viernes, octubre 22

Medicina, Esoterismo y Fe

 MEDICINA, ESOTERISMO Y FE

Lo esot√©rico o sea lo realmente oculto, por su propia definici√≥n no es accesible, no es comprensible, no est√° el alcance de todos y en general no conviene al que no est√° preparado. Por otro lado, esta palabra se ha convertido hoy en una feria de vanidades, enga√Īabobos e hist√©ricos. Ahora bien, ateni√©ndonos a la definici√≥n y no a la opini√≥n, lo realmente esot√©rico es aquel conocimiento que subyace detr√°s de todo lo visible y aparente, o sea el sustrato a√ļn no conocido tanto en la naturaleza como en el hombre. Los falsos esoterismos por contra se ocupan de mostrarnos toda su parafernalia, cuanto m√°s absurdo y estramb√≥tico mejor.

La difusi√≥n de todo tipo de libros, programas de televisi√≥n, pel√≠culas, etc., que utilizan estos arcanos conceptos, ha hecho que nos hayamos acostumbrado a jugar con lo sagrado, manose√°ndolo hasta hacerlo irreconocible. Y por sagrado no me refiero al concepto religioso, sino a ese umbral tras el cual se oculta la realidad √ļltima ante la que todo ser humano inclina su cabeza.  

Una pobre e ignorante anciana en un pueblo perdido, que con intensa  humildad reza a un dios para que su familia est√© bien y para sentirse cerca y seguidora de ese bien, si adem√°s lo corrobora con sus actos, estar√° m√°s cerca de la verdad que cualquier "esoterista" que suele saber de todo y hacer nada. Y no es que, seg√ļn creo, ese dios haya contestado, sino que un poder inmenso encerrado en el propio ser humano se desata a trav√©s de su acci√≥n benefactora y su buena voluntad. 

La medicina, que no es totalmente una ciencia, dada su profundidad y por tratar con el ser m√°s complejo y conocido de la creaci√≥n, se presta, a diferencia de las otras ciencias que s√≠ lo son realmente, a la manipulaci√≥n y a la superstici√≥n. As√≠ ha dado lugar a toda clase de bulos y creencias falsas, cayendo en las manos de curanderos e ignorantes aprovechados,  atrayendo as√≠ pacientes en b√ļsqueda de la v√≠a f√°cil para escapar de la realidad de sus enfermedades.

Cuando hago esta cr√≠tica muchos pudieran pensar que esta es la cr√≠tica de un esc√©ptico, de un ateo o de uno sin fe. Y quiz√°s tengan raz√≥n porque si por esc√©ptico entendemos aquel que antes de aceptar algo desconocido, las historias fabulosas y los rumores y prefiere comprobarlos por s√≠ mismo, entonces desde luego me declaro culpable, sin lugar a dudas, soy un esc√©ptico. 

Si por ateo entendemos una persona que no cree en ning√ļn dios fantoche, ni en ning√ļn semidi√≥s o ser humano al que necesariamente haya que adorar, entonces dir√© que s√≠, que soy un gran ateo, porque en lo que creo, aquello que presiento, es en el gran misterio del Universo infinito, tan grande como el misterio que anida en m√≠ mismo. 

Tambi√©n soy un hombre sin fe teol√≥gica, porque la clase de fe que tengo es la de esperar que probablemente la corriente del arroyo descienda, como el agua de lluvia, y conf√≠o en que la piedra que se arroja contra el cielo finalmente caiga por su peso. Esa es la fe que tengo. Y tambi√©n he de a√Īadir que dado que observo el universo que me rodea, y dado que estoy dotado de pensamiento y raz√≥n para que la use, y dado que veo vida por doquier, comprendo que hay una Vida Infinita que subyace detr√°s de todo. Para todo eso no soy esc√©ptico, en todo eso creo y tengo fe.

La medicina, as√≠ nos cuenta la historia, surge en la mayor√≠a de las civilizaciones de la mano del misterio, de seres superiores o especiales que dotan al hombre con ese conocimiento. Pronto ese origen misterioso se convierte en un conocimiento reglado, en un intento de observar la naturaleza y extraer conclusiones. 

Dice la gran maestra H.P. Blavatsky que la medicina es la m√°s racionalista de las ciencias porque el m√©dico intenta siempre buscar las causas, las condiciones, y las consecuencias de la enfermedad. As√≠ la medicina surge como una rebeli√≥n contra la ignorancia oponi√©ndose radicalmente a que la enfermedad s√≥lo sea el resultado del destino, o del mal ag√ľero, o del diablo. No pocos m√©dicos a lo largo de la historia tuvieron que v√©rselas con varias "inquisiciones", cristianas, musulmanas, orientales y occidentales.

La medicina ocupa por tanto un lugar especial entre los conocimientos humanos, participa de la ciencia pero al mismo tiempo tiene orígenes misteriosos, trata cuerpos y almas, es crédula y también escéptica, es individualista y también le concierne lo social. Los buenos médicos también participan de esos elementos, se nutren de la ciencia pero saben al mismo tiempo que hay un plano profundo en el ser humano en el que intervienen las creencias, el alma, lo psicológico y lo sagrado.

Esa posici√≥n intermedia es dif√≠cil de mantener. A menudo el m√©dico pretende ser s√≥lo un cient√≠fico, se vuelve fr√≠o y no conecta con el ser humano; es capaz de organizar, cortar, curar el cuerpo, pero √©ste vuelve a caer enfermo porque hay algo dentro que nadie ha curado. Otras veces se vuelve perezoso, negligente, demasiado "humano", y pierde la capacidad de curar, apenas es capaz de cumplir con protocolos autom√°ticos que casi ni entiende. 

Este ser√° el futuro de nuestra medicina "cient√≠fica": el "m√©dico hiper cient√≠fico" persistir√° encerrado en un laboratorio, quiz√°s en una cabina centralizada, desde donde supervisar√° la marcha de ordenadores de diagn√≥stico y tratamiento, que habr√°n reemplazado al otro tipo de m√©dico, al negligente y vago. Los pacientes se limitar√°n a presentar una tarjeta de identidad, o un chip insertado en el brazo, el laboratorio automatizado tomar√° unas muestras de sangre y tejidos, procesar√° unas im√°genes digitalizadas, y eso ser√° todo. Convenientemente la cinta transportadora depositar√° al paciente al final de un fr√≠o corredor donde recoger√° su ropa y saldr√° a la calle. El tratamiento lo recibir√° en una comunicaci√≥n digital. Amazon o algo parecido se encargar√° de enviarle a casa los medicamentos. Si hubiese que operar los robots estar√°n preparados.

Y creo que funcionará muy bien... pero sólo físicamente.

Del otro lado opuesto tenemos a los m√©dicos esot√©ricos que s√≥lo se entienden a s√≠ mismos, que saltan de una novedad a otra, de un nuevo remedio curalotodo a otro curalotodo plus, que pretenden ser espirituales pero cobran bien por sus servicios. Aqu√≠ se integran todo tipo de espec√≠menes: m√©dicos alternativos, astr√≥logos, yerbateros, radiestesistas, cirug√≠a espiritual, cristales m√°gicos, hamerianos, o los que atribuyen las enfermedades a los "pecados" de nuestros ancestros que hay que redimir y perdonar. Todo esto es una aberraci√≥n que obstruye y oculta el verdadero esoterismo m√©dico, o sea la capacidad de ir m√°s all√°, profundamente. 

Necesitamos un m√©dico nuevo y diferente, que al mismo tiempo que estudia y est√° al d√≠a en todos los conocimientos cient√≠ficos y no cient√≠ficos, se conozca a s√≠ mismo, y para ello, en primer√≠simo lugar es necesario que ese m√©dico sea realmente esot√©rico, o sea que sepa profundizar en el interior de su ser, en la propia psicolog√≠a, en el centro de uno mismo, para curarse as√≠ de sus aberraciones y de su ignorancia, de su negligencia y de su falta de empat√≠a con el sufriente. Ese es el tipo de esoterismo primario que necesitamos los m√©dicos. Y luego quiz√°s, despu√©s de limpiar el espejo del alma, pudiera ser que encontr√°semos tesoros ocultos de energ√≠a vivificante, secretos inexpresables que a trav√©s de ese misterio de la simpat√≠a y solidaridad con todos los seres vivos nos lleven a curar lo incurable, aliviar siempre, consolar siempre, y acompa√Īar en la enfermedad fraternalmente.

En esa Medicina sí que creo.

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