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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

sábado, noviembre 7

Etapas Preparatorias - Ingreso al Zodiaco del tarot egipcio.





¿Y si los antiguos símbolos del Zodiaco ocultaran algo más que un mapa del cielo? ¿Y si sus imágenes describieran también el camino que debe recorrer el alma humana para liberarse de las ataduras de la materia? En las capillas osirianas del templo de Denderah encontramos una extraordinaria representación del universo, donde los ciclos celestes, los misterios de la vida y la muerte y las etapas de la iniciación parecen entrelazarse. Tres arcanos nos muestran este proceso: el despertar del discípulo, el aprendizaje que permite liberar el espíritu y, finalmente, la llamada universal a la resurrección. No son simplemente imágenes de un antiguo simbolismo religioso. Desde una clave iniciática, pueden leerse como las etapas de un viaje interior que comienza cuando el ser humano escucha la llamada del espíritu y se atreve a emprender el camino hacia su propia liberación.

Algunas tradiciones hablan de la existencia, en el antiguo Egipto, de una sala cuyas paredes estaban cubiertas de imágenes que representaban los tarots, dispuestos en un orden determinado.

Sin embargo, no conocemos ninguna sala que reúna esas características específicas y que pueda relacionarse documentalmente con los tarots y su ordenación particular, a excepción de las capillas osirianas situadas en la azotea del templo de Denderah, que podrían ofrecer un contexto interesante para esta interpretación.

Este templo posee tres características fundamentales:

  1. Está dedicado a la diosa Hathor.

  2. Es un templo de carácter iniciático, con capillas especiales destinadas a determinados cultos y ceremonias.

  3. Es un templo solar y zodiacal.

Para comprender el significado de este templo, basta por el momento con recordar que el nombre de la diosa Hathor significa «Casa de Horus» (Hat-Hor), es decir, el lugar donde habita Horus, que aquí podemos interpretar como una representación de nuestro sistema solar.

Y ese templo, en una lectura cosmológica más amplia, no sería otro que nuestra propia Galaxia, la Vía Láctea, que los antiguos egipcios relacionaban con el Nilo Celeste, del cual el río Nilo constituía su imagen terrestre.


El templo nos recibe con sus seis columnas hathóricas y una séptima abertura central que da acceso simbólico a lo celeste: las representaciones de las constelaciones que se despliegan en el techo, navegando como si fueran barcos sobre el cuerpo de Hathor, concebido como un río de estrellas.


Sus misterios eran, por tanto, los misterios del Camino de las Estrellas, el Camino del Zodiaco Celeste. Pero no todos tenían acceso a ellos. A un costado del templo había una escalera que representaba a los dioses ascendiendo hasta la azotea.


Los seres humanos ascendían por otro pasadizo, como nos muestra la imagen. Los sacerdotes realizaban ceremonialmente este ascenso en los momentos determinados por el calendario ritual y el ciclo estacional, para participar en las ceremonias correspondientes. Y luego descendían por otra escalera lateral.



Allí, sobre la explanada de la azotea, se encuentran dos grupos de capillas osirianas, uno al oeste y otro al este, que completan simbólicamente el recorrido del Sol. Los temas representados en sus paredes son los de la resurrección de Osiris y los del festival de Khoiak. En una de las cámaras interiores de las capillas orientales, por donde el Sol se levanta, se encontraba encastrada en el techo la gran piedra que representaba el curso solar espiral del que ya hemos hablado: el Zodiaco de Denderah.


El neófito permanecía ante estas imágenes, que describían tanto el destino genérico de todo ser humano como el curso de la iniciación osiriana, ejemplificada mediante la sucesión de los signos zodiacales.


Los brazos de Hathor y de su hijo Horus, en las cuatro esquinas del círculo sostienen el zodiaco.

¿Era esta la Sala de las Imágenes de las que habla la tradición? Quizá, porque indudablemente el ciclo que allí se detalla sigue el mismo orden iniciático que ha preservado en sus letras y signos zodiacales el llamado Tarot Egipcio.

Pero continuemos con los primeros cuatro arcanos de entrada al Zodiaco de Denderah. En el artículo anterior ya vimos el primero, relacionado con las dos entradas posibles, las dos direcciones que puede tomar el ser humano: la de la vida común y la del camino iniciático, representadas por las dos pirámides.

El Cocodrilo

El segundo arcano, primero de esta serie de tres (véase más arriba), se refiere al inicio del camino del discípulo. Todos los símbolos poseen hasta siete claves de interpretación, por lo que los tarots también pueden interpretarse desde distintos puntos de vista. Sin embargo, aquí nos atendremos a la clave zodiacal e iniciática.

La etapa que representa este arcano correspondía, en los antiguos Misterios de Eleusis, a lo que se denominaba Myein, la iniciación preliminar o entrega de las primeras enseñanzas.

El candidato recibía las primeras instrucciones secretas y los símbolos sagrados. Se le velaban los ojos. De hecho, el término Misterios está relacionado con la palabra griega mystes, derivada de myein, que significa cerrar los ojos y la boca. Los mystai eran, literalmente, los iniciados en los Misterios, aquellos a quienes se había permitido acceder a una enseñanza reservada. Su preparación era todavía incipiente y, sin el apoyo de lo exterior, debían arrostrar los peligros y las dudas, abriéndose camino en medio de la destrucción de su personalidad y de todas las certezas que habían adquirido hasta entonces.

De la misma manera, este caminante, que inicia su recorrido con valor, está a punto de abandonar todas sus certezas personales. Así lo simboliza la luz que comienza a ocultarse en el cielo. A pesar de ello, continúa adelante con valentía, arrastrando tras de sí la bolsa de su pasado y llevando delante la de las semillas del futuro.

Como sucede en el antiguo Egipto, donde las bolsas pueden relacionarse simbólicamente con los dos platillos de la balanza del juicio osiriano, también aquí parecen representar el peso de lo que ha sido y la potencialidad de lo que está por venir. A su lado, el monstruo que aguarda el resultado del juicio recuerda al cocodrilo que espera el fracaso del neófito, dispuesto a devorarlo si no supera la prueba.

Pero ni los dioses ni su Maestro lo han abandonado. Simplemente, no pueden ayudarlo a recorrer el camino. Lo acompañan, y por eso el cayado de Anubis-Seth permanece detrás de él: puede acompañarlo, pero no dar los pasos en su lugar ni señalarle la dirección. Eso es algo que únicamente el propio discípulo puede hacer.

La Corona de los Magos

La Corona de los Magos es el nombre del siguiente tarot egipcio. Representa a un personaje que tañe un instrumento con forma de barca y tres cuerdas, que simbolizan el espíritu aprisionado en los cuerpos-barcas. De manera semejante, en el antiguo Egipto se representaba a los dioses —las potencias espirituales— navegando por el cielo en las barcas de sus respectivos cuerpos celestes, los planetas.

En la parte superior aparecen doce lotos dispuestos en círculos, una alusión a las doce fases de purificación que representa el camino iniciático del Zodiaco. Son las distintas etapas de la vida y de las sucesivas encarnaciones de una persona.

En cada encarnación, el ser humano nace siguiendo el mecanismo universal que rige el conjunto del cosmos. Se inserta así en el engranaje de esa gran máquina universal, en ese inmenso organismo cósmico que representa el universo. Cada signo zodiacal constituye una etapa que debe superar; más que una cualidad ya adquirida, representa un desafío. El signo que corresponde al ser humano en cada encarnación es una propuesta, un nudo gordiano que debe desatar, un arquetipo que ha de aprender a encarnar.

Pero los signos zodiacales representan también los momentos fundamentales del despertar del alma, las distintas etapas de su acceso a los misterios mismos de la vida.

Los cuatro elementos rodean al alma liberada y purificada, que ha podido ascender gracias a la habilidad y al conocimiento de quien ha aprendido a tañer las cuerdas de su instrumento aquí abajo, en el mundo material, y consigue así elevar su propio espíritu.

Este arcano señala, por tanto, el camino que debe recorrer el discípulo: aprender a dominar el instrumento de su propia naturaleza para liberar aquello que permanece aprisionado en él. El ser humano no debe limitarse a navegar en la barca de su existencia; debe aprender a tocar las cuerdas que le permitirán elevar su propia conciencia.

La Resurrección de los Muertos

Por último, la tercera imagen representa a los seres humanos atrapados en la materia, simbolizada por la tumba que lleva grabada en uno de sus laterales la figura de un escorpión, emblema de la tortura material.

Los seres momificados —detenidos, cristalizados en su condición material— comienzan a levantarse ante la llamada de la trompeta. Una figura angelical los convoca; sostiene una llama sin pábilo, es decir, una llama puramente espiritual, que los llama a iniciar su camino ascendente a través del discipulado y de las pruebas representadas en el círculo zodiacal.

Es todo el género humano el que recibe esta llamada, convocado por la voz eterna del espíritu. Por eso surgen de la tumba un hombre, una mujer y un niño: las distintas edades y condiciones de la humanidad responden a una misma convocatoria.

El momento ha llegado. Estos seres se encuentran ante una alternativa: regresar a otra forma de tumba, donde permanecerán nuevamente aprisionados, o responder a la llamada del espíritu y emprender el camino de su liberación. Solo entonces podrán entrar conscientemente en la Gran Rueda del Zodiaco, que los conduce hacia su triunfo espiritual final.

Continuará






Cómo citar este trabajo
Seraphis. (sábado, noviembre 7). Etapas Preparatorias - Ingreso al Zodiaco del tarot egipcio.. Seraphis: E lucevan le stelle. https://www.seraphis.es/2026/11/etapas-preparatorias-ingreso-al-zodiaco.html
Formato de citación académica (estilo APA adaptado).

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