El Arquetipo del Centro, la Isla Sagrada y el Paraíso
El arquetipo del Centro y la Isla Sagrada se relaciona también con la existencia de una época, un lugar o un estado primordial: un paraíso, un espacio donde todo era posible y al que quizá pudiera retornarse míticamente.
Este Centro se identifica asimismo con un lugar acotado, sagrado, santificado. La palabra paraíso, de origen persa antiguo y relacionada con la tradición zoroástrica, designa precisamente un lugar cercado: un jardín entre muros, un recinto delimitado.
En los mitos bíblicos, este lugar es visitado por una divinidad, uno de los siete Elohim de la tradición bíblica. La aparición del ser humano es el resultado de la tierra y el agua, es decir, del barro, al que se insufla el aliento vital, neshamah, y no el espíritu, que corresponde a ruach. Se trata de un primer proyecto de ser humano, inocente y desprovisto de conocimiento: un ser dotado de una inteligencia todavía elemental y, aparentemente, desprovisto de sexo. No era todavía hombre ni mujer.
En una segunda etapa, los Arquitectos del ser humano, según la lectura exotérica de la Biblia, le proporcionan una compañera. De aquí se deriva todo un entramado teológico y social, porque el «hombre» pasa a considerarse lo primario, mientras que la «mujer» aparece como algo derivado.
Sin embargo, esta no es necesariamente la única lectura que permite el texto. Eva —o Heva, la madre de los seres— no fue hecha de una «costilla de Adán», como se nos enseñó durante siglos. La propia anatomía humana demuestra que el hombre no tiene una costilla menos que la mujer, a pesar de aquella antigua enseñanza que muchos aprendimos en el colegio.
El texto hebreo habla más bien de una separación o división a partir del tsela (צֵלָע), término que puede significar «costado» o «lado». Desde esta perspectiva, del Adán primordial, dividido por su costado, surgirían Eva, el "Adán femenino", y por otro lado el Adán masculino. Es decir ambos sexos constituyen el segundo Adán, o Humanidad, pero ahora dividida en sexos.
Y hay otro detalle significativo. Según el relato bíblico, Dios les proporcionó también unas vestiduras. En la interpretación que aquí nos interesa, la palabra utilizada puede relacionarse con la idea de piel (עֹור,ʿor),pero también significa "luz", de modo que aquel ser humano, todavía casi una entelequia luminosa, se va materializando progresivamente y adquiere una envoltura externa que rodea su cuerpo: la piel, es decir la adquisición de corporeidad física.
Esta humanidad, ahora dividida en sexos separados, necesitaba albergar una inteligencia superior, propiamente humana. Y aquí aparece la Serpiente, que en esta lectura no es simplemente la tentadora, sino la que propone de una apertura de la conciencia. La manzana —convertida posteriormente en símbolo del conocimiento y de la sabiduría— aparece junto al Árbol del Conocimiento.
La tradición esotérica, precisamente habla de un descenso gradual del ser humano, desde un estado semietéreo hasta un estado físico, y también describe la división de los sexos de manera progresiva también. Esta misma explicación la encontramos en el llamado "Dulva" del Canon del Budismo Tibetano, donde se describe una humanidad celeste e inocente, que poco a poco desciende en grado de materialidad y de egoísmo.
No obstante, este descenso y posterior perdida del paraíso no tendría por qué interpretarse como un castigo, tal como propone la lectura religiosa exotérica, sino como una consecuencia kármica de las decisiones que condujeron a los seres humanos hacia la conquista de su propia inteligencia y de su espíritu. Es el camino en el que todavía nos encontramos.
Si algo merecieron nuestros primeros ancestros, no fue el título de «pecadores originales», sino quizá el de orgullosos, desafiantes y aventureros héroes que se lanzaron a la conquista de sí mismos y del conocimiento que, según la propia tradición, habría de hacerlos superiores incluso a los ángeles.
La salida del Centro en este caso percibida simbólicamente como la pérdida de un paraíso, de una infancia de la humanidad en la que caminaba junto a los dioses.
La expulsión del Paraíso era, desde esta perspectiva, una necesidad kármica: un alejamiento necesario del Centro para entrar en la experiencia humana. Era necesario nacer lejos de la protección primordial para adquirir experiencia, conciencia y, finalmente, la capacidad de regresar por nosotros mismos.
«Desciendan del Paraíso [y habiten la Tierra]», dice el Qur'an. El término árabe utilizado en el texto coránico para esta orden es ihbiṭū (اهْبِطُوا), que significa literalmente «descended», «bajad» o «descended desde un lugar elevado hacia otro inferior». El verbo habaṭa expresa precisamente la idea de descender, bajar desde un lugar elevado.
No obstante, nuestros heroicos padres fueron anatematizados, presentados como merecedores de todas las penalidades y enfermedades. Pero ¿se puede aprender algo sin abandonar alguna vez la protección de nuestros padres? ¿Acaso no hemos hecho todos lo mismo?
¿No hubo un momento de tu infancia en que comenzaste a guardar secretos, en que ocultaste ante tus padres algunos de tus pensamientos y de tus acciones? Ese es, simbólicamente, el momento que la Biblia describe cuando Dios busca al hombre y este ya no aparece, porque se ha escondido.
Pero también es el momento de la rebelión que hizo surgir el pensamiento libre: el primer paso del ser humano hacia la libertad plena y hacia la conquista del derecho a regresar a aquel Paraíso, al Centro del que surgió, pero ahora llevando consigo la experiencia, el conocimiento y la sabiduría adquiridos durante su largo viaje.
No se trata, por tanto, de regresar al Paraíso como el niño que nunca lo abandonó, sino de regresar como un ser humano plenamente consciente, capaz de entrar de nuevo en el Centro por sus propios medios. Un ser que ya no necesita la protección de los dioses porque ha aprendido a caminar junto a ellos.
Y quizá este sea el verdadero sentido de la antigua promesa: regresar al Centro, no para recuperar la inocencia perdida, sino para conquistar una sabiduría que nos permita superar incluso aquello que fuimos al principio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.