martes, octubre 20

El Silencio de los Corderos

 El Silencio de los Corderos


La paz está en tu interior (?), al menos eso dicen. Algunos acompañan esa información con una sonrisa y entornando los ojos. Es como si al cerrar los ojos... ya estás en el "interior". Claro que cabría preguntarse qué clase de interior, ¿abdominal, cerebral, visceral? 

Pero es que además, en ese interior, pero que muy interior, en esa oscuridad óptica del alma nos interrogamos por las más profundas esencias espirituales, preguntándonos por ejemplo sobre la PAZ aún más grande que nos espera en el Nirvana, Samadhi o cualquier otra de esos estados concebidos como si fuesen  una suerte de imbecilidad inútil.

Esa es la paz que está de moda, mindfulness, relaxation, yoga samsara y comsara, la paz que adormila, la paz de los inacción, la paz que busca la felicidad, ignorando que eso de la felicidad es un peligroso laberinto mental. Es también la paz de los sordos, que cierran la puerta para no escuchar molestos dolores ajenos, y la paz de los ciegos que cierran los ojos para no ver, y ya que estamos en esas mejor será estar callados, así lograremos la sabiduría y la paz de los Tres Monos Sabios. 

Un sabio de los de verdad decía que la paz sólo es el momento de descanso y preparación para la próxima batalla, y cuánto antes nos apliquemos a ello mejor será para nosotros. Porque esa falsa calma y quietud, que se fundamenta en alejarse del dolor y de la realidad, es profundamente egoísta y egocéntrica. Y ahí radica el error, porque lo ego-céntrico hace que nuestra conciencia se aferre a algo que en realidad no existe, algo que es cambiante y perecedero, y los peor de todo es que en esa oscura caverna del "ego" yacen las serpientes y las sombras, las dudas, el miedo, y un largo etcétera. 

Y los monos "sabios", cuando se cansan, porque al final se cansan... abren los ojos y se destapan los oídos y comienzan a hablar entre ellos, más bien cuchichean y critican, formando una camarilla cerrada sobre sí misma.

El problema radica en que no entendieron que la paz no se encuentra en el silencio sino en la "lucha en silencio", porque quien debe estar callado es uno mismo, dejando de criticar vomitando nuestro malestar sobre los demás. La paz no se obtiene en el interior, sino luchando en el exterior.

No permitas que el sol ardiente seque una sola lágrima de dolor, antes que tú mismo la hayas enjugado en el ojo del afligido. Pero deja que las ardientes lágrimas humanas caigan una por una en tu corazón, y que en él permanezcan sin enjugarlas, hasta que se haya desvanecido el dolor que las causara. Estas lágrimas, oh tú de corazón muy compasivo, son los arroyos que riegan los campos de caridad inmortal. En este suelo es donde crece la flor de la medianoche, la flor de Buddha, más difícil de encontrar y más rara de ver que la flor del árbol Vogay. (La Voz del Silencio, HPB)



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