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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

domingo, septiembre 20

Arte y Fantasía en Medicina

 

ARTE Y FANTASÍA EN MEDICINA

Paracelso distingue, con el lenguaje velado de su época, entre el médico «cristiano» y el «pagano»: un recorrido por el Arte, la Sabiduría y la Fantasía como pilares olvidados de la práctica médica.

La tradición nos enseña que la Medicina, ante todo, era un Arte. Todos entendemos que en lo artístico siempre existe un elemento de experiencia aquilatada, pero ¿contiene algo más este concepto en su significado?

Paracelso nos indica, utilizando el lenguaje velado de la época, que la primera diferencia de actitud que habría que establecer es distinguir, en el Arte, entre los médicos «cristianos» y los médicos «paganos».

Esta forma de designar a los médicos merece una explicación. Paracelso vivió en medio de las turbulencias que aparecieron a causa de la Reforma Protestante, en una época de fuerte presión por parte de la Inquisición. Solo seis años antes de su nacimiento se publicó el famoso Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), obra que fue editada más de una docena de veces durante la vida de Paracelso y que dejó sentir especialmente su influencia en los territorios de habla germánica, donde Paracelso ejercía su labor como médico. Debido a todo lo anterior, Paracelso se vio obligado a utilizar, a veces, un lenguaje oscuro y, otras, un lenguaje disfrazado de cristianismo, para que sus trabajos pudiesen ver la luz.



Así, lo que Paracelso trata de explicar veladamente al hablar de médicos cristianos y médicos paganos es que, aunque se posea una gran cantidad de conocimientos, siempre hay que tener presente, ante las enfermedades, la «Entidad de Dios». Con ello se refiere a las causas que están más allá del plano material, relacionadas con las sutiles leyes del Karma y del destino personal; es decir, con el curso de la enfermedad, a veces influenciado por causas remotas de las que no tenemos ni siquiera memoria.

El médico «cristiano» sería, pues, aquel que tendría siempre en cuenta esta «Entidad de Dios», es decir, aquel que posee un profundo sentido de conexión con el misterio de sí mismo y con el misterio último del universo, al que solemos llamar Dios.

Por otro lado, los médicos «paganos» serían aquellos que solo confían en sus conocimientos científicos adquiridos en las facultades de Medicina. Y aunque es cierto que puedan curar de la misma manera que los «cristianos», eso no afecta al concepto, pues Paracelso entiende que esa «Entidad Divina» —no un dios personal, sino el elemento espiritual oculto— determinará también, en cierta manera, el momento en que el paciente curará y proveerá al enfermo del médico que necesita en el momento oportuno.

Hoy podríamos traducir estos términos llamando al médico pagano médico científico o convencional, y al médico cristiano, médico filósofo. Ambos pueden curar; ambos pueden tener éxito. La diferencia no está en los resultados, sino en lo que sucede en el interior de cada tipo de médico, en su conciencia en evolución.

El médico científico opera frecuentemente contra la naturaleza, quiere obtener resultados a toda costa, como si él mismo fuese una suerte de dios. El médico filósofo, sin embargo, «espera confiado la hora y el tiempo en que ha de manifestarse la voluntad de Dios».

No se refiere aquí a ningún tipo de mojigatería religiosa, sino a la confianza y al sentido profundo que proporciona saber que formamos parte de un inmenso universo, del cual no conocemos todas sus leyes, pero que, de una manera u otra, nos llevará hacia el final evolutivo y hacia la liberación de cada ser viviente.

Imaginemos dos hombres que tienen el mismo trabajo y desempeñan la misma función en un ministerio estatal que, por ejemplo, suministra apoyo e información a los agricultores. Sus despachos están situados uno enfrente del otro y son iguales. Realizan el mismo trabajo, con la misma diligencia, le dedican el mismo tiempo y sus salarios son iguales.

No obstante, uno de ellos es consciente de que trabaja para el Estado y para los agricultores y, en cada palabra y gesto, es consciente de ello; trata de ayudarles en todo lo que puede. El otro funcionario también ayuda a los agricultores, y lo hace muy bien, pero lo hace para ganar un sueldo, para obtener el sustento de su familia.

El primero, en relación con su trabajo, es un «hombre superior», porque su conciencia abarca algo más grande que él mismo. El segundo, en relación con su trabajo, no se diferencia del pequeño pájaro que tiene su nido en un árbol cercano a la ventana de su despacho. Este pequeño pájaro también trabaja duro: va y viene trayendo alimento a sus pequeñuelos.

El primero hace de su trabajo un Arte, porque no solo aporta su experiencia, sino también otro tipo de conciencia.

EL ARTE Y LA FANTASÍA

«Observad en lo que vengo a deciros las dos partes o cosas que el hombre utiliza en su trabajo: el Arte y la Fantasía.»
Paracelso

Por Fantasía, Paracelso entiende una acción superficial, basada en prejuicios y en la que hay mucha vanidad: «solo es una forma de ambición para daros a conocer a vuestro alrededor, a fuerza de sostener las más insólitas afirmaciones».

¿Cuántos trabajos y estudios científicos tienen hoy como principal fin la publicación en una revista médica o científica prestigiosa? Ya no se hacen estudios para el paciente, sino para la fama, para la industria farmacéutica. Se investiga lo que esta quiere. Nos recuerdan estos científicos al fariseo que, antes de entrar en el templo, da su limosna allí donde todos puedan verlo.

Y entonces, ¿qué es el Arte?

El Arte, según Paracelso, es la unión de la Sabiduría, la Razón y la Inteligencia.

La Sabiduría, que no es lo mismo que los meros conocimientos, aunque los incluye, pues la Sabiduría es la experiencia reposada, meditada y encarnada: es parte de uno mismo y no un simple almacén de datos adjuntos que perecen con la muerte y se desvanecen con el último hálito de nuestro cerebro.

La Sabiduría tiene en cuenta lo de Arriba y lo de Abajo, y sabe cómo coordinarlos. Y en el médico esta es una cualidad esencial, porque trata con seres hechos de lo de Arriba y de lo de Abajo, y él mismo tiene que ser capaz de asimilar ambos mundos en su interior.

Esa Sabiduría se expresa en el mundo objetivo por medio del Juicio, o sea, la toma de una decisión a partir de un razonamiento lógico e iluminado; es decir, la Razón guiada desde arriba, desde esa Sabiduría.

Dice H. P. Blavatsky que la Medicina es la más cartesiana de las ciencias, pues la toma de decisiones siempre se basa en árboles lógicos. Lo que Descartes no enseñó es que, en Medicina, la Razón sola no es suficiente, pues puede hacer de los médicos monstruos de orgullo y convertir a los pacientes en objetos. Sin embargo, la Razón Iluminada es la razón y el juicio del sabio.

Y, finalmente, la Inteligencia es el arma que nos ayuda a elegir lo esencial, que descarta el polvo y la paja del grano. Pero, para poder ejercerla, el médico tiene que poseer una inteligencia capaz de penetrar en «el cristal de los hombres», o sea, una inteligencia también llena de Sabiduría; una inteligencia que no se deja engañar porque «ve claramente», porque posee vidya, o sea, visión interior, en contraste con nuestro intelecto, que está oscurecido por la avidya, o la ignorancia del que no ve las cosas tal como son, la ignorancia del que no puede ver la Verdad.

Por eso, el médico filósofo trabaja, tal como nos enseña Paracelso, con el Arte y no con la fantasía oscurecida y materialista.

Cómo citar este trabajo
Seraphis. (domingo, septiembre 20). Arte y Fantasía en Medicina. Seraphis: E lucevan le stelle. https://www.seraphis.es/2026/09/arte-y-fantasia-en-medicina.html
Formato de citación académica (estilo APA adaptado).

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