jueves, junio 30

La Medicina del Futuro II - Salud Mental

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SALUD MENTAL

La Salud Mental, no se refiere a un aumento de nuestras capacidades mentales, memoria, c√°lculo, lenguaje, etc. Se refiere en realidad a un Equilibrio, un estado de quietud que nos permita ver tras el velo cambiante del agitado mundo alrededor y de nuestros propios pensamientos.

Este necesario equilibrio est√° basado en la moderaci√≥n, y sobre todo en la SERENIDAD, la capacidad de “frenar” nuestra angustioso frenes√≠ mental, de prestar aut√©ntica atenci√≥n a lo que realmente importa.

Nuestra mente se mueve entre el Rechazo y el Deseo, y todo ello en un ambiente de Ofuscación mental. Si al rechazo y el deseo, que son la misma cosa manifiesta en direcciones inversas, le oponemos un dique de contención, éste se llamará SERENIDAD, esa preciosa virtud que hace ver las cosas desde una distancia impersonal, en paz y sin ansiedad.

Si a nuestra ofuscaci√≥n mental le intentamos oponer un valor contrario, s√≥lo encontraremos como t√©rmino v√°lido la SABIDUR√ćA, que es capaz de ver m√°s all√° del velo que cubre la realidad del mundo y de nosotros mismos. Esta ofuscaci√≥n mental tiene una doble vertiente, ofuscaci√≥n con respecto a nosotros mismos y con respecto al mundo:

  1. La visi√≥n equivocada y confusa de nosotros mismos, la ofuscaci√≥n propia, que tiene una sola cura: “Con√≥cete a Ti Mismo”, en la que la filosof√≠a viene en nuestra ayuda, porque ese conocerse no es una operaci√≥n intelectual, sino vivencial y operativa, llena de sabidur√≠a vital.

  2. Mientras que la ofuscaci√≥n con respecto al mundo exterior es lo que los antiguos llamaban “Maya”, o sea la ilusi√≥n a la que el mundo evanescente y transitorio nos somete, haci√©ndonos ver cosas que no existen o que son falsas. Buscar el significado real del mundo en que vivimos, y nuestro lugar y papel en el mismo, es el comienzo de la cura, y eso s√≥lo puede alcanzarse dando un giro hacia el interior.

Tendremos que volver y escuchar esas palabras que, dichas hace cientos de a√Īos, incluso milenios, pueden seguir siendo √ļtiles, incluso ahora mismo. A pesar del tiempo, las palabras de sabidur√≠a todav√≠a resuenan con fuerza en el coraz√≥n de aquellos que se acercan humildemente a escuchar a aquellos hombres. ¡Qu√© gran suerte tenemos hoy!, poder tener entre nuestras manos, ante nuestros ojos, a Plat√≥n, a Marco Aurelio, a S√©neca, a Ptahotep, a Confucio, a Shankaracharya ,etc. Est√°n ah√≠, y para ponerlos en funcionamiento, para que nadie diga que son in√ļtiles cosas sin vida, basta con leer sus consejos con humildad, con atenci√≥n, escuchando desde el coraz√≥n. Entonces, esas palabras resonar√°n vivas en tu interior, y te har√°n sentir que no est√°s s√≥lo, que caminas acompa√Īado por los Grandes.

Comp√°ralas ahora con las palabras diarias que nos golpean: nos invaden y persiguen desde las noticias, desde la propaganda, desde las conversaciones indiferentes en el trabajo, en la escuela, o en el hogar, en la prensa o en la radio. Mientras que, por el contrario, aquella otra experiencia √ļnica, te llevar√° al coraz√≥n de ti mismo, a aquello que algunos llamaron la Voz del Silencio, indiferente al parloteo continuo de la mente alocada.

Una falsa opini√≥n, una idea errada, penetra en tu interior, por negligente, por atolondrado, por falta de atenci√≥n. Una vez dentro te destroza, d√≠a a d√≠a, inadvertidamente, y antes que reacciones, llevado por esa misma idea, buscar√°s otra parecida, una compa√Īera asesina de la anterior. Ahora estas dos juntas, si tu no reaccionas, procrear√°n muchas otras ideas, se multiplicar√°n infinitamente, har√°n que tu mente gire y gire sin descanso, y te arrastrar√°n hasta el fondo.

La insatisfacción, el deseo contrariado, llevará a herir tu yo sensible, sentirás dolor, y con el dolor sentirás todos los sentimientos negativos, que acabarán por hacerte sentir triste, en el mejor de los casos, o loco en el peor.

Tus energ√≠as se resentir√°n, se gastar√°n in√ļtilmente en esa lucha mental y emocional, se consumir√°n al trabajar por cosas que no merecen la pena, o simplemente encontrar√°s las manos vac√≠as despu√©s de tanta lucha y dolor.

Tus sistemas fisiológicos empezarán a notar el desgaste, comenzarás a andar despacio como si llevarás una carga muy pesada, o quizás al contrario lleno de ansiedad correrás de una lado a otro sin saber como calmar la sed que te consume.

Luego algunas partes de tu cuerpo empezarán a funcionar mal, hasta que aparece su consecuencia, la enfermedad física.

Pero peor que la enfermedad f√≠sica, que a veces depende de accidentes, es la enfermedad mental, porque al fin y al cabo el ser humano es un ser mental, y si eso se corrompe y se destruye, qu√© queda entonces que merezca la pena, ¿salvar el cuerpo?

La Buena Salud, comienza y termina, en la Salud Mental, y √©sta s√≥lo tiene una medicina, el Esp√≠ritu que vigila y te acompa√Īa y al que s√≥lo hay que escuchar un poco, no es nadie ajeno a ti, ni un gran sabio gur√ļ ante el que hay que postrarse, sino T√ļ Mismo en la dimensi√≥n sin tiempo, donde permaneces Despierto.

Acabas de presenciar el descenso desde lo mental a lo f√≠sico. Ahora se trata de emprender el camino contrario, trabajar la salud desde lo f√≠sico pero desde una direcci√≥n espiritual y mental diferente, curando hacia arriba, cuerpo, vitalidad, sentimientos, mente y el puente que da acceso a lo espiritual…

En cierta ocasi√≥n le preguntaron a H. P. Blavatsky c√≥mo se pod√≠a “despertar” o activar el “chakra superior” o coronal, llamado el de los Mil P√©talos, o sea los centros energ√©ticos superiores en relaci√≥n indirecta con lo espiritual. Ella contest√≥ que para activar este chakra, primero hab√≠a que activar el m√°s inferior, llamado Muladhara, y luego en l√≠nea ascendente el segundo, y el tercero, etc., hasta activar el superior.

Entonces de nuevo preguntaron sobre c√≥mo hab√≠a que activar el inferior para as√≠ empezar a ascender hasta el superior. Y Blavatsky contest√≥ que el inferior comienza su activaci√≥n gracias a la acci√≥n del superior (¡?). Quedaron perplejos con la contestaci√≥n.

Ciertamente, para llegar al pico de la monta√Īa, hay que escalar desde abajo, pero la voz que te llama para ascender es la de la Cumbre de la Monta√Īa, la que est√° m√°s all√° de las nubes.

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