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Simbología Numérica 8 - La Ogdóada - Parte II

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La Ogdóada y el Diagrama del Emperador Fu-Xi

Imaginemos por un momento que estamos en un desierto arenoso, sin marcas de ningún tipo, una extensión que al ojo humano parece infinita. Cuando se cruza en un jeep, nos da la sensación de estar navegando balanceándonos en un mar de arena, no hay referencia alguna, no se ven cosas moverse alrededor, no hay plantas ni piedras, sólo el movimiento lateral del jeep, suavemente hacia los costados como si fuese un barco, y al frente el horizonte imperturbable e inalcanzable formado por las dunas.

Esa experiencia puede vivirse en algunos sitios del mundo, no en todos los desiertos. En este caso se trata del Desierto Blanco, cerca del oasis de Farafra, en Egipto.

Al establecer un templo, que no es más que el lugar de encuentro de los seres humanos y los dioses, entre lo de arriba y lo de abajo, la primera ceremonia consiste en “delimitar” el terreno, lo que los antiguos egipcios llamaban la Ceremonia de la Extensión de la Cuerda, en la que en nombre del faraón, y utilizando instrumentos básicos de medida, se determinaba el momento y los límites exactos que demarcarán aquella nueva “estación de seguimiento” de los dioses.

El templo, y en especial la capilla del dios, son el lugar donde se manifiestan las fuerzas creadoras.

El templo y la cámara del dios son equivalentes a la capilla funeraria del dios humano, del nuevo Osiris humano, que como vimos en el artículo anterior surge del huevo-tumba, del cubo mágico. Es decir que el hombre septenario, accede a otra dimensión, en la que su nuevo cuerpo ya no es el cuerpo de carne y sangre, ya momificado, sino el “cuerpo glorioso”. Creencia que luego se transfiere al cristianismo, donde en textos primitivos como las Cartas a los Corintios se describen dos “cuerpos” para el ser humano, el mortal y el inmortal.

Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder; se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual.

(1 Corintios 15:35-58)

Pasar del Septenario al Cuerpo de Gloria, al que los antiguos denominaban el “Augeoides”, o sea el Huevo Áurico. Todo esto es lo que detallamos en el anterior artículo, cómo pasar del 7 al 8.

Pero ese “Cubo” es también “Cubo-Templo-Mundo”, donde se manifiestan los dioses. O sea que ahora hablamos del proceso contrario, vamos desde arriba hacia abajo hasta la creación del hombre, desde arriba pasando por el 8 hasta el 7.

Lo veremos en dos modalidades:

  • La creación del Mundo, y la aparición de los agentes constructores básicos
  • La creación del Mundo desde el punto de vista oriental, y la del hombre en particular.

En el Egipto antiguo uno de los mitos de la creación es el que se originó en “Jemenu”, “La ciudad de los 8”, que no es un nombre casual. Era la ciudad central del culto a Thoth, llamado Hermes por los griegos, y de ahí que la ciudad fuera conocida por ello como Hermópolis, la ciudad de Hermes.

Míticamente se dice que allí nació la primera montaña o tierra seca sagrada surgida de las aguas del Caos primitivo. Hay 8 deidades primigenias, que representan aspectos relacionados más bien con el origen de la creación más que con su desarrollo posterior. Como en el mito heliopolitano, los principales actores son fuerzas primarias acuáticas, que surgen y actúan en las aguas primordiales. Esta Ogdóada está conformada por 4 grupos dobles, masculino y femenino:

  • Nun y Naunet son el agua inerte del caos en sí mismas; inactivas.
  • Huh y Hauhet son la extensión infinita del agua que se expresa en la inundación primigenia;
  • Kek y Kauket, son la oscuridad en el interior del agua;
  • Amun y Amunet. La palabra Amun significa “oculto o invisible” por tanto es lo incognoscible del mundo primigenio, como opuesto al mundo tangible de los vivos.

Todos ellos son seres acuáticos, y establecen con su aparición las primeras condiciones o bases “cúbicas” para la creación del mundo.

La Creación Primordial en la Antigua China

Una antigua leyenda habla de uno de los primeros emperadores de China, el legendario Fu-Xi, siendo él mismo medio serpiente, o sea un Naga, o iniciado. Se dice que un día vio aparecer del agua del río Amarillo un dragón-caballo que se contorsionaba en su movimiento zigzagueante, sobre cuya espalda pudo distinguir unos signos sagrados que rápidamente copió. Dichos signos son los llamados Bagua o Pakua. los 8 trigramas sagrados de la tradición china:

¿Cómo se originaron? Pues partiendo de lo indefinible y desconocido, “Wu-Ji” (“Sin Límites”), o sea innombrable, más allá de cualquier definición, y que se representa como un círculo no acotado:

A partir de ahí, su primera manifestación es la unidad representada por el Tao, de donde se genera la dualidad del Yin y Yang:

Que va tomando vida progresivamente,

Hasta conformar la dualidad Yin-Yang plenamente:

La triple duplicación del Yin-Yang, o sea la dualidad de la dualidad de la dualidad, es lo que da origen a los 8 PaKua o Bagua vistos anteriormente, base de la manifestación, según dicen los textos canónicos, de 10.000 seres.

¿Qué nos enseña el número 8?:

  • Que toda manifestación tiene un orden y estructura, hasta los mismos dioses se atienen a ella.
  • Que somos, como apuntamos en el artículo pasado, un embrión en el huevo del mundo, esperando a eclosionar.
  • Que primero tenemos que aprender a andar y manejarnos en la dualidad armónica, o sea la Armonía por Oposición, las cosas no son blancas y negras, al menos en este mundo, sino que hay que buscar el Tercer Punto de Equilibrio, que es el Tao que no se ve, el trasfondo espiritual que está detrás de todas las antinomias aparentes.
  • Que el primer trabajo es evitar la dualidad perniciosa, que consiste en ir dando saltos de una cosa a la otra, evitando así el fanatismo en las posiciones enfrentadas irremediablemente.

A todo eso se le llama, encontrar...

"El Camino del Medio"

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