viernes, marzo 4

Conciencia y Totalidad

Conciencia y Totalidad

La Conciencia, "cum-scire", por definición es aquello que posee un conocimiento global del propio hombre, de sus propios actos y consecuencias, la conciencia moral, pero también consiste en el conocimiento relacionado conmigo mismo y con el mundo que me rodea.

En origen la palabra “cum-scire” conten√≠a tambi√©n el significado de "discernir", separar y distinguir. Precisamente el primer acto de conciencia consiste en darse cuenta de la existencia de uno mismo en contraposici√≥n al mundo.

Podemos agregar adem√°s la cualidad de "Amplitud", es decir la capacidad de integrar simult√°neamente muchos elementos. Cuanto m√°s amplia sea, diremos que dicha conciencia es m√°s global. Pero una conciencia verdaderamente global es aquella que no s√≥lo integra muchas cosas a la vez, sino que adem√°s lo hace en un cierto orden definido. No se trata de la conciencia ca√≥tica, m√ļltiple y dividida de un esquizofr√©nico o del consumidor de drogas psicod√©licas, sino una s√≠ntesis ordenada de todo lo que yo soy, una conciencia capaz de abarcar y relacionar al mismo tiempo esa totalidad. Posee por tanto un axis y un centro y una periferia.

La conciencia posee tambi√©n "Direcci√≥n" primaria y b√°sica,  que forma parte de su propia esencia, y que consiste en su transformaci√≥n y evoluci√≥n progresiva viajando hacia delante a lo largo de la l√≠nea del tiempo. Adem√°s del transcurrir normal e inevitable de la conciencia acompa√Īada de la percepci√≥n del tiempo, hay dos “saltos” que, aunque en teor√≠a dependen de nuestra voluntad, son dif√≠ciles de controlar: un salto hacia atr√°s en el tiempo, que se gestiona a partir de la memoria, y otro salto anticipado hacia el futuro y que se sustenta en la imaginaci√≥n y la fantas√≠a.

Podr√≠amos decir, desde este √ļltimo punto de vista, que el transcurrir de la conciencia a lo largo del tiempo es como una balanza cuyo punto de apoyo es el presente, uno de sus brazos es el futuro y el otro el pasado. Y aunque el punto de conciencia siempre se mueve hacia delante, entre dos infinitos, el brazo del futuro atrae sobre todo nuestra atenci√≥n en la juventud, mientras que el brazo del pasado posee m√°s peso con el paso de los a√Īos hasta hacer que nos detengamos en un bucle repetido de memorias encadenadas, del que solo desviamos nuestra atenci√≥n cuando algo nos recuerda la muerte inexorable que se aproxima por delante.

La atenci√≥n, seg√ļn el Prof. Jorge Angel Livraga, ser√≠a aquello que permite conocerse para poseerse. En otras palabras, la atenci√≥n es lo que centra la acci√≥n enfocando nuestra conciencia en determinadas tareas u objetos, ya sea en el presente o en el pasado, en lo trascendente o en lo intrascendente. La conciencia se mueve no s√≥lo en el tiempo, sino tambi√©n hacia arriba y hacia abajo seg√ļn sus contenidos. O mejor dicho, el foco de la conciencia, la atenci√≥n, o bien se eleva hasta planos superiores o desciende a planos inferiores. Por superior entenderemos los contenidos de la conciencia que se relacionan con lo intelectual profundo y lo espiritual, incluyendo adem√°s el juicio moral. Los contenidos inferiores son aquellos que se refieren a la mera supervivencia, deseos, placer y dolor relacionados con los planos f√≠sicos de la existencia.

Obviamente, aquí hay un factor importante a considerar: aquello que "fuerza u obliga" a dirigir la atención de la conciencia en un sentido determinado es lo que realmente importa: eso es la Voluntad Pura, en contraste con las atracciones y requerimientos de lo instintivo y de los estímulos del mundo que me rodea.

Lo Inconsciente y Subconsciente

No se refiere aquí al concepto freudiano. Entendemos por Inconsciente aquella parte de nuestra experiencia pasada o presente a la que nuestra conciencia no tiene fácil acceso o no puede ver claramente porque hay prejuicios, ignorancia o "cegueras" psicológicas que nos impiden verlo.

Para las filosofías orientales, toda experiencia estaría oculta bajo la capa de "Maya", la ilusión básica que oculta a nuestra vista interior los elementos de la realidad. Como resultado, el ser humano vive en un estado de "avidya", o ignorancia por ceguera, por distorsión.

Por Subconsciente entenderemos aquella otra parte de la que aunque no somos conscientes todo el tiempo, sin embargo f√°cilmente podemos acceder a su contenido, como por ejemplo cuando leemos un libro interesante, y nos olvidamos por un momento de las cosas que nos rodean, pero que de manera sencilla pueden penetrar de nuevo en el √°rea de nuestra conciencia.

Los aspectos inconscientes se refieren pues, en t√©rminos orientales, a aquellas cosas que no percibimos porque la ilusi√≥n del mundo las oscurece. Ese no darse cuenta es lo que los orientales llaman "Avidya", que es la negaci√≥n de "vidya", de donde procede en lat√≠n “video”, o sea ver y discernir.

Por esta raz√≥n Avidya no es meramente la ignorancia, pues eso ser√≠a agnyana, que es la negaci√≥n de gnyana o conocer. Avidya es la ignorancia que procede del que no ve, del que no se da cuenta de la realidad, de la verdad que est√° oculta detr√°s de la ilusi√≥n del mundo o "Maya". Se trata pues de el enga√Īo y del autoenga√Īo al mismo tiempo.

Lo que la conciencia no abarca, o mejor dicho, lo que no es capaz de desvelar o penetrar es debido a su propia limitaci√≥n en cuanto a su capacidad de expansi√≥n o inclusividad, y tambi√©n a su limitaci√≥n para enfocarse donde la voluntad lo requiere, ya sea en contenidos elevados o en necesidades vitales b√°sicas. 

Esta limitaci√≥n predeterminada de la conciencia, es lo que nos lleva a plantearnos hasta qu√© punto el ser humano es libre de actuar y pensar seg√ļn su propia voluntad, y por tanto a analizar qu√© se entiende por libre albedr√≠o y determinismo.  

Libre Albedrío y Determinismo

√Čsta dualidad opuesta ha sido el eje sobre el que han debatido muchos pensadores, fil√≥sofos y cient√≠ficos. Desde los que predican, y nunca mejor dicho, el libre albedr√≠o del ser humano, y por tanto su condenaci√≥n ad eternam por sus pecados y errores cometidos a lo largo de esta desdichada encarnaci√≥n, hasta los que consideran al ser humano una mera agregaci√≥n mec√°nica de √°tomos, conformando una especie de robot que piensa de s√≠ mismo que es libre, y que realmente s√≥lo sigue mec√°nicamente las leyes y movimientos naturales a los que se ve expuesto.

 Obviamente, nacemos con muchos factores ya predeterminados en la g√©nesis de nuestra personalidad. No s√≥lo se trata de la gen√©tica heredada, tambi√©n hemos de tener en cuenta el desarrollo m√°s o menos an√≥malo desde la infancia de nuestro cuerpo y cerebro. Tambi√©n nos influencian otros factores, como la educaci√≥n recibida, la √©poca en la que hemos nacido y las "falsas creencias" acerca de nosotros mismos y del mundo alrededor.

¿Hay libre albedr√≠o? No, definitivamente no. Estamos sin duda condicionados.

"No existe en la mente del hombre libre albedr√≠o absoluto: la mente queda determinada por desear esto o aquello, y ello por una causa determinada a su vez por otra causa, y √©sta a su vez por otra causa, y as√≠ hasta el infinito". Baruch Spinoza.

Como se√Īala Spinoza, no hay libre albedr√≠o ABSOLUTO. Pero s√≠ hay desde luego una cierta libertad, cuyo grado var√≠a entre los seres humanos.

Ahora bien, ¿c√≥mo compatibilizar mi sentimiento profundo de libertad, de ser capaz de elegir lo que quiero, cuando seg√ļn la ciencia el mundo puede ser explicado perfectamente por medio de leyes f√≠sicas invariables.

¿Entonces hay total determinismo? Tampoco es cierto, el ser humano, como dec√≠a Ortega y Gasset, es √©l y sus circunstancias, pero tambi√©n sus posibilidades, que son el producto de su esfuerzo personal venciendo m√°s o menos sus limitaciones.

El factor clave en juego es la existencia o no de una Voluntad Pura Actualizada, o sea una Voluntad Libre capaz de actuar independiente, sin estar sujeta a los dictados tanto de la materia como de las oscuridades y distorsiones mentales, o sea desarrollada hasta el límite de sus posibilidades.

Todos los seres humanos poseemos un germen de Voluntad Pura, pues esta es la esencia √ļltima de su existencia, el Rayo que justifica el despliegue de todo el resto de nuestra personalidad para hacer frente as√≠ a esta encarnaci√≥n en la que vivimos y experimentamos. 

Todo lo existente alrededor, piedras, plantas, animales e incluso los √°tomos, manifiestan una voluntad b√°sica, la voluntad que justifica su propia existencia y naturaleza. Un √°tomo que “existe”, es decir que se manifiesta como existencia, es tambi√©n una ley que se manifiesta y por tanto una voluntad que la impulsa. Pero ah√≠ termina su “voluntad”, su capacidad de decidir es, a ojos humanos, pr√°cticamente nula, porque viene determinada por los l√≠mites de la ley. Conforme avanzamos en la escala evolutiva, en los animales, por ejemplo, s√≠ se manifiesta una cierta voluntad propia, pero que est√° sujeta al instinto y a las leyes naturales, expresi√≥n de su propia necesidad y supervivencia.

Se√Īalaba antes el requisito de una Voluntad Pura Actualizada, es decir una Voluntad que haya podido liberarse, al m√°ximo de sus posibilidades, de las ataduras a las que la someten las leyes naturales materiales. 

Y aqu√≠ yace la diferencia entre los seres humanos, porque el nivel de actualizaci√≥n de la voluntad var√≠a de unos a otros. En unos casos la voluntad pura es incipiente, apenas se manifiesta, el sujeto act√ļa casi mec√°nicamente obedeciendo a los impulsos e instintos a los que se ve sometido. Desde ese nivel hasta el m√°s superior, el de los seres humanos que, al superar precisamente su condici√≥n humana, superan todas sus limitaciones como tales, manifest√°ndose su Voluntad de manera clara y diamantina. 

Entre esos dos extremos, se asientan los diversos estados de libre albedrío y determinismo en nuestra conducta.

Por consiguiente, elevar nuestra conciencia requiere primero soltar lastre, buscar en esa parte oscura de nuestro yo, de su historia, buscar los atavismos y herencias, aquello que nos frena. No se trata de una b√ļsqueda intelectual, anal√≠tica, salvo en lo imprescindible, sino una b√ļsqueda de libertad, rompiendo barreras con nuestra Voluntad, Inteligencia y Amor.

Por consiguiente, m√°s que conquistar la Libertad, que de hecho est√° impresa en la misma ra√≠z del ser humano, se trata de liberarse del yugo de la materia, de sus imposiciones. Esta conquista nunca es de un d√≠a, ni el resultado de ninguna iluminaci√≥n s√ļbita, sino del trabajo paciente de “limpieza” de escorias y barro que cubren el Diamante Pr√≠stino del Ser.

Sólo entonces, a partir de esa transparencia bajo la Luz Divina del Ser es cuando se comienza realmente a vislumbrar la Totalidad desde la Nueva Conciencia Renovada.

Descargar en PDF