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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

lunes, septiembre 21

La Medicina en los Diálogos Platónicos

 

LA MEDICINA EN LOS DIÁLOGOS PLATÓNICOS

Una y otra vez, persistentemente, los medios de comunicación hablan de la aparición de nuevas enfermedades, nuevas epidemias cuyas causas desconocemos y de las que nos preguntamos por qué han aparecido precisamente ahora. Los investigadores se afanan en encontrar sus causas y aplicar remedios más o menos adecuados, mientras que, en algún lugar del mundo, se gestan otras amenazas.

La salud y la enfermedad no solo dependen del individuo que las padece, sino también de múltiples causas relacionadas con las variaciones energéticas de la Tierra, las influencias cósmicas y, sobre todo, con la mayor o menor salud de los sistemas sociales y culturales en los que vivimos insertos. La Medicina se ha convertido, en muchos casos, en una especie de «basurero» que recoge los despojos triturados producidos por una sociedad enferma.

Aunque los sistemas educativos modernos tratan de incluir enseñanzas acerca de la salud y de cómo prevenir la enfermedad, esta formación se centra en la «calidad» o composición de lo que comemos, o en la forma de higienizar nuestras costumbres. Pero en ningún caso educan al individuo para reconocer su propia constitución especial, ni aconsejan acerca de formas de vida adecuadas a las características de cada persona, ni tampoco forman su carácter moral para saber enfrentarse a la enfermedad.

Siempre hay que culpar a los otros, a Dios o al gobierno de lo que nos ocurre; siempre hay que buscar a alguien que pague por nuestros propios errores de conducta. Como consecuencia, cada vez se dan más casos de denuncias contra los sistemas sanitarios públicos o contra los profesionales de la Medicina.

No obstante, la verdad es mucho más simple, tal como Platón nos enseña:

«Tratar enfermedades, excepto las producidas por epidemias y heridas, es algo vergonzoso porque es el resultado de llenar el cuerpo de líquidos y alimentos como si de una ciénaga se tratase. Así que nuevas enfermedades aparecen y se multiplican, y los médicos tienen que inventar nuevos nombres para ellas».

Platón, amante de la Medicina, a la que muchas veces compara en su acción con la tarea de gobernar un Estado, sin embargo, no era médico, y quizá a eso se debía su franqueza al hablar de la Medicina y de los médicos, tal como pensaba, sin ningún tipo de restricción.

Así, en La República, Platón explica que, aunque los discípulos de Asclepio conocían todo el arte médico, en los tiempos antiguos no aplicaban la medicina valetudinaria u hospitalaria por considerarla algo impropio.

Luego, con el correr del tiempo y el cambio de las costumbres, aparecieron personas ricas y desocupadas que «dedicaron su vida a estar enfermos», a curar su enfermedad. Así se cita el caso de un tal Heródico, quien llegó a una edad muy avanzada a fuerza de estar curando siempre sus males, llevando un régimen de vida y dietético muy preciso que no podía abandonar en ningún momento y que no le permitía dedicarse a otra cosa.

Y no es que los hijos de Asclepio desconocieran cómo tratar este tipo de «muerte larga», sino que, en otros tiempos, en un Estado bien organizado, según los conceptos antiguos, cada uno tenía una ocupación que atender. No tenían tiempo para estar enfermos y, si un doctor les aconsejaba tal o cual régimen, su contestación era que no podían dedicarse a seguirlo; así que volvían a su ocupación y bien curaban o morían, resolviéndose en ambos casos el problema.

Platón consideraba al médico como un hombre de Estado, que no aplica sus curas salvo a aquellos que tienen una ocupación y son de provecho para los demás, y que no provee medicinas ni remedios para aquellas personas que se deleitan en los vicios del cuerpo y malgastan su tiempo en los cuidados del mismo, sin dedicarlo a otras cosas más útiles.

Los Diálogos platónicos abundan en referencias acerca de la Medicina. A continuación veremos algunas de ellas.

CÁRMIDES

En este diálogo, Platón nos recuerda la importancia de una cura global, que tenga en cuenta el alma y el cuerpo.

Sócrates menciona que aprendió de los médicos de Tracia, famosos por su ciencia médica y capaces, según algunos, de conceder incluso la inmortalidad, ciertos encantamientos que ayudaban a serenar el alma y facilitar la curación. Estos médicos tracios le dijeron que:

«No debes intentar curar los ojos sin curar la cabeza, o la cabeza sin tener en cuenta el cuerpo, y de la misma manera no debes intentar curar el cuerpo sin tener en cuenta el alma; porque esta es la razón por la que la cura de muchas enfermedades es desconocida por los médicos de la Hélade, porque son ignorantes de la totalidad, la cual también debe ser estudiada; pues la parte nunca puede estar sana a menos que la totalidad esté sana... El mayor error de nuestros días en el tratamiento del cuerpo humano consiste en que los médicos separan el alma del cuerpo». (Cármides, 156e–157c)

Así, Sócrates aprendió de ellos a utilizar ciertas palabras que introducían moderación en el alma, y cuando hay moderación, la salud puede ser impartida rápidamente.

CRÁTILO Y SOFISTA

En estos dos diálogos, Platón apunta la idea de que la pureza es un elemento necesario en la cura: la eliminación de toda aquella suciedad que impide la salud, tanto física como moral.

Así, en el Crátilo se habla de Apolo como dios que creó el arte médico y la música, y que por ello se le denomina Dios de la Armonía. Su nombre se equipara al de «Apoluon», el purificador, y por eso sus seguidores, los médicos, practican antes que nada las purificaciones y purgaciones, las fumigaciones con drogas mágicas o medicinales, así como los lavados y aspersiones lustrales, teniendo todo esto como objeto purificar al hombre tanto en su cuerpo como en su alma.

Platón hace una distinción entre las purificaciones internas realizadas por los médicos y las externas, practicadas por masajistas, cosmética, etc., y también entre las purificaciones reales y aquellas que solo se basan en purificar de elementos inanimados el cuerpo. Esto nos recuerda la moderna manía de los cleansing, a los que son tan aficionados algunos movimientos vegetarianos minoritarios y de tipo New Age:

«Existen purificaciones de los cuerpos vivientes tanto en sus partes internas como en sus partes externas, de las cuales las primeras son debidamente efectuadas por medio de la medicina y la gimnasia, y las segundas por el no muy digno arte de los masajistas y bañistas; existe también la purificación de las sustancias inanimadas; para ello están las técnicas de rellenar y restaurar en general, que se entretienen en tal serie de detalles minuciosos y tienen tal variedad de nombres que llegan a ser consideradas incluso ridículas».

TIMEO

En el Timeo, Platón nos enseña la importancia de la constitución general de la persona y el valor del movimiento —gimnasia, música o las artes derivadas de las Musas— para mantener la salud.

Platón explica que todo lo bueno es bello y no carece de proporción y, por consiguiente, el animal que es bello es aquel que posee la debida proporción.

Hay dos clases de proporciones o simetrías: aquellas menores que consideramos al analizar los cuerpos y aquellas mayores, no visibles, que son las que existen entre el alma y el cuerpo. Esta última es la que tiene más importancia en la producción de vicio o virtud, o de salud y enfermedad.

Así, cuando un armazón pequeño o débil es el vehículo de un alma poderosa, o viceversa, cuando un alma pequeña ocupa un cuerpo grande, entonces dicho animal no es bello, porque carece de la más importante de las simetrías, al menos para aquellos que tienen ojos para ver.

«Cuando en este compuesto (cuerpo y alma) hay un alma apasionada más poderosa que el cuerpo, el alma, digo, convulsiona y llena con desórdenes la totalidad de la naturaleza del hombre; y cuando está llena de ímpetu persiguiendo alguna clase de aprendizaje o estudio, la debilita; o también, al enseñar o discutir, en privado o en público, cuando surgen disputas o controversias, inflama y disuelve la estructura compuesta del hombre e introduce reumas1; la mayoría de los profesores de medicina no entienden la naturaleza de este fenómeno, quienes lo adscriben a cosas opuestas a la verdadera causa. Una vez más, cuando un cuerpo es grande y muy fuerte, unido a un alma pequeña y una inteligencia débil, entonces, dado que existen dos tipos de deseos naturales en el hombre —uno por la comida para el cuerpo y el otro de sabiduría para la parte más divina en nosotros—, entonces, digo, que los movimientos del más fuerte, al conseguir lo mejor e incrementar su propio poder, haciendo que el alma esté más embotada, estúpida y olvidadiza, engendra ignorancia, que es la mayor de las enfermedades...».

La solución que Platón propone es que el cuerpo no debe moverse sin participación del alma, ni esta sin el cuerpo. Así, una persona dedicada intensamente, por ejemplo, a las matemáticas u otra tarea intelectual, tiene que dedicar tiempo a la gimnasia. Y aquel que dedica atención a su cuerpo debe también dedicar atención a la música y a la filosofía.

A imitación de la Madre Naturaleza, el cuerpo debe estar en suave y continuo movimiento, que es la mejor defensa para cualquier movimiento externo. Por ejemplo, una persona que practicase regularmente tai chi, deporte, etc., podría adaptarse más fácilmente a los cambios climáticos.

Hay tres clases de movimientos:

  • El movimiento producido por uno mismo, que es mejor que el movimiento procedente del exterior porque está de acuerdo con nuestro cuerpo y pensamiento: la Gimnasia.

  • El movimiento hecho surgir por medio de actividades suaves que no fatiguen, como el navegar.

  • El movimiento producido por purgaciones y otras medicinas, que es muy desaconsejable, excepto en casos de extrema necesidad y en enfermedades muy peligrosas, pues el cuerpo tiene un tiempo determinado de subsistencia y, si por medio de medicinas alargamos dicho periodo, creamos muchas más enfermedades y sufrimientos por causa de estas medicinas.

GORGIAS

En este diálogo, Platón completa las anteriores ideas, comparando las ciencias dedicadas al cuerpo y al alma, tanto del hombre como de la sociedad.

Así, siendo el alma y el cuerpo dos, requieren también dos artes. En la sociedad, a lo primero estaría dedicado el arte de la política y otra parte sería la legislación. En la Medicina, lo segundo se subdivide en dos: la gimnasia —equivalente a la legislación— y la medicina —la aplicación concreta de la justicia—.

De esta manera tenemos cuatro artes —legislación, justicia, gimnasia y medicina— que, debido a la adulación y la lisonja, han sido sustituidas por cuatro remedos o imitaciones.

De tal manera que la gastronomía, el arte de cocinar, una forma de adulación, toma el nombre de Medicina, y la fatiga física y el mero agotamiento, otra forma de adulación o lisonja, toma el nombre de Gimnasia.

Platón expresa las relaciones entre estos términos como si fuesen relaciones matemáticas:

Fatiga / gimnasia = gastronomía / medicina

Fatiga / gimnasia = sofística / legislación

Gastronomía / medicina = retórica / justicia

(Gorgias, 464b–466a)

Finalmente, afirma que, tal como la legislación es superior a la práctica de la ley o justicia, la gimnasia asimismo es superior a la medicina.

EL BANQUETE O SYMPOSIUM


En este diálogo, dedicado a Afrodita, no podía Platón dejar pasar la ocasión para expresar sus ideas acerca de la relación existente entre el Amor y la Medicina.

Define perfectamente la Medicina como dependiente del Amor y de la Armonía, y cómo la cura se efectúa por medio de la oposición armónica de los contrarios.

Dado que hay dos tipos de amor, representados por Afrodita Urania, o el amor celeste, y Afrodita Pandemos, o el amor vulgar del pueblo, según la mitología griega, también, de la misma manera, hay dos tipos de deseos en el cuerpo, que son diferentes: uno es el deseo de lo saludable y el otro, el deseo de lo morboso o enfermizo.

El médico tiene que animar y fomentar los deseos sanos. El arte de la Medicina consiste en el conocimiento de los deseos del cuerpo y en saber cómo satisfacerlos o no. El mejor médico es aquel que sabe reconocer el deseo saludable del deseo enfermizo, cómo convertir uno en el otro y también cómo reconciliar los elementos más hostiles dentro del cuerpo, armonizándolos. (Banquete, 186a–e)

En la Música se observa el mismo procedimiento: la reconciliación o armonía de los opuestos. La Música, como la Medicina, también se atiene al principio del Amor.

El curso de las estaciones presenta también esos dos tipos de amor o deseos —Afrodita Urania y Afrodita Pandemos—. Así, la humedad, la sequedad, lo caliente y lo frío alcanzan el amor armonioso del uno y del otro, mezclándose de forma temperada, a imitación de lo que ocurre en el hombre cuando los diversos elementos —frío, caliente, seco y húmedo— se acompasan y atemperan, armonizándose de acuerdo con las leyes del amor.

EL MÉDICO EN LAS LEYES, LA REPÚBLICA Y EL POLÍTICO

Platón define en La República al médico por sus fines:

«No médico, en tanto que es médico, considera su propio bien en lo que prescribe, sino el bien del paciente; pues el médico verdadero es también un soberano que tiene como su súbdito al cuerpo, y no es un mero hacedor de dinero...». (República, I, 342b–d)

En El Político complementa esta idea:

«Justamente como el médico, ya sea que nos cure contra nuestra voluntad o con nuestro consentimiento, y cualquiera que sea su modo de tratamiento —incisión, cauterio o infligiendo algún dolor—, ya sea que practique de acuerdo con un libro o no, ya sea rico o pobre, tanto si purga como si hace reducir de alguna manera o incluso engorda sus pacientes, es en todo caso un médico, en tanto en cuanto ejerza su autoridad sobre ellos de acuerdo con las reglas del arte, y solo si les hace bien, los cura y los salva. Y esto lo dejamos asentado como el único test apropiado para el arte de la medicina, o para cualquier otro arte o mandato». (El Político, 293a–c)


En cuanto a sus cualidades personales, Platón apunta lo siguiente:

«Los médicos más habilidosos son aquellos quienes, desde su juventud, han combinado con el conocimiento de su arte la mayor experiencia posible sobre la enfermedad; es mejor que no sean ellos mismos muy robustos en salud, y deben haber padecido toda clase de enfermedades en sus propias personas. Ya que el cuerpo, tal como yo entiendo, no es el instrumento con el cual ellos curan los cuerpos; en tal caso nunca les podríamos permitir estar o haber estado enfermos. Más bien ellos curan el cuerpo con la mente, y la mente que se ha vuelto enferma no puede curar nada».

En cuanto al comportamiento con los pacientes y los distintos tipos de médicos, Platón hace en Las Leyes una clara distinción entre los meros técnicos de la Medicina y los auténticos médicos.

Hay dos clases de médicos: aquellos que han aprendido de forma científica y aquellos otros que han aprendido solo por la experiencia. Como también hay dos clases de pacientes: los hombres libres y los esclavos.

El médico de esclavos los atiende sin escuchar sus quejas ni observar sus individualidades, prescribe un tratamiento estándar para todos y corre para ver al siguiente, actuando como un tirano en las prescripciones que les da.

Los médicos de hombres libres van más allá: buscan las razones lejanas del padecimiento y tratan de averiguar acerca de la auténtica naturaleza de la enfermedad; obtienen información de su familia y amigos y no los tratan hasta haberlos convencido de la necesidad del tratamiento, trayéndolos así bajo su persuasión. (Leyes, IV, 720c–e)

CONCLUSIÓN

En conclusión, los Diálogos de Platón abundan en referencias, ejemplos y citas relacionados con la Medicina y los médicos. Son una fuente de inspiración valiosísima, pues clarifican con simples trazos lo que la Medicina debe ser y la comparan con la justicia y la política en la sociedad.

Precisamente, los trabajos de Platón toman frecuentemente al buen médico como ejemplo del buen político.

No quisiera cerrar este pequeño artículo sin recordar una vez más el viejo lema, tan repetido pero tan poco comprendido:

Mens sana in corpore sano.

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