En esta segunda parte trataremos de determinar el orden en la secuencia de los tarots. Ciertas tradiciones, como la del tarot egipcio, contienen un orden completamente diferente al de la mayoría de los tarots existentes. Y este orden es importante, porque se refiere a una tradición que conecta el Tarot Egipcio con Egipto, posiblemente relacionado con la época ptolemáica, aunque readaptado en el los últimos siglos por grupos esoteristas ligados a los rosacruces y masones. Para ello debemos fijarnos en los signos astrológicos que aparecen en cada uno de las cartas del tarot.
El zodiaco sigue un orden bien conocido que comienza con Aries, continúa con Tauro, Géminis y los demás signos, y termina finalmente en el signo de Piscis. Este es el orden zodiacal habitual, asociado al ciclo anual del Sol. Así la Primavera, es decir, «prima-vera», marca el «verdadero comienzo» del ciclo anual, como ocurre en muchas tradiciones antiguas.
Sin embargo, en el marco de la interpretación simbólica que vamos a desarrollar, el recorrido en ciertas tradiciones se invierte.
El Camino Iniciático, al igual que sucede simbólicamente en los Doce trabajos de Hércules, representa un proceso de transformación interior que sigue un sentido distinto del habitual. Así, el primer símbolo de esta serie esotérica no sería Aries, sino Piscis, seguido de Acuario, Capricornio y los restantes signos, hasta culminar en Aries.
Esta inversión del recorrido no es un simple cambio de orden. En nuestra interpretación, expresa el tránsito del discípulo por las distintas etapas de su desarrollo interior. Para comprender por qué el camino comienza en Piscis, debemos detenernos en el simbolismo del agua y en su relación con los Ritos de Purificación.
En el antiguo Egipto, los sacerdotes realizaban abluciones rituales antes de acceder a determinados espacios sagrados. El agua desempeñaba así una función purificadora, comparable, en otro contexto religioso, a la que encontramos en el bautismo cristiano, y en las abluciones previas a la entrada a la mezquita en el Islam. El ingreso en el ámbito sagrado exigía una preparación previa: antes de penetrar en el templo, el oficiante debía purificarse.
En este contexto resulta significativo el término egipcio «uab», que designa al sacerdote puro o purificado, el primer paso en la escala sacerdotal. Su representación jeroglífica incluye signos relacionados con la purificación y el agua lustral. Esta asociación nos permite introducir una de las claves de nuestra lectura: el comienzo del camino iniciático comienza con la purificación, simbolizada por el paso por las aguas. ¿Y cuál es la razón para ello? En el simbolismo esotérico tradicional, el paso por las aguas significa volver al nacer, volver al seno materno, naciendo como un nuevo ser, el iniciado.
Desde esta perspectiva, podemos interpretar la entrada en el zodiaco esotérico a partir de Piscis, seguida de Acuario y Capricornio. Los tres signos se relacionan, de maneras diferentes, con el ámbito acuático en la lectura simbólica que proponemos. El paisaje de la bóveda celeste del norte contiene diversas constelaciones asociadas tradicionalmente con el agua: Cetus, el monstruo marino; Eridanus, el río; Piscis, los peces, y Piscis Austrinus, el pez austral. A ellas se suman las figuras zodiacales de Acuario y Capricornio, el monstruo que surge de las aguas o Makara en la India. Este sector zodiacal del norte participa de este conjunto de asociaciones acuáticas.
Ahora bien, esta lectura encuentra su paralelo simbólico en el llamado Zodiaco Circular de Denderah, conservado en el templo de Hathor. En las capillas situadas sobre la terraza del templo, dedicadas a los Misterios de Resurrección de Osiris —-con representaciones simbólicas iniciáticas— , es donde precisamente encontramos el famoso Zodiaco de Denderah, con una disposición espiral, al cual se le puede asignar otros significados, pero que evidentemente está íntimamente conectada, por su disposición oculta a los ojos profanos, a los misterios iniciáticos.
El Zodiaco ofrece una compleja representación del cielo en la que se combinan figuras zodiacales, constelaciones y divinidades egipcias. Su interpretación en relación con los Misterios de Osiris constituye uno de los puntos de partida de la lectura que vamos a exponer.
En esta representación podemos contemplar a Orión, identificado en nuestra interpretación con Osiris, como figura central de un recorrido iniciático. Lo acompaña el ave He-he, relacionada con la vida eterna. Emprende pues Osiris-Orión el itinerario sagrado en dirección hacia Piscis, continuando el recorrido a través de Acuario y Capricornio y prosigue siguiendo la disposición espiral de los signos. El recorrido culmina finalmente en el signo de Aries, situado cercano al centro simbólico del proceso.
De acuerdo con esta lectura, el orden del Tarot debe recorrerse en sentido inverso al orden zodiacal habitual: comenzando con la letra Z, correspondiente a Tzaddi, y terminando con la letra A, Aleph. La secuencia, por tanto, representa el tránsito desde la entrada y la purificación hasta la culminación del camino iniciático.
En el extremo final de este recorrido encontramos la figura de un chacal. Este se halla situado sobre un signo que identificamos con un arado o instrumento de labranza. ¿Cuál es el significado de este lugar tan importante o el Centro del Zodiaco de Denderah?
Como en toda la simbología egipcia, y como sucede también en muchos de los párrafos del Libro de los Muertos Egipcio, las palabras y los signos jeroglíficos usados poseen varios niveles de lectura, varios ángulos podríamos decir, todos ellos válidos y complementarios:
El jeroglífico del arado tenía el valor fonético de mer o mr, con la misma expresión fonética , se refería a tanto al arado, como al verbo amar, así como a la pirámide y su cúspide. La pirámide es la primera tierra seca o primer montículo que aparece sobre las aguas al comienzo de la creación.
En esta conexión es que podemos entender que una de las ceremonias del Antiguo Egipto más importantes, en relación con Osiris, fuese la de "abrir el surco con el arado", es decir abrir el paso a los misterios del ultramundo.
Así el chacal que está en el centro está así mismo en la cúspide de la pirámide iniciática, es decir, al final del camino iniciático. Este chacal es Anubis, o también Uapuaet, «el que abre los caminos» del más allá, siendo él mismo la Estrella Sirio, tan importante en la mitología egipcia, pues esta estrella era considerada el Sol Central de nuestro Sol, cuyo símbolo era precisamente el de un triángulo o pirámide junto a una estrella:
De este modo, este recorrido zodiacal adquiere un significado que trasciende la mera sucesión de los signos. El camino comienza con la purificación en "las aguas" y el ingreso en el ámbito sagrado, y avanza hacia su culminación simbólica en el Centro, en la Pirámide Celeste. Esta es la clave desde la que proponemos interpretar tanto el orden de los arcanos como las correspondencias astrológicas y egipcias que examinaremos a continuación.
Continuará







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