viernes, febrero 26

La Eterna Música de Egipto

 LA ETERNA MÚSICA DE EGIPTO


Un breve sumario de la música egipcia y su supervivencia a través del tiempo en las tradiciones populares de Egipto

La música por su propia naturaleza es a primera vista una de las artes más evanescentes, apenas terminada la ejecución sus efectos se desvanecen y la memoria de la misma se pierde casi inmediatamente. Pareciera que su única posibilidad de supervivencia estuviese en el soporte escrito, la notación musical, ya que por sí misma no podría perdurar. Sin embargo su sutileza no le impide penetrar hasta los rincones más escondidos del alma humana, rozando con sus transparentes dedos cuerdas musicales invisibles, o golpeando con ritmo intenso el tambor del corazón.

Otras artes poseen en su propia estructura la capacidad de permanecer, como es el caso en la pintura o en la escultura, la obra queda plasmada en el tiempo, congelada, sin ningún cambio excepto los debidos a la conservación del material sobre el que está impresa la idea artística. Sin embargo, la música no existe salvo en la memoria hasta que es ejecutada, y por tanto puede ser alterada fácilmente a través del tiempo, y aún mucho más en el caso de las músicas populares intrascendentes, sujetas a la moda y al capricho individual.

Pero esta es una falsa impresión, pues de hecho desde los tiempos más remotos la música ha existido como prolongación de la voz humana, como expresión inarticulada de sentimientos profundos, y como vehículo de realidades que de otra forma serían inexplicables, para ello la música posee sus canales propios y especiales de transmisión y preservación: el sonido y la memoria auditiva.

Del sonido y sus enigmas poco nos cabe decir en este breve trabajo, no obstante conviene recordar que en el origen fue el Verbo, el sonido creador del cual procedió el otro misterio de la Luz. A todas esas fragilidades de la memoria musical, de su incapacidad para subsistir, se oponen otra serie de factores. Esa misma debilidad y al mismo tiempo su complejidad obligó desde los tiempos más remotos a un ejercicio voluntario de aprendizaje y fidelidad. En contraste con lo "etéreo" y evanescente de su contenido, su memorización requiere intención, voluntad y precisión, además de capacidad de repetición. Curiosamente, una imagen trucada o retocada, puede pasar inadvertida a los ojos del experto, sin embargo un simple desliz en una nota musical reclama inmediatamente la atención del que conoce bien la obra.

Si bien la música puede expresar sentimientos e ideas intrascendentes, también al mismo tiempo es el vehículo de las expresiones más sagradas del ser humano, y por ello fue objeto de un cuidado especial para preservarla a través del tiempo. Por esta razón aquellas músicas que fueron vehículos de mitos y leyendas populares fuertemente entroncadas con el espíritu de un pueblo, o con sus símbolos nacionales, o con su religión, fueron objeto de veneración y de especial cuidado en su transmisión.

Este es el caso por ejemplo de los Vedas hindúes, libro viviente, revelación sonora que poseía las palabras que creaban en lo invisible. Su transcripción al sistema de escritura fue considerado como una traición a su espíritu verdadero.

La Tradición del Canto Védico - UNESCO

Cantores Antiguo Egipto, también utilizaban gestos para dirigir la música

Incluso la misma tradición oral popular, aún poseyendo menos carga sagrada, también tiene la capacidad de transmitir modelos y contenidos ancestrales, tal como señalaba el gran musicólogo húngaro Zoltan Koddaly, quien decía que en el caso de los pueblos que no poseyeron manuscritos musicales podemos encontrar su pasado musical examinando la tradición oral.

Emigración Pueblos Húngaros desde Asia Central

Él mismo descubrió, junto a Bela Bartok, que una gran parte de las melodías populares de los Chermyses, pueblo con el que los húngaros coexistieron en las montañas de los Urales antes de asentarse en Centro Europa, y con los que no tuvieron contacto después de separarse por más de mil años, estaban presente entre las formas populares húngaras de nuestros tiempos, con las mismas fórmulas melódicas y el mismo sistema tonal. Según M. Bence Szabolcsi (autor de “A Concise history of Hungarian music”, 1955) , al comparar estas melodías con las tártaras, kirgizes, bachkires, mogolas y chinas se llega a la conclusión que "en el fondo de la música popular húngara sobrevivió un antiguo estilo del Asia Central", que los húngaros habían adoptado durante la época de las invasiones bárbaras, y que se habría conservado después de más de 1500 años.

Esta asombrosa persistencia de los cánones musicales entre las melodías populares de pueblos que emigraron de su asiento primero, y que recibieron muchas otras invasiones, como es el caso del pueblo húngaro, situado además en un lugar de cruce geográfico entre diversas etnias e influencias culturales, nos lleva a pensar que aún más persistencia cabe esperar en el caso del Egipto antiguo pues, además de ser un país aislado naturalmente por los desiertos, sufrió pocas y muy graduales invasiones.

El espíritu conservador de los egipcios, aún presente hoy en día en las costumbres y en los gustos musicales, y reflejado también en la conservación de la música copta, sobre la que volveremos más tarde, añade aún más probabilidades a la hipótesis de que la tradición musical del antiguo Egipto no desapareció totalmente sino que se infundió en nuevas formas de las que la música árabe moderna, la copta, y ritmos peculiares como el Saidi, son sus directos descendientes.

En el caso de Egipto este cuidado por la música fue si cabe aún mayor, pues como en la Antigua India, el recitado de los textos canónicos poseía un valor mágico. En el Libro de los Muertos egipcio puede encontrarse rastros de un sistema de recitación musical, los versos contenían ritmos muy característicos, e incluso aparecen en los documentos anotaciones que llaman a la repetición de ciertas partes, como especie de estribillos.

Continuará


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