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MEDICINA PARA UNA VIDA PLENA

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jueves, octubre 8

El Monte Meru - La Isla Sagrada III

 


Cuando observamos la representación tradicional del monte Meru rodeado por los siete dvīpas, surge una pregunta inevitable: ¿por qué esta cosmografía hindú recuerda tanto a la descripción de la Atlántida de Platón? En ambos casos encontramos un centro sagrado rodeado por tierras y aguas dispuestas en círculos concéntricos. ¿Se trata de una simple coincidencia, de un arquetipo simbólico común o del recuerdo de una tradición mucho más antigua?

El Monte Meru - La Isla Sagrada III

En la serie de artículos que hemos comenzado (ver enlaces más abajo), hemos intentado desarrollar una serie de ideas encadenadas en torno a los mitos de la Isla Sagrada, la Isla Imperecedera y el Centro, según los conceptos tradicionales. También hemos analizado estas mismas ideas en relación con el simbolismo del Paraíso, tal como aparece en la Biblia.

Si el Centro, como esquema fundamental, aparece repetidamente en las tradiciones humanas, ¿estamos ante una simple coincidencia mitológica o ante la expresión de un arquetipo universal.

Hemos visto que estos conceptos, aunque diferentes entre sí, pueden aparecer vinculados y asumir significados diversos: geológico-históricos, míticos, religiosos y simbólicos.

Cabe preguntarse cuál es la utilidad o el significado de estos estudios, especialmente en momentos tan críticos como los que vivimos, cuando la humanidad corre el riesgo de perderse de nuevo en conflictos interminables.

Cada uno de nosotros, desde un punto de vista personal, trata a lo largo de su vida de recoger principios que le den sentido. Al mismo tiempo, como el mundo que nos rodea también influye en nuestras opiniones y decisiones, queremos entender qué mecanismos han guiado hasta ahora a la humanidad. En otras palabras, tanto en lo individual como en lo colectivo, queremos saber quién soy o quiénes somos; de dónde vengo o venimos, y hacia dónde voy o vamos.

¿Y en qué confiar? ¿En qué asentar mis creencias, si quienes saben niegan a los otros, que también saben? Entonces solo me quedan dos herramientas. En el plano personal, la búsqueda de la sabiduría; es decir, aprender a vivir de la mejor manera, no en el plano material, sino como un ser verdaderamente humano, con todos mis defectos, pero con la certeza de que puedo mejorar.

Por otro lado, fuera de mí, puedo confiar en el estudio comparativo: recoger lo que dicen las religiones y cuentan las tradiciones, las opiniones de las personas más sabias y lo que la historia humana conserva en sus diversas fuentes. Y, como una especie de Sherlock Holmes, investigar: seguir los vestigios, las señales, a veces casi secretas, que pueden conducirnos hacia alguna forma de verdad. No a una verdad absoluta, porque en este mundo nada lo es, sino a una verdad quizá parcial, pero válida para el momento en que me encuentro. Así podré proseguir el camino que la vida pone ante mí, con cierta certidumbre acerca de la dirección que debo tomar.

Por tanto, querido y paciente lector, permíteme proseguir con este estudio comparativo. Las muchas voces del pasado, los símbolos y las creencias universales son nuestra mejor guía para acercarnos a la verdad. No creas a nadie a ciegas, pero escucha a todos: como aquel investigador de novelas, quizá encontremos alguna verdad que llevarnos al alma.

Y quizá sea precisamente en torno a la idea del Centro donde estas antiguas imágenes comiencen a revelar una estructura común. El Centro puede ser, como ya hemos visto, una isla, una montaña, un jardín, una ciudad sagrada o un lugar situado más allá del mundo conocido. Cambian los nombres y las formas, pero permanece una misma intuición: existe un lugar que no es simplemente un punto geográfico, sino el lugar desde el cual el mundo adquiere orden y sentido. En la tradición de la India, una de las expresiones más poderosas de esta idea es la del Monte Meru.

El Monte Meru

Generalmente, en casi todas las civilizaciones, encontramos uno o varios lugares sagrados asociados a montañas o colinas sagradas. Desde las leyendas artúricas y su Monsalvat hasta las grandes construcciones sagradas de los egipcios, las pirámides, cuyo nombre egipcio "mer" se refería precisamente al "lugar de ascenso". Curiosamente en la India el "lugar alto", la "altura primordial", se denomina Meru.

Esta es quizá la clave general, todos esos templos sagrados de la antigüedad son expresiones del Centro mítico, y al mismo tiempo son el lugar de ascenso, de conexión con lo superior.

También encontramos esta idea en Jerusalén. Según la tradición islámica, Mahoma inició desde el lugar ocupado hoy por la Cúpula de la Roca su ascensión (Mi'raj) a los cielos.

Para la tradición judía, ese mismo espacio posee una importancia extraordinaria: el Monte del Templo está asociado al lugar del Santo de los Santos y a la Piedra Fundacional, considerada en determinadas tradiciones como el punto a partir del cual se inició la creación y sobre el que se establecía la conexión entre el mundo terrestre y el divino.

Se repite cada vez el mismo patrón, un determinado lugar en la Tierra que se convierte en el Centro desde el cual se establece una relación con lo alto.

Quizá no sea casual que este simbolismo se encuentre tan profundamente arraigado en nuestra imaginación. Construimos templos en lugares elevados, levantamos torres y cúpulas hacia el cielo y, cuando dirigimos una oración hacia lo divino, con frecuencia elevamos también nuestra mirada.

En la tradición hindú y budista de la India, el mundo se organiza precisamente alrededor del monte Meru —la «montaña» o «altura»—, llamado también Sumeru, «la Montaña Sublime». La mitología y la simbología que lo acompañan son demasiado complejas como para hacer aquí un análisis exhaustivo. No obstante, podemos intentar sintetizar en unas pocas ideas sus significados fundamentales.

Según las descripciones tradicionales, existen siete continentes o dvīpas —continentes-islas— dispuestos concéntricamente alrededor del monte Meru, y cada uno de ellos está circundado por un océano. El continente central es el único que está rodeado por las aguas saladas de un océano. Este detalle es importante, porque en determinadas interpretaciones se relaciona con la Tierra propiamente dicha. Se denomina Jambudvīpa.


Pero Jambu es también el nombre de un gigantesco árbol mítico situado en el centro, cuyas ramas y frutos aparecen relacionados, según determinadas versiones, con siete grandes ríos sagrados. Más adelante volveremos sobre este detalle, porque encontraremos en él una interesante correspondencia con el ser humano.

Los otros seis continentes-islas se disponen alrededor, separados entre sí por océanos de naturaleza simbólica. Así encontramos Plakṣadvīpa, rodeado por un mar de azúcar; Śālmaladvīpa, circundado por un océano de vino; Kuśadvīpa, por un océano de mantequilla clarificada; Krauñcadvīpa, por un océano de leche cuajada; Śākadvīpa, por un océano de leche; y, finalmente, Puṣkaradvīpa, rodeado por agua dulce.

Resulta evidente que no estamos ante una descripción geográfica convencional. La propia naturaleza de estos océanos —azúcar, vino, mantequilla, leche cuajada, leche y agua dulce— nos advierte de que estamos entrando en un lenguaje simbólico.

De hecho, cabría preguntarse si las descripciones sobre Poseidonis, el último resto del continente atlante, hacen referencia también a la geografía mítica hindú. Sabemos que Platón recurre a esta leyenda sobre Poseidonis para poder hablar indirectamente sobre la Atlántida. Los conocimientos sobre geografía sagrada eran considerados secretos, solo accesible durante las iniciaciones. Así Platón nos comunica una tradición con palabras veladas. Además, hay que tener en cuenta que la representación de Jambudvīpa que se suele hacer, como la que aquí presentamos, esotéricamente no corresponde a la realidad, porque de los los 7 continentes representados, dos de ellos, , todavía no han aparecido: Śākadvīpa y Puṣkaradvīpa. En realidad solo serían 5. En todo caso, llama la atención estas dos descripciones, de Poseidonis y de los 7 continentes, que además de ser peculiares tienen una extraordinaria semejanza y algunas resonancias míticas.


Las diferentes tradiciones tampoco presentan una imagen completamente uniforme del monte Meru. Algunos textos puránicos lo relacionan con la región del polo norte; otros lo presentan como el centro del primer continente que aparece después de la consolidación de la Tierra. En el Sūrya Siddhānta, por otra parte, encontramos una concepción en la que Meru atraviesa simbólicamente el eje de la Tierra, elevándose hacia el polo norte como montaña de los dioses y prolongándose hacia el sur como una región asociada a las potencias inferiores o demoníacas.

Si añadimos a esto las enormes dimensiones que determinadas tradiciones atribuyen al monte Meru —hasta 450.000 kilómetros de altura en algunas interpretaciones—, cuando el diámetro polar de la Tierra es de unos 12.714 kilómetros, la desproporción resulta tan extraordinaria que difícilmente puede interpretarse como una descripción física ordinaria. El simbolismo numérico vuelve a adquirir aquí una importancia particular: 450 contiene nuevamente la cifra 9, número que aparece repetidamente asociado a determinadas estructuras simbólicas de la cosmología tradicional.

Todo el conjunto parece estar construido deliberadamente como un lenguaje simbólico: los siete continentes, su disposición concéntrica, los océanos de naturaleza extraordinaria, el monte situado en el centro, su proyección hacia las regiones celestes y su correspondencia con las regiones inferiores.

A pesar de de ello, hasta hoy día no han cesado las especulaciones acerca de su posible localización física. Hay quienes creen que se trata del monte Kailasa, otros que su altura indica en realidad un parámetro para su localización, etc.

Pero ¿qué representa realmente este Centro?

H. P. Blavatsky nos proporciona una pista particularmente significativa:

«El Polo Norte, el país del «Meru», es la séptima división, por corresponder al Séptimo Principio (o cuarto metafísicamente) del cálculo oculto, pues representa la región de Âtma, del alma y de la Espiritualidad puras». (La Doctrina Secreta ed. español, II, 403).

Aquí aparece una clave fundamental. El «país de Meru» deja de ser exclusivamente una región de la cosmografía tradicional y adquiere una correspondencia directa con el ser humano. Meru, asociado al séptimo principio, Ātman, pasa a representar la región superior de la constitución humana: aquello que trasciende los niveles inferiores de la conciencia.

La correspondencia resulta especialmente interesante porque las tradiciones sitúan también las raíces de Meru en el centro del mundo, en relación con el eje terrestre. De este modo, volvemos a encontrar la misma estructura que ya habíamos observado al hablar de la Isla Imperecedera.

En otras palabras, el simbolismo del Monte Meru, está relacionado de manera íntima con el ser humano, con el Centro simbólico del ser humano, y también con el Centro Mítico y Místico de la Tierra: la Isla Blanca, o Nevada, "Sveta-dwipa":

El Centro aparece simultáneamente en tres planos.

  • Existe un Centro cósmico, alrededor del cual se ordena el universo, del que todavía no hemos hablado.

  • Existe un Centro terrestre, representado por la región primordial, la Isla Sagrada o Imperecedera, que ya hemos descrito.

  • Y existe finalmente un Centro humano, que corresponde al eje interior alrededor del cual se organiza la conciencia, del que hablaremos en la próxima entrega.

El Monte Meru sería, por tanto, algo más que una montaña. Es la imagen vertical de ese Centro: el eje que une los diferentes planos de existencia.

Comienza a hacerse visible estructuras simbólicas más complejas, dentro del propio ser humano, en el Centro Mítico Espiritual, e incluso en los planos superiores de los que la humanidad depende.

Pero eso quedará para la próxima entrega.

Continuará

Próximo artículo: Sveta-Dvipa, Antaskarana, Shukra y Venus, los Manasaputras.

Enlaces a los artículos previos de esta serie:

La Isla Sagrada y la Isla Imperecedera - I

La Isla Imperecedera II - La Deriva Continental

¿Cómo era la Tierra hace 300 millones de años? - La Isla Imperecedera III

La Isla Sagrada II - el Axis Mundi

El Arquetipo del Centro , la Isla Sagrada y el Paraíso


El Monte Meru - La Isla Sagrada III

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