres tú"

Nuestra personalidad humana, nuestras limitaciones, son las que atrapan y esconden la luz de diamante de nuestro verdadero Ser, que es el reflejo de esa estrella lejana. Bien, yo soy poco ingenioso, más bien torpe en muchas cosas, además la edad no perdona, hasta la memoria me falla a veces y mi capacidad de discernimiento es menguante. Pero ahí está esa luz, ahí me concentraré, ahí permaneceré, no necesito más guía para obrar. Y eso es lo que está en mis manos, obrar, sanar el karma negativo, compartir con todos los otros seres humanos, que también están atados como yo a su propio karma que también es el mío.

"Atesora, pues, tanto mérito como hay en reserva para ti, ¡oh, tú de corazón paciente! Ten buen estado de ánimo y conténtate con tu suerte. Tal es tu Karma, el Karma  del ciclo de tus nacimientos, el destino de aquellos que en su dolor y tristeza, han nacido al mismo tiempo que tú; regocíjate y llora de vida en vida, encadenado a tus acciones pasadas."

Y a través de esas obras, de negar ese yo pequeño y egoísta, permito que mi Ser verdadero me ilumine :

"De la flor de la Renunciación del Yo, es de donde, brota el dulce fruto de la Liberación final."

Este yo pequeño se tambalea y se mueve empujado por el dolor y el placer, por lo que me conviene y lo que no me conviene, pero así la rueda del karma nunca cesará, porque tratando de evitar el dolor caeré en las redes del placer, que nuevamente producirán dolor regenerando así la cadena infinita que me ata:

"Cierra tu mente tanto a los placeres como al dolor" 

"Agota la ley de retribución kármica. Atesora Siddhis para tu futuro"

Poco a poco mis auténticos poderes psicológicos, los Siddhis, mentales y espirituales, se irán afianzando, éstos son los que dieron el nombre a quien los dominó por completo, Sidharta Gautama el Buda.

No voy a conquistar la montaña, no correré en los juegos olímpicos, pero puedo ser fuente de bendición para los que me rodean:

"Si no puedes ser Sol, entonces sé el humilde planeta."

"Muestra el «Camino», aunque sea débilmente y confundido entre la multitud, como lo muestra la estrella vespertina a aquellos que siguen su ruta en medio de la oscuridad."

"Sé cómo ellos, oh discípulo. Dale luz y consuelo al fatigado peregrino, y busca a aquel que sabe todavía menos que tú; aquel que, en su infeliz desolación, espera hambriento el pan de la Sabiduría y el pan que alimenta la sombra, sin un Instructor, sin esperanza ni consuelo, y haz que oiga la Ley."

"Dile, ¡oh Aspirante!, que la verdadera devoción puede devolverle el conocimiento, aquel conocimiento que fue suyo en remotas encarnaciones. La visión de los seres divinos y el oído divino no se logran en una breve existencia."

"Refrena tu Yo inferior mediante tu YO divino. Refrena lo Divino por medio de lo Eterno."

"A ningún recluta se le puede negar el derecho a entrar en el Sendero que conduce al campo de Batalla."

"Y si sucumbe, entonces tampoco sucumbe en vano; los enemigos que mató en la última batalla, no volverán a la vida en su siguiente nacimiento"

Hay mucho que trabajar antes de escalar la montaña, y para este joven recluta, aunque lo desmienta mi aspecto, aún hay esperanza y aventuras que saldar.

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