Virtudes Prácticas y Virtudes Intelectuales
Podríamos definir pues la virtud, en el hombre que posee una quintaesencia activa, como el poder de ese quinto factor manifiesto sobre los otros cuatro. También lo podríamos comparar como una especie de luz que intenta penetrar una masa oscura, que sería nuestra personalidad cuaternaria, y que puede ser más o menos intensa o clara, correspondiéndose así con virtudes maduras, logradas, y con virtudes sólo en potencia, o malogradas.
Aristóteles, afirmaba que las virtudes del alma podían dividirse en intelectuales, aquellas obtenidas mediante aprendizaje mental, y prácticas o aquellas obtenidas por repetición en sucesivos intentos. Según decía él, las virtudes intelectuales son más débiles que las virtudes prácticas, mucho más sólidas y fijas. No obstante, a mi parecer, no hay que confundir el poder intrínseco de una virtud, medida desde el punto de vista de los principios éticos o sea su mayor o menor cercanía o similaridad a la Ética superior, con el poder o resistencia de una virtud frente a los embates diarios de la vida.











