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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

miércoles, septiembre 30

¡Ex Oriente Lux!

¡Ex oriente lux!

Ex Oriente Lux, «la luz viene de Oriente». Una antigua expresión que puede leerse también como un símbolo de la transmisión de una sabiduría que, en distintos momentos de la historia, parece reaparecer para iluminar el pensamiento humano. Del Renacimiento al Rosacrucismo, de la revolución científica al Iluminismo, cada nueva luz transforma el mundo, pero también proyecta sus propias sombras. ¿Estamos entrando ahora en otro de esos momentos de transformación? Y, si es así, ¿estaremos preparados para reconocer la luz cuando vuelva a aparecer?

Con esta exclamación saludaban los romanos al Sol y, con el tiempo, la expresión pasó a utilizarse con el significado de que toda iniciativa profunda del espíritu y del pensamiento procede de Oriente.

Para quienes creemos en la existencia de un cierto orden universal, de unos lineamientos generales a través de los cuales la humanidad, en su conjunto, se desarrolla, surge una pregunta inevitable: ¿por qué razón «aquellos que saben», los responsables de esa evolución humana, no han revelado al mundo la verdad desnuda, de manera que la oscuridad de la ignorancia pueda disiparse bajo el impulso de la luz y del conocimiento?

Creo que la razón radica en que este mundo es dual en su constitución. Nuestra mente también lo es y, por ello, es incapaz de concebir lo Absoluto. Cada vez que intenta definir algo, aparece inmediatamente su concepto contrario. O, como dirían los chinos, «no hay yin sin yang».

Cualquiera puede comprobar esa dualidad en sí mismo. Basta con intentar pensar en el Uno Absoluto y, cuando crea haberlo conseguido, observar que ese Uno se destaca sobre un fondo oscuro. Es decir, ya no es un Uno Absoluto, sino Uno y Dos al mismo tiempo.

Por consiguiente, cualquier «verdad» dada al mundo nunca podrá ser absoluta, sino relativa. Y, además, por estar inmersa en la dualidad del mundo, esa verdad, por luminosa que sea, tendrá necesariamente una sombra.

Así, tras cada avance humano aparece también el dolor y la revolución, resultado del abandono del mundo viejo, que se resiste al nacimiento del mundo nuevo. De esta manera podemos entender las palabras de uno de esos cientos de Mensajeros:

«He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Pero tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánta angustia siento hasta que se cumpla! ¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división! De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. Se enfrentarán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra».

Lucas 12:49-59

Cuando las nieblas de la Edad Media comenzaron a disiparse, la nueva Luz intentó liberar a la humanidad de las pesadas cadenas del mundo viejo, de una Iglesia corrompida y del oscurantismo medieval. Al principio, de forma velada, aparecieron pequeños grupos que estudiaron en secreto las ciencias y recuperaron tradiciones que habían quedado abandonadas. Aparecieron también rebeldes que comenzaron a poner en duda incluso el significado de unas Escrituras consideradas hasta entonces inviolables.

Y, una vez más, esa luz oriental brilló en Occidente durante el siglo XVII. Sus agentes ocultos, nunca descubiertos, dieron la llamada de alerta a los despiertos de Europa. Aparecieron entonces los primeros textos rosacruces, entre ellos la Fama Fraternitatis, es decir, el Manifiesto de la Fraternidad:

«...para que en parte renueven y transformen todas las artes (que en nuestra época son tan imperfectas y defectuosas); de manera que así, por fin, el hombre pueda comprender su propia nobleza y valor, y por qué se le llama microcosmos, y hasta dónde se extienden sus conocimientos de la naturaleza... creemos firmemente que si nuestros hermanos y padres hubiesen vivido bajo la clara luz que ahora nos ilumina, habrían tratado con menos miramientos al Papa, a Mahoma, a los escribas, artistas y sofistas, y habrían demostrado ser más activos no sólo con suspiros y con el deseo de que terminen y se consuman...»

Su simbolismo, relacionado con la Rosa y la Cruz, se remonta a épocas más remotas. En el tríptico bizantino Harbaville, del siglo X, aparecen la Cruz y la Rosa, aunque otras fuentes sitúan este simbolismo en épocas aún más antiguas, incluso entre los etruscos.

Triptico Harbaville - Wikipedia


La misma Fama Fraternitatis reconoce al famoso médico y alquimista Paracelso como uno de sus predecesores. Robert Fludd, médico de tradición paracélsica, astrólogo y místico inglés, utilizó también este símbolo.


La Rosa Da Miel a las Abejas (Rober Fludd)

Esta extraña orden o fraternidad se proponía, además de revivir ciertos conocimientos místicos, la reforma integral de las ciencias, del conocimiento efectivo del mundo, con el propósito de mejorar las condiciones tanto materiales como espirituales.

Se trataba, en definitiva, de una profunda y universal reforma del ser humano.

Pronto siguieron otros manifiestos: la Confessio Fraternitatis y Las bodas alquímicas de Christian Rosacruz. Muchos se adhirieron a este programa revolucionario; algunos incluso se declararon rosacruces en sus escritos, como fue el caso de Robert Fludd, Michael Maier y Thomas Vaughan.

Poco a poco, la acción de esos misteriosos orientales se desarrolló a lo largo de aquel siglo y del siguiente, dando lugar a un tremendo impulso en las ciencias y a una lucha constante contra el oscurantismo, a través del trabajo conjunto de alquimistas, masones e investigadores independientes.

Templo Rosacruz - Templo en movimiento, sin lugar y sin época

Este movimiento desembocó en la aparición de los primeros movimientos masónicos operativos, que tanta influencia tendrían durante los siglos XVIII y XIX en las reformas sociales y políticas de todo el mundo.

La Fraternidad Rosacruz sirvió de inspiración a grupos de astrónomos, matemáticos y filósofos naturales —Kepler, Rheticus, John Dee, Tycho Brahe, etc.— y dio origen al llamado «Colegio Invisible», considerado precursor directo de la Royal Society inglesa, fundada en 1660, cuyo nombre completo es The Royal Society of London for Improving Natural Knowledge, una de las sociedades científicas más antiguas del mundo.

Entre sus presidentes estuvo Isaac Newton, quien escribió más sobre alquimia que sobre la ley de la gravitación universal.

Todo este movimiento de avance cultural y científico, esta luz que precisamente llegó a denominarse «Iluminismo», generó también sus propias sombras. Estas se manifestaron, desde entonces, en la Revolución Francesa y en todas las revoluciones que siguieron sacudiendo Europa, América, Asia y África hasta nuestros días.

Gran parte de las tendencias desarrolladas tanto en el terreno de la ciencia como en el sociológico y el religioso son resultado del desarrollo de las filosofías iluministas y de sus predecesoras renacentistas.

La sociedad que nos rodea, los movimientos políticos, filosóficos y sociales y, en última instancia, nosotros mismos, estamos influenciados por los grandes temas de las filosofías posteriores al movimiento rosacruz, a través de sus múltiples expresiones y desarrollos particulares.

Ahora hemos llegado a otro gozne de la historia.

Nuestros esquemas sociales, nuestras democracias, nuestros sistemas educativos, las relaciones familiares y nuestras formas de trabajo, todo ello volverá a verse envuelto en luchas y transformaciones profundas.

Ante la ola que se avecina y que barrerá este mundo caduco y viejo, que ya no puede dar más de sí, tenemos que plantearnos seriamente nuestra propia identidad, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Identidad como afirmación profunda de lo que uno es. E identidad también como reconocimiento de aquello que compartimos, de aquello a lo que pertenecemos: lo idéntico y lo esencial.

Una identidad que debe servir como un fuerte mástil, bien enraizado, al que podamos aferrarnos ante las tremendas olas de Acuario que se avecinan.

¿Somos herederos de ese mensaje luminoso que se proyectó y se proyecta sobre nosotros, o somos los hijos oscuros de sus sombras?

Esos orientales desconocidos, que nunca fueron realmente orientales ni occidentales, ni del norte ni del sur, porque están más allá de todas esas divisiones, una vez más arrojarán su luz sobre nosotros: la luz de la lucha y del despertar.

¿Estaremos preparados para recibirla y transmitirla?

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Cómo citar este trabajo
Seraphis. (miércoles, septiembre 30). ¡Ex Oriente Lux!. Seraphis: E lucevan le stelle. https://www.seraphis.es/2021/01/ex-oriente-lux.html
Formato de citación académica (estilo APA adaptado).

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