domingo, junio 28

La Conexión Espiritual

LA CONEXIÓN ESPIRITUAL



En cierta ocasión se le hizo una pregunta a la gran maestra H.P. Blavatsky. Era una de esas preguntas a la que tan aficionados somos hoy en día, y que estriban en creer que para llegar a estados superiores de conciencia hay algún truco, algún secretillo que facilitaría el acceso a la sabiduría y a un estatus superior frente al resto de los comunes mortales. 

Muchos "aficionados" a estas cosas contempla el acceso a la sabiduría como una suerte de escalera de poder y reconocimientos, de encuentros con mahatmas etéreos (maestros de sabiduría) y estar al tanto de los grandes planes para la humanidad, de los que ellos, obviamente, gestionarán alguna parte.

La pregunta que le hicieron a Blavatsky consistía en saber cómo activar el chakra superior, el de "los 1000 pétalos", o sea ese supuesto centro de energía superior a nivel de la cabeza; porque puestos a pedir cosas mejor pidámoslo todo, para que andarse con medias tintas y perder tiempo con chakras inferiores.


Blavatsky, pacientemente, contestó que primero habría que activar o abrir el primer chakra inferior conocido como "muladara", y luego sucesivamente el segundo, el tercero... hasta llegar al 7º en cuestión, el de los 1000 pétalos. Entonces el cuestionador, que se veía que tenía prisa por llegar, preguntó de nuevo que cómo comenzar a activar el primero. La Gran Maestra, que por algo lo era, contestó que la activación del primero o inferior sucedía gracias a la intervención del 7º, el de los mil petalos... Uno puede imaginar la cara de tonto que se le quedó al preguntón, pues esto es algo como lo del huevo y la gallina.

Todo ser, todo órgano, nace de alguna semilla o causa, y al igual que la semilla del loto contiene en su interior una forma parecida a un pequeño loto, así todo lo existente tiene su origen en la semilla-causa originada en el ser maduro, de aquello que es superior y completo, en su arquetipo inspirador. Sin un impulso espiritual superior nada se empieza a construir en lo inferior, de tal manera que éste nivel inferior evolucione hasta ese estado superior.



Siempre que tratamos de lo espiritual lo corporeizamos, porque nuestra mente necesita agarrarse a algo "sólido" o concreto, y se pierde en la inmensidad de lo metafísico. Así imaginamos al espíritu y sus planos correspondientes con "formas" humanizadas más o menos transparentes en "lugares" celestiales, olvidando que el espíritu es incorpóreo o sea adimensional, y que el cielo no es el Valhalla imaginado por los vikingos, ni el cielo lleno de querubines, ni un trono con un señor barbudo que más recuerda al Júpiter de los romanos que al Dios-Naturaleza de Spinoza.


Debido a esta corporeización, a imaginar ese especie de fantasma translucido al que llamamos espíritu, los esoteristas que se plantean alcanzar dicho plano espiritual y hacerlo presente en nuestras vidas, se han imaginado fórmulas varias para "descender", "alcanzar" y "activar" ese espíritu, como si fuese un ascensor, o un tren que pasa rápido o una máquina que se puede encender. Olvidamos así que los dormidos somos nosotros, que a quienes hay que activar es a nosotros y que nosotros somos quienes tienen que ascender.


La tradición oriental habla no obstante de una suerte de conexión con ese elemento espiritual, una especie de puente entre el yo inferior y el yo espiritual llamado "Antakarana" (अन्तःकरण), de antara (interno, en medio, entre) y karana (causa, efecto preexistente en la causa, como la semilla del loto) ¿Pero dónde radica esa conexión, donde está esa semilla espiritual? 

Desde un cierto punto de vista todo nuestro universo es mental, porque si siento algo en un miembro de mi cuerpo lo percibo a través de mis sentidos y con mi mente, y soy consciente de la emoción que siento también a través de mi mente; la sensación de energía o de falta de energía puedo sentirla en mi cuerpo o en mis emociones, alegres o tristes, pero fuese cual fuese el caso finalmente lo percibo a través de una imagen mental. También cuando percibo elementos espirituales intuitivos es a través de mi mente, aunque su origen sea espiritual. Por tanto ese "antakarana" debe de estar en mi mente también. 

Si representamos al ser humano, como hicimos en un artículo anterior (véase) como un compuesto de cuerpo, energía, emociones y mente, y lo espiritual como un triángulo, este triángulo que representa al espíritu se refleja en cada uno de los compuestos inferiores de la personalidad humana:


Pero como cada uno de ellos los percibo a través de mi mente, finalmente será el triángulo que está reflejado a nivel mental el auténtico enlace con lo espiritual, el reflejo espiritual en nuestra mente sería el triangulo resumen. Ese debe ser el antakarana de la tradición, el puente y además la causa que contiene el efecto como el loto.

Según la tradición ese enlace entre el yo personal y el espíritu existe sólo en potencia, tiene que ser construido paso a paso, elevando la conciencia a través de un largo proceso. El llamado antakarana, el enlace entre lo superior y el yo inferior, es desgraciadamente un concepto mal utilizado hoy en día y con significados variados, sin embargo su significado fundamental es "el camino intermedio de las causas que poseen en sí misma las semillas o efectos"

En "La Voz del Silencio", libro místico de origen tibetano, se indica precisamente que el acceso a lo superior es a través de 7 portales, y estos 7 portales según Blavatsky se corresponde también con los 7 divisiones del antakarana, de tal manera que éste se convierte así en el auténtico campo de batalla

"Estos Portales conducen al aspirante, a través de las aguas, «a la otra orilla». Cada Portal tiene una llave de oro que abre su puerta; estas llaves son:

1. DANA, la llave de caridad y de amor inmortal.

2. SHILA, la llave de la armonía en la palabra y acción, la llave que contrabalancea la causa y el efecto, y que no deja ya lugar a la acción kármica.

3. KSHANTI, la dulce paciencia que nada puede alterar.

4. VIRAG', la indiferencia al placer y al dolor, vencida la ilusión, percíbese la Verdad pura.

5. VIRYA, la energía impertérrita, que desde el cenagal de las terrenas mentiras, lucha
abriéndose paso hacia la VERDAD suprema.

6. DHYANA, cuya puerta de oro una vez abierta, conduce al Narjol hacia el reino del eterno
Sat y su contemplación incesante.

7. PRAJNA, cuya llave hace del hombre un dios, constituyéndole en Bôdhisattva, hijo de los
Dhyânis.

Tales son las llaves de oro de los Portales."
[La Voz del Silencio, Fragmento III, Los 7 Portales]

Dedicaremos otro artículo a comentar cada uno de estos portales. Pero por ahora baste con saber que estos siete portales conducen a recorrer ese "puente" que da acceso al Espíritu, o mejor dicho que eleva nuestra conciencia hasta integrarse con él. Pero no hay que asustarse con esta difícil terminología, seamos valientes, las cosas son en lo intelectual más fácil de lo que parecen, aunque la práctica, bueno... la práctica es otra cosa.

Ahora bien, en qué consiste ese triángulo del Espíritu, cómo puedo percibirlo en mí... para ello deberemos definir primero qué entendemos y qué percibimos del Espíritu...

continuará


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