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La Isla Imperecedera II - La Deriva Continental

 


La Deriva Continental

Con el desarrollo de la cartografía moderna, muchos geógrafos y naturalistas observaron algo sorprendente: la costa oriental de Sudamérica parece encajar, en cierta medida, con la costa occidental de África.

Esta coincidencia llevó a pensar que ambos continentes pudieron haber estado unidos en un pasado muy remoto.

Sin embargo, fue el meteorólogo y geofísico alemán Alfred Wegener quien, a comienzos del siglo XX, presentó por primera vez una teoría organizada para explicar esta posibilidad. En su obra El origen de los continentes y los océanos, publicada en 1915, propuso que los continentes no habían permanecido siempre en las posiciones que ocupan actualmente.

Alfred Wegener

Wegener sostuvo que, en el pasado, había existido un único gran continente al que llamó Pangea, nombre que significa aproximadamente «Toda la Tierra». Este enorme supercontinente estaba rodeado por un océano global y, con el paso del tiempo, comenzó a fragmentarse, dando origen progresivamente a los continentes actuales.

Imagen de Pangea según Wegener

En un primer momento, la teoría de Wegener fue rechazada por gran parte de la comunidad científica. El principal problema era que no podía explicar de forma convincente qué fuerzas eran capaces de mover los continentes.

La situación cambió varias décadas después. Durante las décadas de 1950 y 1960, los estudios del fondo de los océanos proporcionaron nuevas evidencias. El descubrimiento de la expansión del fondo oceánico permitió finalmente desarrollar la teoría de la Tectónica de Placas, que explicó el mecanismo responsable del movimiento de los continentes.

Actualmente, la tectónica de placas es uno de los pilares fundamentales de la Geología moderna.

Pangea según las reconstrucciones científicas actuales, hace aproximadamente 250 millones de años.

¿Qué pruebas apoyan la deriva continental?

Existen diversas evidencias que muestran que los continentes han cambiado de posición a lo largo de millones de años.

1. El encaje de los continentes

Cuando se comparan los bordes de los continentes, especialmente teniendo en cuenta los límites de las plataformas continentales y no solamente las costas actuales, se observa un notable ajuste entre algunas masas continentales.

El ejemplo más conocido es el de Sudamérica y África.

Esta coincidencia fue una de las primeras observaciones que llevó a pensar que ambos continentes habían formado parte, en algún momento, de una misma masa continental.

2. La continuidad de las estructuras geológicas

Existen cadenas montañosas, formaciones rocosas y capas geológicas de la misma edad y composición que actualmente se encuentran separadas por grandes océanos.


Sin embargo, cuando los científicos reconstruyen la posición antigua de los continentes, estas estructuras vuelven a encajar entre sí.

Esto indica que las tierras que hoy aparecen separadas estuvieron unidas en el pasado.

3. Los fósiles

También se han encontrado fósiles de plantas y animales similares o idénticos en continentes que hoy están separados por miles de kilómetros de océano.

La distribución de organismos como Mesosaurus, Glossopteris, Lystrosaurus o Cynognathus resulta mucho más fácil de comprender si aceptamos que, en el pasado, los continentes donde fueron encontrados estuvieron unidos.

4. El paleomagnetismo

Las rocas pueden conservar información sobre la orientación del campo magnético terrestre existente cuando se formaron.

El estudio de este fenómeno, conocido como paleomagnetismo, ha permitido reconstruir los desplazamientos de las placas tectónicas a lo largo de millones de años.


Estas investigaciones proporcionan una de las pruebas más importantes del movimiento relativo de los continentes.

5. La expansión del fondo oceánico

En determinadas zonas de los océanos, llamadas dorsales oceánicas, asciende material procedente del interior de la Tierra.

Este material se enfría y forma nueva corteza oceánica. Posteriormente, la nueva corteza se desplaza lentamente hacia ambos lados de la dorsal.

En otras regiones, llamadas zonas de subducción, la corteza oceánica vuelve a introducirirse en el interior del planeta.

De esta manera, la superficie terrestre se encuentra en un proceso continuo de renovación.

Las grandes placas tectónicas —que pueden contener tanto corteza continental como oceánica— se desplazan lentamente debido a la dinámica interna de la Tierra.


Este movimiento es el responsable de fenómenos como la formación de montañas, los terremotos, el vulcanismo y el desplazamiento de los continentes.

6. La persistencia de los continentes

Los continentes no han permanecido inmóviles, pero tampoco han aparecido y desaparecido continuamente de la nada.

A lo largo de la historia de la Tierra, las masas continentales han sufrido procesos de desplazamiento, colisión, fragmentación, deformación y erosión.

La distribución actual de los continentes es el resultado de una evolución que se ha prolongado durante cientos y miles de millones de años.

Dentro de los continentes existen regiones extremadamente antiguas y estables, llamadas cratones. Estas zonas constituyen, por así decirlo, los núcleos más antiguos de las masas continentales.

La existencia de estos antiguos núcleos continentales resulta especialmente importante para nuestro estudio.

Estas masas nucleares de los continentes, durante el período de Pangea estaban unidas, por consiguiente podemos hablar de 7 núcleos o capas continentales fundamentales (cratones), junto a otras menores o secundarias, que justifican la existencia de los 7 continentes conocidos.

Esto es importante, porque la tradición habla de un comienzo simultáneo de la humanidad (Chhayas) en 7 lugares diferentes. La Ciencia moderna propone el nacimiento de los seres humanos en África y su dispersión continental a partir de ahí. No obstante, se refiere a los seres humanos ya establecidos como tales. Los Chhayas, según las tradiciones hindúes y tibetanas, se refieren a un esbozo etérico, podríamos decir así, de lo que posteriormente, muchos millones de años después, serán los seres humanos tal como los conocemos actualmente.


La Tierra Sagrada Imperecedera

En los textos de H. P. Blavatsky encontramos referencias a la llamada Isla Imperecedera o Tierra Sagrada Imperecedera.

Uno de los pasajes más importantes afirma que esta Tierra Sagrada nunca habría compartido el destino de los demás continentes. Su destino sería permanecer desde el comienzo hasta el final del Manvántara, a través de las diferentes Rondas o ciclos de vida en este planeta.

El texto la presenta también esta tierra original como la cuna del primer hombre y como el lugar relacionado con el último «mortal divino», destinado a convertirse en Sishta, es decir, en la semilla de una futura humanidad.

Sobre esta tierra misteriosa, sin embargo, se ofrecen muy pocos detalles.

Uno de los Comentarios utiliza una imagen particularmente sugestiva:

La Tierra Sagrada Imperecedera: se afirma que esta “Tierra Sagrada” –de la que hablaremos más adelante– nunca compartió el destino de los otros continentes; porque es el único cuyo destino es durar desde el principio hasta el final del Manvántara a lo largo de cada Ronda. Es la cuna del primer hombre y la morada del último mortal divino, elegido como Sishta para la futura semilla de la humanidad. De esta tierra misteriosa y sagrada muy poco se puede decir, excepto, tal vez, según una expresión poética en uno de los Comentarios, que “la estrella polar tiene su ojo vigilante sobre ella, desde el amanecer hasta el final del crepúsculo de ‘un día’ del GRAN ALIENTO”.

Si intentamos analizar esta descripción desde un punto de vista geológico y geográfico, podemos establecer algunas características que debería reunir una posible localización física de esta Tierra Imperecedera.

¿Qué características debería tener?

1. Una tierra extremadamente antigua

Debería corresponder a una de los núcleos de las placas continentales más antiguas de la Tierra, formada en los primeros tiempos de la consolidación de los continentes.

Algunas de estas antiguas estructuras continentales tienen una antigüedad de entre 3.000 y 3.500 millones de años.

Para establecer una comparación, la Tierra tiene aproximadamente 4.500 millones de años.

2. Una relación con el norte

La referencia a la estrella polar parece indicar una relación con las regiones septentrionales.

Sin embargo, debemos recordar que estas tradiciones podrían haberse transmitido durante períodos enormemente largos y que la posición de las masas continentales ha cambiado profundamente a lo largo de la historia geológica.

Por ello, una región que actualmente se encuentra cerca del norte pudo haber ocupado una posición muy diferente en el pasado.

3. Un ambiente tropical o subtropical en una época remota

Según los comentarios del Profesor J. A. Livraga, las primeras «sombras» humanas, o Chhayas, se movían«siguiendo las ondas radiales y lumínicas emitidas por el Sol y la Luna, únicas que podían atravesar la enorme capa de vapores radioactivos y micropartículas que flotaban en la pesada y húmeda atmósfera. Los grandes bosques del Período Primario servían entonces de escena»

La descripción menciona grandes bosques y una vegetación exuberante.

4. La aparición de la Primera Raza Raíz

Según la cronología utilizada en esta interpretación de La Doctrina Secreta, la Primera Raza Raíz habría aparecido hace aproximadamente 300 millones de años.

Esta fecha resulta especialmente importante, porque permite situar la descripción dentro de una etapa concreta de la historia geológica.

La citada "Era Primaria" en el texto anterior se corresponde con lo que ahora se denomina como Paleozoico, como puede verse en el gráfico anterior de las edades geológicas. Tuvo una duración de aproximadamente 290 millones de años. Se inicia hace unos 540 millones de años y finaliza hace unos 252 millones de años.

Según H.P. Blavatsky, las primeras «sombras» o Chayas aparecen hace unos 300 millones de años atrás, es decir, se sitúa durante el Período Carbonífero, concretamente hacia el final de dicho período, lo que se denomina Época Pensilvánica. Su localización temporal (ver gráfico más arriba de las eras geológicas) sería:

  • Eón: Fanerozoico

    • Era: Paleozoico

      • Período: Carbonífero (hace aproximadamente 358,9–298,9 millones de años)

        • Época: En la división moderna corresponde al Pensilvánico (Carbonífero Superior), muy cerca del límite con el Período Pérmico.


Continuará : "Hace 300 Millones de Años..."

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