lunes, diciembre 27

Navidad: No eres nadie, y eres el Rey

Navidad: No eres nadie, y eres el Rey

Orgullo, falsa modestia, arrogancia, soy el mejor, no soy nadie... yo soy el primero, dejadme atr√°s, no puedo...

La mente humana oscila de una lado a otro, finalmente ancl√°ndose en un papel. El ser humano nace inseguro, desnudo y desprotegido, m√°s a√ļn que ning√ļn otro animal. Dependientes por largo tiempo, desarrollamos un instinto insano por dominar el medio adverso, generando etapas de rebeld√≠as inconsolables, oscilando desde la tiran√≠a m√°s o menos encubierta en el seno familiar, hasta un estado de desvalimiento e inseguridad cr√≥nica.

Así partiendo desde el primer estado de apocamiento inicial, desarrollamos con el tiempo una máscara para ocultar nuestro desvalimiento, nos convertimos en "personajes" llenos de arrogancia, hinchamos nuestra personalidad, alzamos la voz, agredimos verbalmente y gritamos frente al mundo que somos los mejores, los más inteligentes, los más dominantes, poseedores de todos los mejores bienes y hasta del mejor consorte posible.

Como todo globo hinchado, a menos que explote de manera s√ļbita dejando a todos con la boca abierta, se desinflar√° poco a poco, cuando la realidad de la vida, las decepciones y los fracasos se acumulen.

Si la degeneraci√≥n contin√ļa, se pasar√° al estadio tercero, en el que el odio, la agresividad verbal y f√≠sica, el ansia por dominar a los dem√°s, la destrucci√≥n de todos los que se nos opongan, ser√° el modus operandi fundamental. Lo peor est√° por venir, porque el odio y agresividad, como si de un boomerang se tratase, se vuelve contra nosotros, destruyendo lo poco que nos quede de humanidad para entonces. 

La √ļnica soluci√≥n viable, para no llegar a esas etapas destructivas consiste en permanecer en la etapa primera de desvalimiento, para desde ah√≠ empezar a construir, aun sabi√©ndonos d√©biles, entendiendo que tambi√©n podemos desarrollar fortalezas, que dependen m√°s de nuestro interior que del despliegue externo de plumas de pavo real.

¿Pero c√≥mo podemos evitar caer en estas etapas degenerativas de la personalidad humana? El proceso implica dos etapas:

1¬™ Etapa: "No eres Nadie": 

Casi inevitablemente, dado que somos seres encarnados como individuos, separados de los dem√°s y con una perspectiva del mundo que pasa exclusivamente por nuestros sentidos, criterios, educaci√≥n previa y modelos asumidos, la conclusi√≥n inevitable es que YO SOY EL CENTRO DEL MUNDO. 

Evidentemente, necesitamos una vacuna contra esta percepción errónea. No basta con el simple reconocimiento "intelectual" de que no somos el centro del mundo, eso lo puede reconocer cualquiera, casi sin esfuerzo, a pesar de lo cual persistimos insistentes en esa visión egocentrista. Por tanto no basta la afirmación "buenista" de "yo soy uno más", porque actuamos y pensamos como si no lo fuésemos.

No es pues extra√Īo que todos los Maestros de la Humanidad, no importa desde qu√© √≥ptica hayan hablado, religiosa o no, todos insisten en la misma necesidad de cambiar nuestra conciencia "yo" a una conciencia "nosotros". Pero m√°s f√°cil es decirlo que hacerlo. Cada vez que abro mis ojos, veo el mundo a trav√©s de ellos, y la mejor buena voluntad fraternal fracasa ante el primer embate de la realidad, ante la confrontaci√≥n diaria con “los otros”.

¿Puede la cuerda horadar el duro brocal de piedra del pozo? Desde luego que s√≠, s√≥lo con la paciencia, el ejercicio voluntario y constante, que primero surge de una visi√≥n intelectual, pero que luego necesita el impulso de la voluntad y de todos nuestros sentimientos positivos, podemos conseguir encarnar ese sentimiento fraternal en una realidad humana.

Para ello, hay que considerar en cada momento, la impermanencia de todo cuanto nos rodea, la transitoriedad de todo, incluy√©ndonos a nosotros mismos. Tambi√©n es necesario considerar nuestra peque√Īez, mediante una visi√≥n realista, repito realista, que nos ense√Īa que s√≥lo somos una peque√Īa mota en el mapa de la ciudad donde vivimos,  nada en el mapa de nuestros pa√≠s y continente, una “nadidad” en la tierra, un habitante invisible de esa peque√Īa estrella solar, que es una estrella invisible en la blancura de la V√≠a L√°ctea... Uno en medio de una humanidad de ocho billones de habitantes, de los que nosotros somos la 0.000000000000125 parte. Teniendo en cuenta que el di√°metro de un √°tomo de hidr√≥geno es del orden de 0.0000000000510 metros, aunque estemos hablando de diferentes unidades, nos da una idea de lo √≠nfimos que somos en relaci√≥n a la totalidad, representada en un caso por la humanidad y en el otro por un metro...

2ª Etapa: Eres el Rey de Tu Mundo:

Investidos con la humildad que la verdadera realidad nos muestra, impregnados de nuestra propia transitoriedad, de nuestra debilidad inherente, acept√°ndola, emprendemos el camino, y lo que nos muestra es que si bien el mundo en su conjunto no nos pertenece, que aunque somos peque√Īos, inmensamente peque√Īos, nuestros sentimientos pueden ser tan grandes como queramos, tan grande que abarque todo aquello con lo que estamos conectados. M√≠a no es la Tierra, pero s√≠ esta tierra que tomo entre mis dedos; m√≠o no es este Universo, pero este es mi peque√Īo universo, el de la gente que amo y el de la gente que no amo y deber√≠a; m√≠a son mis palabras, y la capacidad de herir o no; m√≠os son mis ojos y mi capacidad para ver o no la realidad; m√≠os son mis o√≠dos para escuchar el lamento de los menos favorecidos; m√≠as son estas manos para hacer lo que pueda por los dem√°s, para trabajar por un mundo mejor. Este es mi mundo, y yo soy el √önico Rey Divino que puede hacerlo brillar. Al√©grate pues esta Navidad, porque el Ni√Īo Dios ha nacido, y eres t√ļ mismo. ¡Feliz Navidad!


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